Un zahir apócrifo
Un zahir es :
Algo presente, vivido, que ocupa todo nuestro pensamiento, y que nos lleva sin saberlo, ni quererlo, hacia la santidad o a la locura
He decidido asistir a esa reunión, quiero conocer a ese narrador del que todo San Isidro habla, tengo además ese único pensamiento en mi cabeza, el abandono de mi esposo, su recuerdo es tan fuerte que como un zahir me trae hasta el lugar.
Ingreso a la sala, es una asociación de jubilados suburbana, cercano a la Avenida Fleming, a unas cuadras del Hipódromo, un cartel de cerámica en la puerta indica el nombre, entro a una gran salón, un galpón parabólico al que le han bajado el techo con placas de fibra de vidrio, un tablado pequeño en un extremo, al lado una especie de cuartito vidriado donde en otros momentos se podrá encontrar a un operador manejando una consola.
Observo a mi alrededor la variedad de personas, sus ropas coloridas, la gente comienza a guardar un silencio respetuoso y aparece él: Alto, de cabello ondulado, comienza su discurso con una voz potente, está encantado con la convocatoria y que comenzará a contar una historia antigua sobre otros tiempos.
Es el mismo narrador que hace unos meses ha convencido al presidente del club para que lo deje presentarse allí una vez por semana. Le ha dicho que en su país hay un espectáculo en el cual la gente habla de su vida y eso los tranquiliza.
El principio fue duro, porque no muchos participaban del juego, pero se fueron entusiasmando, después de beber un poco aparecieron los primeros colaboradores, la historia corre por el barrio, se inicia un boca a boca, en la puerta hay un cartel que dice :
“Los esperamos para contar su historia “, y la gente sedienta con nuevas necesidades, con esas ansias de descarga de emociones, comienza a poblar el Centro.
Unos músicos aficionados se prestan para acompañarlo, hay instrumentos de percusión en la reunión y se nota euforia. El salón de la Asociación queda pequeño, porque la gente siente más coraje y alivio cuando cuenta sus historias.
Son tocados por la energía mientras cuentan o escuchan, sienten que allí empiezan cambias importantes, que comparten con otros las tribulaciones y la tristeza desaparece de sus vidas, las aventuras recomienzan, el amor se hace más nítido, los cambios son mas aceptados, y recomiendan a otros amigos las reuniones.
El narrador continua hablando con esa voz grave y respetuosa que parece no ser suya, la noche comienza y arranca con un poema que los músicos acompañan también con algunos acordes :
“A pesar de la sala sucia y oscura, de gentes y de lámparas luminosas. Si quiere ver la vida color de rosa, eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa, que frunce de promesas la boca impura. Eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata amigo, la vida es dura. Y ya que usted no tiene hogar ni esposa, eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa.
Y no se inmute amigo, la vida es dura, con la filosofía poco se goza. Eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa”.
El narrador sigue diciendo, “Recuerden que cuando contamos nuestras cosas, trasladamos una energía que sube hasta el cielo y vuelve con toda esa fuerza hacia nosotros, como si fuera ese agua que evapora de los ríos, ella se transforma en nube y regresa bajo la forma de una lluvia, no es fácil, salvo en el poema ver a la vida color de rosa. El joven con acento eslavo dice con voz fuerte.
- Como hacemos habitualmente escuchamos una historia de amor y contamos nuestras historias de desamor. Vamos ahondando en nuestros recuerdos, y entendiendo algo que está más abajo: notamos nuestras manías, nuestros errores, y cuando conseguimos entrar en esa capa, como si fuera una hermosa cebolla que pelamos, allí somos capaces de animarnos a ser nosotros mismos.
- ¿ Alguien está dispuesto a empezar ?
Se levantan varias manos, el señala a una mujer hermosa, de pelo largo y lacio, de ojos claros, alta, elegante, ella comienza :
Hace diez días fui hasta Azul a visitar a un amigo que vive solo, era un antiguo condiscípulo con el habíamos hecho muchas materias juntas. Un hedonista que adora los placeres de la vida y que más de una vez ha expresado que el está dispuesto siempre a aprovechar cada momento.
Desde el principio a mi marido no le gustó la idea: nunca le había gustado, intuía como era él, que su deporte favorito es seducir mujeres. Pero yo necesitaba hablar con ese amigo, sentía que solo él podría aconsejarme en ese tema. Mi marido me sugirió otras cosas. Me ofreció un viaje, sesiones de terapia. Fue dura la discusión, hubo aprietes a través de terceros.
Pero me mantuve en mis trece, hice el viaje. Mi amigo fue a buscarme a la Terminal, hablamos por la tarde, cenamos, bebimos, seguimos la conversación un poco más y me acosté. Me levanté a la mañana siguiente, anduvimos por la región y volvió a dejarme en la Terminal de micros.
Antes de llegar a casa y por el celular comenzaron las preguntas
- ¿ Había alguien con el ?, - No.
- Bebieron, cenaron ? - Si
- Te gustó estar con él ?-Sí por supuesto
- Contame todo detalladamente, ¿ Crees que voy a creer esa historia ¿ Que nada paso en esa noche ? - Si, es así, tenés que creerlo porque es la verdad, somos amigos de hace mucho tiempo.
- No puedo creerlo porque es inverosímil: un hombre y una mujer, no pueden ser amigos, si están juntos, si beben juntos, si comparten cosas íntimas, terminan acostados en una cama.
Estoy de acuerdo con mi marido, va contra lo que nos trasmitieron ¡ pero es la pura verdad ¡. Desde entonces nuestra convivencia se ha vuelto difícil. Quizás pase, pero es una privación casi inútil. Todo por eso que nos han enseñado, yo quiero a mi esposo, pero me han enseñado que un hombre y una mujer que se admiran terminan en la cama.
Hay estupor en los presentes algunas mujeres aplauden, cigarrillos que se encienden, ruidos de botellas y vasos. Ahora otra persona comienza a hablar.
“ Soy el esposo- grita un señor que parece tener diez años más que la mujer que ha contado -. Quizás yo deba pensar que lo dice es cierto. Pero voy a expresar cosas que ella no sabe. Cosas de mi intimidad que voy a contarlas.
Cuando ella se fue, yo quede bastante preocupado, empecé a imaginar, con lujo de detalles la escena que estaba pasando. Ella llega, se quita el sacón negro, sus formas se delinean sobre su blusa casi trasparente y su amigo la mira.
Ella intenta no darse cuenta de su mirada. Dice que va a la cocina a buscar bebida. Pasa cerca de él con su andar seductor, sabe que él la observa de pies a cabeza. Vuelve, hablan de esos temas íntimos, y eso les da a los dos una cierta confianza, se sienten cómplices uno con el otro.
Agotan el tema que la trajo, suena el teléfono móvil. He decidido llamar para saber como está todo. Ella se acerca a él, pone el móvil en manos libres, ambos escuchan mi conversación, una conversación delicada, no estoy interesado en hacer cualquier tipo de presión. Simulo no estar preocupado, le sugiero que aproveche su fin de semana en el campo, después deberá volver a la rutina, los niños, la casa y cuelgo.
Cuando apoyé el teléfono sobre la mesa, ya estaba seguro que el había escuchado toda nuestra conversación, y que ahora los dos estarían muy juntos, quizás sobre un mismo sofá.
Dejé de pensar lo que sucedía allá, pero ya ese pensamiento me había excitado mucho, muchísimo. Suponía, y no me afectaba, que mi mujer podía estar besando a otro hombre, haciendo el amor con él.
Me sentí mal, me noté excitado, esa noche llamé por separado a dos amigos y después les pregunté si en algún momento algo similar les había parecido excitante saber algo así de su esposa. Ambos dijeron que en algún momento les gustó notar que su mujer es deseada por otro, cuando sorprenden la mirada de otro hombre en el escote de su mujer. Pero no fueron más allá de eso. ¿Será esa una fantasía secreta escondida en la intimidad de todos los hombres? No sé pensar distinto, solo conozco mis reacciones y no me gustan demasiado, pero son así.
También sé que nuestra semana ha sido un infierno porque yo mismo no entiendo mis sentimientos, y como no los entiendo, pienso que es ella, con sus caprichos, la culpable de desestabilizar mi mundo.
Ahora no hubo aplausos, solo se encendieron cigarrillos, era evidentemente un tema tabú, recuerdo que esta vez levanté la mano para contar algo.
“ Un hombre consiguió un libro donde se indicaba el lugar donde se encontraba la piedra filosofal, esa piedra que acercándola a metales los transformaba en oro.
El libro contaba que estaba en el lecho de un río, pero siendo igual a otras había que tomarla y su temperatura mayor indicaba que era esa piedra, la mano debía notar esa temperatura mayor, aunque no fácilmente, porque salía del agua fría .
El hombre planteó una manera, tomaba piedras, esperaba un tiempo, y las arrojaba a un pozo de una profundidad casi infinita, así pasaron los años y el buscando, tratando de sentir la temperatura que se mezclaba con el frío del agua del río. Un día la encontró, pero todo fue tan mecánico que la arrojó también al pozo sin darse cuenta “.
¿Pero que tiene que ver esto con el matrimonio?. Tiene que ver, porque en nuestra relación muchas veces sentimos que esa forma rutinaria traiciona la esencia de nuestros primeros tiempos, pero hacer la búsqueda de esa piedra de manera distinta es ir contra las reglas.
No dejen que el amor disminuya sin preocuparse, sin plantear otras fórmulas en el medio. Por eso después de los primeros años mantengan la misma funcionalidad porque el orden natural, el que mantiene la supervivencia de la especie debe continuar. Nos han dicho siempre que no debemos cambiar, que es peligroso.
Vivir juntos no es fácil, porque es necesario alcanzar objetivos, metas, aceptar esos cambios dinámicos de la vida. Se alcanza solo cuando el otro no es sentido como otro sino como yo, cuando se siente que entre los dos ha aparecido un puente que les permite a ambos ser uno para los otros.
Se consigue solo cuando yo estoy dispuesto a aceptar mi momento presente y moverme en el, encontrándole la perfección más profunda, esa que se encuentra libre del efecto del tiempo.
El resto es continuar pensando en el que dirán de los vecinos, es preocuparse por mostrar que son felices y no comen perdices, sino que hacen asadito de los domingos, es sonreír solo para las fotos, es adornar el escritorio con fotos familiares para que los compañeros las vean.
Por favor no miren ni invadan el huerto del vecino, eso puede significar, crisis, peleas, divorcios.
Hagan deporte, tomen agua pura, y cuando el deporte no alcance para mejorar sus apariencias no se olviden de la cirugía plástica, de las soluciones ortopédicas, y nunca olviden esas reglas que se establecieron en su momento porque siendo estáticas hay que respetarlas. ¿Sabemos quién estableció esas reglas?. No, eso no tiene la menor importancia, nunca hagan este tipo de preguntas, porque las reglas tendrán vigencia siempre.
Siempre creí que la felicidad dependía de las cosas que me sucedían, sin darme cuenta que los sucesos son las cosas más inestables del universo, porque cambian continuamente, se modifican, son absolutamente volátiles.
Escuché los aplausos generados, los ruidos de vasos y botellas y quedé pensando en mi historia, ¿Cuándo fue que mi amor se perdió?. Sentí que había sido exactamente cuando empezamos a establecer las reglas para que se manifestara, recordé a Esteban y nuestros días felices, entendí que todas las cosas importantes las habíamos conversado sin conservar las reglas, en forma irregular, sin importarnos nada más que nosotros.
Me di cuenta en ese momento que podía todavía dar batalla, con él o sin él, que nadie está solo en sus tribulaciones, siempre hay alguien más alegrándose o sufriendo de la misma manera.
Me estoy yendo del lugar, estoy en un suburbio de San Isidro y quiero contactar un remise. Enuncio un propósito en voz alta mientras tiro una moneda en la fuente de la salida, quiero volverme a enamorar, quizás sea de mi esposo, quizás todo cambie y yo también.
Ahora observo a la distancia esa reunión, ella continua en mi pensamiento, con sus danzas, con sus intimidades, con su original diálogo. Con el tiempo supe que era el comienzo para recuperar un amor que ese día, que a esa hora, como un apócrifo zahir me turbaba.
Algo presente, vivido, que ocupa todo nuestro pensamiento, y que nos lleva sin saberlo, ni quererlo, hacia la santidad o a la locura
He decidido asistir a esa reunión, quiero conocer a ese narrador del que todo San Isidro habla, tengo además ese único pensamiento en mi cabeza, el abandono de mi esposo, su recuerdo es tan fuerte que como un zahir me trae hasta el lugar.
Ingreso a la sala, es una asociación de jubilados suburbana, cercano a la Avenida Fleming, a unas cuadras del Hipódromo, un cartel de cerámica en la puerta indica el nombre, entro a una gran salón, un galpón parabólico al que le han bajado el techo con placas de fibra de vidrio, un tablado pequeño en un extremo, al lado una especie de cuartito vidriado donde en otros momentos se podrá encontrar a un operador manejando una consola.
Observo a mi alrededor la variedad de personas, sus ropas coloridas, la gente comienza a guardar un silencio respetuoso y aparece él: Alto, de cabello ondulado, comienza su discurso con una voz potente, está encantado con la convocatoria y que comenzará a contar una historia antigua sobre otros tiempos.
Es el mismo narrador que hace unos meses ha convencido al presidente del club para que lo deje presentarse allí una vez por semana. Le ha dicho que en su país hay un espectáculo en el cual la gente habla de su vida y eso los tranquiliza.
El principio fue duro, porque no muchos participaban del juego, pero se fueron entusiasmando, después de beber un poco aparecieron los primeros colaboradores, la historia corre por el barrio, se inicia un boca a boca, en la puerta hay un cartel que dice :
“Los esperamos para contar su historia “, y la gente sedienta con nuevas necesidades, con esas ansias de descarga de emociones, comienza a poblar el Centro.
Unos músicos aficionados se prestan para acompañarlo, hay instrumentos de percusión en la reunión y se nota euforia. El salón de la Asociación queda pequeño, porque la gente siente más coraje y alivio cuando cuenta sus historias.
Son tocados por la energía mientras cuentan o escuchan, sienten que allí empiezan cambias importantes, que comparten con otros las tribulaciones y la tristeza desaparece de sus vidas, las aventuras recomienzan, el amor se hace más nítido, los cambios son mas aceptados, y recomiendan a otros amigos las reuniones.
El narrador continua hablando con esa voz grave y respetuosa que parece no ser suya, la noche comienza y arranca con un poema que los músicos acompañan también con algunos acordes :
“A pesar de la sala sucia y oscura, de gentes y de lámparas luminosas. Si quiere ver la vida color de rosa, eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa, que frunce de promesas la boca impura. Eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata amigo, la vida es dura. Y ya que usted no tiene hogar ni esposa, eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa.
Y no se inmute amigo, la vida es dura, con la filosofía poco se goza. Eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa”.
El narrador sigue diciendo, “Recuerden que cuando contamos nuestras cosas, trasladamos una energía que sube hasta el cielo y vuelve con toda esa fuerza hacia nosotros, como si fuera ese agua que evapora de los ríos, ella se transforma en nube y regresa bajo la forma de una lluvia, no es fácil, salvo en el poema ver a la vida color de rosa. El joven con acento eslavo dice con voz fuerte.
- Como hacemos habitualmente escuchamos una historia de amor y contamos nuestras historias de desamor. Vamos ahondando en nuestros recuerdos, y entendiendo algo que está más abajo: notamos nuestras manías, nuestros errores, y cuando conseguimos entrar en esa capa, como si fuera una hermosa cebolla que pelamos, allí somos capaces de animarnos a ser nosotros mismos.
- ¿ Alguien está dispuesto a empezar ?
Se levantan varias manos, el señala a una mujer hermosa, de pelo largo y lacio, de ojos claros, alta, elegante, ella comienza :
Hace diez días fui hasta Azul a visitar a un amigo que vive solo, era un antiguo condiscípulo con el habíamos hecho muchas materias juntas. Un hedonista que adora los placeres de la vida y que más de una vez ha expresado que el está dispuesto siempre a aprovechar cada momento.
Desde el principio a mi marido no le gustó la idea: nunca le había gustado, intuía como era él, que su deporte favorito es seducir mujeres. Pero yo necesitaba hablar con ese amigo, sentía que solo él podría aconsejarme en ese tema. Mi marido me sugirió otras cosas. Me ofreció un viaje, sesiones de terapia. Fue dura la discusión, hubo aprietes a través de terceros.
Pero me mantuve en mis trece, hice el viaje. Mi amigo fue a buscarme a la Terminal, hablamos por la tarde, cenamos, bebimos, seguimos la conversación un poco más y me acosté. Me levanté a la mañana siguiente, anduvimos por la región y volvió a dejarme en la Terminal de micros.
Antes de llegar a casa y por el celular comenzaron las preguntas
- ¿ Había alguien con el ?, - No.
- Bebieron, cenaron ? - Si
- Te gustó estar con él ?-Sí por supuesto
- Contame todo detalladamente, ¿ Crees que voy a creer esa historia ¿ Que nada paso en esa noche ? - Si, es así, tenés que creerlo porque es la verdad, somos amigos de hace mucho tiempo.
- No puedo creerlo porque es inverosímil: un hombre y una mujer, no pueden ser amigos, si están juntos, si beben juntos, si comparten cosas íntimas, terminan acostados en una cama.
Estoy de acuerdo con mi marido, va contra lo que nos trasmitieron ¡ pero es la pura verdad ¡. Desde entonces nuestra convivencia se ha vuelto difícil. Quizás pase, pero es una privación casi inútil. Todo por eso que nos han enseñado, yo quiero a mi esposo, pero me han enseñado que un hombre y una mujer que se admiran terminan en la cama.
Hay estupor en los presentes algunas mujeres aplauden, cigarrillos que se encienden, ruidos de botellas y vasos. Ahora otra persona comienza a hablar.
“ Soy el esposo- grita un señor que parece tener diez años más que la mujer que ha contado -. Quizás yo deba pensar que lo dice es cierto. Pero voy a expresar cosas que ella no sabe. Cosas de mi intimidad que voy a contarlas.
Cuando ella se fue, yo quede bastante preocupado, empecé a imaginar, con lujo de detalles la escena que estaba pasando. Ella llega, se quita el sacón negro, sus formas se delinean sobre su blusa casi trasparente y su amigo la mira.
Ella intenta no darse cuenta de su mirada. Dice que va a la cocina a buscar bebida. Pasa cerca de él con su andar seductor, sabe que él la observa de pies a cabeza. Vuelve, hablan de esos temas íntimos, y eso les da a los dos una cierta confianza, se sienten cómplices uno con el otro.
Agotan el tema que la trajo, suena el teléfono móvil. He decidido llamar para saber como está todo. Ella se acerca a él, pone el móvil en manos libres, ambos escuchan mi conversación, una conversación delicada, no estoy interesado en hacer cualquier tipo de presión. Simulo no estar preocupado, le sugiero que aproveche su fin de semana en el campo, después deberá volver a la rutina, los niños, la casa y cuelgo.
Cuando apoyé el teléfono sobre la mesa, ya estaba seguro que el había escuchado toda nuestra conversación, y que ahora los dos estarían muy juntos, quizás sobre un mismo sofá.
Dejé de pensar lo que sucedía allá, pero ya ese pensamiento me había excitado mucho, muchísimo. Suponía, y no me afectaba, que mi mujer podía estar besando a otro hombre, haciendo el amor con él.
Me sentí mal, me noté excitado, esa noche llamé por separado a dos amigos y después les pregunté si en algún momento algo similar les había parecido excitante saber algo así de su esposa. Ambos dijeron que en algún momento les gustó notar que su mujer es deseada por otro, cuando sorprenden la mirada de otro hombre en el escote de su mujer. Pero no fueron más allá de eso. ¿Será esa una fantasía secreta escondida en la intimidad de todos los hombres? No sé pensar distinto, solo conozco mis reacciones y no me gustan demasiado, pero son así.
También sé que nuestra semana ha sido un infierno porque yo mismo no entiendo mis sentimientos, y como no los entiendo, pienso que es ella, con sus caprichos, la culpable de desestabilizar mi mundo.
Ahora no hubo aplausos, solo se encendieron cigarrillos, era evidentemente un tema tabú, recuerdo que esta vez levanté la mano para contar algo.
“ Un hombre consiguió un libro donde se indicaba el lugar donde se encontraba la piedra filosofal, esa piedra que acercándola a metales los transformaba en oro.
El libro contaba que estaba en el lecho de un río, pero siendo igual a otras había que tomarla y su temperatura mayor indicaba que era esa piedra, la mano debía notar esa temperatura mayor, aunque no fácilmente, porque salía del agua fría .
El hombre planteó una manera, tomaba piedras, esperaba un tiempo, y las arrojaba a un pozo de una profundidad casi infinita, así pasaron los años y el buscando, tratando de sentir la temperatura que se mezclaba con el frío del agua del río. Un día la encontró, pero todo fue tan mecánico que la arrojó también al pozo sin darse cuenta “.
¿Pero que tiene que ver esto con el matrimonio?. Tiene que ver, porque en nuestra relación muchas veces sentimos que esa forma rutinaria traiciona la esencia de nuestros primeros tiempos, pero hacer la búsqueda de esa piedra de manera distinta es ir contra las reglas.
No dejen que el amor disminuya sin preocuparse, sin plantear otras fórmulas en el medio. Por eso después de los primeros años mantengan la misma funcionalidad porque el orden natural, el que mantiene la supervivencia de la especie debe continuar. Nos han dicho siempre que no debemos cambiar, que es peligroso.
Vivir juntos no es fácil, porque es necesario alcanzar objetivos, metas, aceptar esos cambios dinámicos de la vida. Se alcanza solo cuando el otro no es sentido como otro sino como yo, cuando se siente que entre los dos ha aparecido un puente que les permite a ambos ser uno para los otros.
Se consigue solo cuando yo estoy dispuesto a aceptar mi momento presente y moverme en el, encontrándole la perfección más profunda, esa que se encuentra libre del efecto del tiempo.
El resto es continuar pensando en el que dirán de los vecinos, es preocuparse por mostrar que son felices y no comen perdices, sino que hacen asadito de los domingos, es sonreír solo para las fotos, es adornar el escritorio con fotos familiares para que los compañeros las vean.
Por favor no miren ni invadan el huerto del vecino, eso puede significar, crisis, peleas, divorcios.
Hagan deporte, tomen agua pura, y cuando el deporte no alcance para mejorar sus apariencias no se olviden de la cirugía plástica, de las soluciones ortopédicas, y nunca olviden esas reglas que se establecieron en su momento porque siendo estáticas hay que respetarlas. ¿Sabemos quién estableció esas reglas?. No, eso no tiene la menor importancia, nunca hagan este tipo de preguntas, porque las reglas tendrán vigencia siempre.
Siempre creí que la felicidad dependía de las cosas que me sucedían, sin darme cuenta que los sucesos son las cosas más inestables del universo, porque cambian continuamente, se modifican, son absolutamente volátiles.
Escuché los aplausos generados, los ruidos de vasos y botellas y quedé pensando en mi historia, ¿Cuándo fue que mi amor se perdió?. Sentí que había sido exactamente cuando empezamos a establecer las reglas para que se manifestara, recordé a Esteban y nuestros días felices, entendí que todas las cosas importantes las habíamos conversado sin conservar las reglas, en forma irregular, sin importarnos nada más que nosotros.
Me di cuenta en ese momento que podía todavía dar batalla, con él o sin él, que nadie está solo en sus tribulaciones, siempre hay alguien más alegrándose o sufriendo de la misma manera.
Me estoy yendo del lugar, estoy en un suburbio de San Isidro y quiero contactar un remise. Enuncio un propósito en voz alta mientras tiro una moneda en la fuente de la salida, quiero volverme a enamorar, quizás sea de mi esposo, quizás todo cambie y yo también.
Ahora observo a la distancia esa reunión, ella continua en mi pensamiento, con sus danzas, con sus intimidades, con su original diálogo. Con el tiempo supe que era el comienzo para recuperar un amor que ese día, que a esa hora, como un apócrifo zahir me turbaba.
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