LEYENDO A ULISES
La guerra de Troya esta terminando en mi lectura, mientras leo y pienso en el texto leído sigo pensando en las injusticias que provoca cualquier confrontación. Los motivos parecen pasionales, celos, traición de esa mujer hermosa que es Helena y que ha partido con París-a quienes algunos llaman Alejandro-. Toda una suma que ha conseguido comenzar esa cruenta guerra entre vecinos de diferentes culturas.
Resumo el texto y me veo a mi mismo, niño aún leyendo tranquilo y sin apuro la Odisea. Casi sin entender esos mundos de dioses, monstruos, y deidades. Mundos maniqueos de amigos o enemigos. Gozo con ese relato de néctar y ambrosía y también de esas historias fantásticas. Parte de lo que entiendo me fascina, parte de lo que ignoro me causa una mayor curiosidad.
- Manolito a comer que después hay escuela.
Dice mi madre alzando la voz, mientras huelo el churrasco asándose sobre la plancha caliente y veo un choclo humeante, enmantecado, que ella ha puesto sobre el plato.
Mientras saboreo esa carne jugosa repaso lo leído. Después de la terminación de esa guerra evitable sobreviene ese tiempo de decisiones. Los griegos vencen, un gran caballo de manpostería sirve de entrada a una ciudad que parecía inexpugnable. Los soldados griegos introducidos abren las puertas y todos entran por ese ardid a Troya. Hasta allí la historia me gusta, pero después masacran a todos, la muerte de tantos troyanos la siento como una injusticia, como algo que podría haberse evitado.
Regreso a mi plato pensando en la separación de Ulises del grupo mayor que emprende la vuelta. Grupo que será traicionado a su regreso por partiquinos arteros. Burócratas que sin participar de la guerra aprovechan desde Atenas, para hacerse dueños de los triunfos.
Mi héroe no tiene techo en mi imaginación. Todo lo hace bien pero también es arrogante, muestra su egolatría cuando le dice al cíclope que está rendido a sus pies :
- Diles a todos que un hombre ha estado aquí, si te preguntan quien ha nublado tu ojo dilo, Ulises de Itaca, vencedor de Troya.
- Esto lo sabrá mi padre, Poseidón, gran Dios de las olas y no regresarás vivo a tu tierra.
- Llegaré, soy Ulises, saqueador de ciudades, vencedor de cien batallas.
Ahora la diezmada flota de Ulises deja la hospitalaria isla de Circe. Salen de esa atmósfera de muertos y deidades decididos a todo para conservar sus vidas.
Manolito se obnubila, su imaginación baila en ese carrusel de ideas, su héroe es el mejor, continúa siendo astuto y fuerte, tanto que el piensa :
- Yo quiero ser así cuando sea grande.
Pero su nave llega a Eolo, y la hechicera Circe- también ilusionada por el héroe- le enseña a engañar a quien engaña.
Le entrega el secreto que le permitirá atravesar, sin detenerse, la fatídica isla de las sirenas.
Pero Ulises quiere oír sus cantos, no le interesa pasar por ese mundo desapercibido, por eso tapa con cera los oídos de sus tripulantes pero no los suyos. El oirá todo lo que después será cantado, las sirenas le susurran a su oído:
- Ulises, glorioso Ulises, bienamado Ulises ven con nosotras, te lo daremos todo, te llenaremos de gloria como a los héroes, tu propia gloria será la nuestra.
Las sirenas son la atracción al deseo del conocimiento, son también el deseo erótico, son la seducción y la agazapada muerte.
A los muertos se los vé por doquier allí al costado, asustan al lector desprevenido.
El héroe escucha esas voces que lo adulan y eso lo fascina. Quiere liberarse de sus ataduras para bajar con ellas. Siente la gloria al alcance de su mano, los fieles hombres de su tripulación le impiden bajarse, le dicen no a su deseo.
Olvido sueño y hambre aparecen, mortales componentes que dejan el paso libre a la muerte cuando se combinan.
Recuerda Ulises el consejo de la hechicera.
- No olvides no confundir lo sagrado con lo profano, si todo se mezcla la oscuridad aparecerá en tu mente y serás presa fácil de ellas.
Ahora se ve la nave vapuleada por las olas, por el temporal de Poseidón, por la venganza que Polifemo no podrá ver, el barco estalla en pedazos, Ulises casi sin fuerzas, desembarca para desmayarse en una isla que desconoce.
Antes de la catástrofe Itaca era un destino, siempre Penélope era el objetivo. Lo era aún dentro de esta tempestad desatada que arrastra el barco hacia esa isla erosionada.
Una porción de tierra irredenta, una geografía inventada para la administración de esa Diosa al que el Olimpo quería mantener bien lejos. Una diosa que ejecuta como nadie las artes de la seducción. La mujer que ahora está mirando con interés a ese apolíneo griego, mortal pero casi un Dios. A ese triunfador de Troya al que los Dioses reunidos habían dispuesto ayudarlo a regresar a casa. A ese ganador valiente que yace desmayado en el paisaje de arena y vegetación incipiente.
Sola Calipso arrastró ese cuerpo hacia la cueva donde puede dejarlo fuera del tiempo. Un tiempo que avanza solo fuera de ese mundo. Solo la Diosa puede hacer que ese único tiempo fuese agradable para él, pero espera su agradecimiento.
Tiempo de amor, tiempos de vino y rosas para el trascendente héroe de Troya, tiempo merecido para ese humano guerrero, tan escaso de gratificaciones amorosas por largo tiempo.
La Diosa conocía muy bien a los hombres, se ayudaba de Eros y Homínides, Ulises era amado por ella en este mundo y esperado por figuras humanas en Itaca. Allí, donde Penélope tejía de día y destejía por las noches, para nunca terminar su abrigo inacabable.
Cuando el hombre despierta es la primera vez que siente una caricia en mucho tiempo, de esa forma, casi como lo hacia esa mujer distante que recordaba tanto.
Por eso deja que lo acaricien, por que no va a dejarlo- y escucha sus susurros-, también siente que no le preguntan por su pasado, nadie le pregunta si está casado o si es amado por otra. Por eso al recibir el néctar en los labios cambian para él sus prioridades.
Pragmático como siempre piensa, la vuelta podrá esperar un tiempo.
Quizás sea un tiempo de memorias, de revivir esa guerra como solo él podría hacerlo. Aunque pensándolo mejor también Homero podría escribirlas.
Quedarse en la isla es quizás ser un Dios libre de tiempo, libre de muerte como las que ha visto en el camino, horribles, deplorables, sin sentido.
En su desconcierto opta por seguir allí. Si buenas son sus noches mejores son sus días, el néctar, la ambrosia y esa mezcla del vino con ese pan delgado y siempre tibio. Como dejar una tierra semejante donde lo humano puede volverse divino. Lo perecedero puede convertirse en inmortal, tierra donde una diosa le promete la inmortalidad a cambio de compañía y amores.
A Manolito lector le molesta, que Zeus en reunión ordinaria del Olimpo pida que todos los Dioses ayuden a conseguir que los guerreros de Troya, regresen con vida a Grecia.
Así Zeus convence a Hermes para que hablando con Calipso le obligue a entender que su tiempo con el héroe ha llegado a su fin, que debe liberarlo, porque es esperado como se merece en Atenas.
Nuestro hombre sabe que si parte perderá la juventud eterna, que deberá soportar la angustia de la vejez hasta la llegada de la muerte.
La Diosa entiende que debe hacer algo mas que liberarlo, sabe que deberá hacerlo, para que parta feliz necesita ofenderlo.
- Sos un gil, un ególatra pensativo, te interesan solo tus éxitos pasados, seguís apegado a Penélope, ¿crees que es mas bella que yo ?
- Tu eres magnifica, una diosa, pero ella es mi Patria, mi vida pasada y posiblemente la futura.
- Entonces vete, navega rápido hacia ella.
Y Calipso cumple la orden del Olimpo, ayuda a Ulises a armar su barca y cuando el sube expresa a gritos su convicción de no olvidar nunca esa geografía conocida, la de la isla, la de esa Diosa.
Mar adentro y viendo el peñón de la tierra de los Feacios recién entonces el hombre mira hasta la isla y la ve a ella, pequeña, todavía deslumbrante y es la única vez en la historia que llora.
Caen dos lagrimas muy azules que llegan hasta el mar, y son dos porque la primera es por lo que deja, por la inmortalidad que pierde, por ese amor ideal revestido de sueños que se van hacia una realidad menos romántica, mas rutinaria.
Y la otra es por sentirse ya en casa, tan cerca de la lumbre, escribiendo sus historias de guerra y gozando de su mujer.
- Su mujer, hermosa expresión que le da un sentido superior a ese vocablo indefinido, mezcla de posesión y ternura idealizada.
En eso otra vez la voz que ordena.
- Manolo, a cambiarte que tenés que salir para el colegio en un ratito, lo dice mamá con voz de mando
- Justo ahora que parece que entiendo todo, justo ahora siempre.
Salgo para la escuela, voy pensando en los hechos, al llegar a la cortada Lord Kelvin me encuentro con mi amigo Petey, lo veo alegre con su jopo engominado, le comento los hechos y dice sabiamente.
- Según me lo contás, la mina lo mando al flaco para Itaca con estampilla y todo
- Si, parece que hay historias que deben cumplirse a rajatabla, otra vez Cafarnaúm y ese destino marcado.
Llegamos, los guardapolvos blancos nos dicen que también nosotros estamos recuperando nuestra vida normal, la señorita Susana nos ubica.
- La fiiiilaaaa niños, que no se desordene grita.
- Alumnos y alumnas comiencen con Aurora, canción estrenada en el año 1908.
- Alta en el cielo, un águila guerreraaudaz se eleva en vuelo triunfalazul un ala del color del cielo,azul un ala del color del mar
Escucho cantar y entiendo, ahora entiendo algo más. Decisiones importantes que uno debe tomar aunque le duelan. Cosas con las que se gana aunque parezca que se pierda. Lágrimas que reflejan sentimientos, vidas que pasan y marcan un camino con huellas que se muestran en el tiempo.
Traiciones y arrogancia mezcladas con amores que saben a mieles y dolores, a culebras y azucenas, así es la vida reflejada en esa suma algebraica.
Entiendo más, cada vez más, y reflexiono en voz alta casi cuando se acaba el texto, cuando ya intuyo que llega ese punto que será el del final.
- Que fantástico, ahora que soy grande y ya muchos me llaman Don Manuel, siento que me hubiera gustado tanto ser como Ulises.
Resumo el texto y me veo a mi mismo, niño aún leyendo tranquilo y sin apuro la Odisea. Casi sin entender esos mundos de dioses, monstruos, y deidades. Mundos maniqueos de amigos o enemigos. Gozo con ese relato de néctar y ambrosía y también de esas historias fantásticas. Parte de lo que entiendo me fascina, parte de lo que ignoro me causa una mayor curiosidad.
- Manolito a comer que después hay escuela.
Dice mi madre alzando la voz, mientras huelo el churrasco asándose sobre la plancha caliente y veo un choclo humeante, enmantecado, que ella ha puesto sobre el plato.
Mientras saboreo esa carne jugosa repaso lo leído. Después de la terminación de esa guerra evitable sobreviene ese tiempo de decisiones. Los griegos vencen, un gran caballo de manpostería sirve de entrada a una ciudad que parecía inexpugnable. Los soldados griegos introducidos abren las puertas y todos entran por ese ardid a Troya. Hasta allí la historia me gusta, pero después masacran a todos, la muerte de tantos troyanos la siento como una injusticia, como algo que podría haberse evitado.
Regreso a mi plato pensando en la separación de Ulises del grupo mayor que emprende la vuelta. Grupo que será traicionado a su regreso por partiquinos arteros. Burócratas que sin participar de la guerra aprovechan desde Atenas, para hacerse dueños de los triunfos.
Mi héroe no tiene techo en mi imaginación. Todo lo hace bien pero también es arrogante, muestra su egolatría cuando le dice al cíclope que está rendido a sus pies :
- Diles a todos que un hombre ha estado aquí, si te preguntan quien ha nublado tu ojo dilo, Ulises de Itaca, vencedor de Troya.
- Esto lo sabrá mi padre, Poseidón, gran Dios de las olas y no regresarás vivo a tu tierra.
- Llegaré, soy Ulises, saqueador de ciudades, vencedor de cien batallas.
Ahora la diezmada flota de Ulises deja la hospitalaria isla de Circe. Salen de esa atmósfera de muertos y deidades decididos a todo para conservar sus vidas.
Manolito se obnubila, su imaginación baila en ese carrusel de ideas, su héroe es el mejor, continúa siendo astuto y fuerte, tanto que el piensa :
- Yo quiero ser así cuando sea grande.
Pero su nave llega a Eolo, y la hechicera Circe- también ilusionada por el héroe- le enseña a engañar a quien engaña.
Le entrega el secreto que le permitirá atravesar, sin detenerse, la fatídica isla de las sirenas.
Pero Ulises quiere oír sus cantos, no le interesa pasar por ese mundo desapercibido, por eso tapa con cera los oídos de sus tripulantes pero no los suyos. El oirá todo lo que después será cantado, las sirenas le susurran a su oído:
- Ulises, glorioso Ulises, bienamado Ulises ven con nosotras, te lo daremos todo, te llenaremos de gloria como a los héroes, tu propia gloria será la nuestra.
Las sirenas son la atracción al deseo del conocimiento, son también el deseo erótico, son la seducción y la agazapada muerte.
A los muertos se los vé por doquier allí al costado, asustan al lector desprevenido.
El héroe escucha esas voces que lo adulan y eso lo fascina. Quiere liberarse de sus ataduras para bajar con ellas. Siente la gloria al alcance de su mano, los fieles hombres de su tripulación le impiden bajarse, le dicen no a su deseo.
Olvido sueño y hambre aparecen, mortales componentes que dejan el paso libre a la muerte cuando se combinan.
Recuerda Ulises el consejo de la hechicera.
- No olvides no confundir lo sagrado con lo profano, si todo se mezcla la oscuridad aparecerá en tu mente y serás presa fácil de ellas.
Ahora se ve la nave vapuleada por las olas, por el temporal de Poseidón, por la venganza que Polifemo no podrá ver, el barco estalla en pedazos, Ulises casi sin fuerzas, desembarca para desmayarse en una isla que desconoce.
Antes de la catástrofe Itaca era un destino, siempre Penélope era el objetivo. Lo era aún dentro de esta tempestad desatada que arrastra el barco hacia esa isla erosionada.
Una porción de tierra irredenta, una geografía inventada para la administración de esa Diosa al que el Olimpo quería mantener bien lejos. Una diosa que ejecuta como nadie las artes de la seducción. La mujer que ahora está mirando con interés a ese apolíneo griego, mortal pero casi un Dios. A ese triunfador de Troya al que los Dioses reunidos habían dispuesto ayudarlo a regresar a casa. A ese ganador valiente que yace desmayado en el paisaje de arena y vegetación incipiente.
Sola Calipso arrastró ese cuerpo hacia la cueva donde puede dejarlo fuera del tiempo. Un tiempo que avanza solo fuera de ese mundo. Solo la Diosa puede hacer que ese único tiempo fuese agradable para él, pero espera su agradecimiento.
Tiempo de amor, tiempos de vino y rosas para el trascendente héroe de Troya, tiempo merecido para ese humano guerrero, tan escaso de gratificaciones amorosas por largo tiempo.
La Diosa conocía muy bien a los hombres, se ayudaba de Eros y Homínides, Ulises era amado por ella en este mundo y esperado por figuras humanas en Itaca. Allí, donde Penélope tejía de día y destejía por las noches, para nunca terminar su abrigo inacabable.
Cuando el hombre despierta es la primera vez que siente una caricia en mucho tiempo, de esa forma, casi como lo hacia esa mujer distante que recordaba tanto.
Por eso deja que lo acaricien, por que no va a dejarlo- y escucha sus susurros-, también siente que no le preguntan por su pasado, nadie le pregunta si está casado o si es amado por otra. Por eso al recibir el néctar en los labios cambian para él sus prioridades.
Pragmático como siempre piensa, la vuelta podrá esperar un tiempo.
Quizás sea un tiempo de memorias, de revivir esa guerra como solo él podría hacerlo. Aunque pensándolo mejor también Homero podría escribirlas.
Quedarse en la isla es quizás ser un Dios libre de tiempo, libre de muerte como las que ha visto en el camino, horribles, deplorables, sin sentido.
En su desconcierto opta por seguir allí. Si buenas son sus noches mejores son sus días, el néctar, la ambrosia y esa mezcla del vino con ese pan delgado y siempre tibio. Como dejar una tierra semejante donde lo humano puede volverse divino. Lo perecedero puede convertirse en inmortal, tierra donde una diosa le promete la inmortalidad a cambio de compañía y amores.
A Manolito lector le molesta, que Zeus en reunión ordinaria del Olimpo pida que todos los Dioses ayuden a conseguir que los guerreros de Troya, regresen con vida a Grecia.
Así Zeus convence a Hermes para que hablando con Calipso le obligue a entender que su tiempo con el héroe ha llegado a su fin, que debe liberarlo, porque es esperado como se merece en Atenas.
Nuestro hombre sabe que si parte perderá la juventud eterna, que deberá soportar la angustia de la vejez hasta la llegada de la muerte.
La Diosa entiende que debe hacer algo mas que liberarlo, sabe que deberá hacerlo, para que parta feliz necesita ofenderlo.
- Sos un gil, un ególatra pensativo, te interesan solo tus éxitos pasados, seguís apegado a Penélope, ¿crees que es mas bella que yo ?
- Tu eres magnifica, una diosa, pero ella es mi Patria, mi vida pasada y posiblemente la futura.
- Entonces vete, navega rápido hacia ella.
Y Calipso cumple la orden del Olimpo, ayuda a Ulises a armar su barca y cuando el sube expresa a gritos su convicción de no olvidar nunca esa geografía conocida, la de la isla, la de esa Diosa.
Mar adentro y viendo el peñón de la tierra de los Feacios recién entonces el hombre mira hasta la isla y la ve a ella, pequeña, todavía deslumbrante y es la única vez en la historia que llora.
Caen dos lagrimas muy azules que llegan hasta el mar, y son dos porque la primera es por lo que deja, por la inmortalidad que pierde, por ese amor ideal revestido de sueños que se van hacia una realidad menos romántica, mas rutinaria.
Y la otra es por sentirse ya en casa, tan cerca de la lumbre, escribiendo sus historias de guerra y gozando de su mujer.
- Su mujer, hermosa expresión que le da un sentido superior a ese vocablo indefinido, mezcla de posesión y ternura idealizada.
En eso otra vez la voz que ordena.
- Manolo, a cambiarte que tenés que salir para el colegio en un ratito, lo dice mamá con voz de mando
- Justo ahora que parece que entiendo todo, justo ahora siempre.
Salgo para la escuela, voy pensando en los hechos, al llegar a la cortada Lord Kelvin me encuentro con mi amigo Petey, lo veo alegre con su jopo engominado, le comento los hechos y dice sabiamente.
- Según me lo contás, la mina lo mando al flaco para Itaca con estampilla y todo
- Si, parece que hay historias que deben cumplirse a rajatabla, otra vez Cafarnaúm y ese destino marcado.
Llegamos, los guardapolvos blancos nos dicen que también nosotros estamos recuperando nuestra vida normal, la señorita Susana nos ubica.
- La fiiiilaaaa niños, que no se desordene grita.
- Alumnos y alumnas comiencen con Aurora, canción estrenada en el año 1908.
- Alta en el cielo, un águila guerreraaudaz se eleva en vuelo triunfalazul un ala del color del cielo,azul un ala del color del mar
Escucho cantar y entiendo, ahora entiendo algo más. Decisiones importantes que uno debe tomar aunque le duelan. Cosas con las que se gana aunque parezca que se pierda. Lágrimas que reflejan sentimientos, vidas que pasan y marcan un camino con huellas que se muestran en el tiempo.
Traiciones y arrogancia mezcladas con amores que saben a mieles y dolores, a culebras y azucenas, así es la vida reflejada en esa suma algebraica.
Entiendo más, cada vez más, y reflexiono en voz alta casi cuando se acaba el texto, cuando ya intuyo que llega ese punto que será el del final.
- Que fantástico, ahora que soy grande y ya muchos me llaman Don Manuel, siento que me hubiera gustado tanto ser como Ulises.
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