Villada no es Verona




Queria contarles una historia que es, para mi muy familiar, una historia en cierta forma íntima. Por eso siendo ustedes mis primeros confidentes, estoy seguro, que habrá momentos de este relato donde deberé retomarlo quizás. Por la mezcla de vivencias y recuerdos.
Quizás algunos piensen que los hechos son inverosímiles y a veces yo también coincido, eso me limita para seguir contándolo, pero la gran cantidad de aseveraciones que la misma tiene, la gran cantidad de gente que conocí, y que asegura que vio y hasta vivió los hechos, mi propia experiencia con ellos, me hace pensar en una verdad de esas que llaman de a puños.
Es una historia de luchas, sufrimientos y alegrías, la mayoría de los que la vivieron no están ya en este mundo, solo los que éramos pequeños en ese tiempo podemos tener algunas vivencias borrosas en esta historia de amor, pero también de desamores, de incredulidades y de sufrimientos, como diría el tango de valores y dublés.
Mi familia vino de Andalucía en 1890 para trabajar en la construcción de un Ferrocarril que realizaba una firma privada, a través de un audaz emprendedor español llamado Carlos Casado del Alisal.
La vía férrea corría en los dos sentidos de Rosario hasta Venado Tuerto, en Santa Fé, llamada en ese tiempo la provincia invencible.
El ferrocarril se construía rápidamente con el propósito de sacar hacia el puerto de aguas profundas de Rosario la producción de esa zona que en ese tiempo era de trigo y maíz fundamentalmente.
Las tierras ya se habían repartido y el indio estaba siendo empujado hacia una nueva frontera, el ejército era dueño del reparto y lo hacía entre los héroes de la guerra de la triple alianza.
Muchos se habían beneficiado con este reparto y vendían las tierras al mejor postor que siempre eran también aquellos que se habían favorecido con la venta de raciones y provisiones a la soldadesca ahora contaban con dinero efectivo para efectuar nuevos negocios, la empresa de Carlos Casado, que a través de un pequeño banco había manejado pagos a los deudos y a los sobrevivientes de la epopeya.
Eran tierras en una región bendecida, allí había dos cosechas de trigo anuales, solo igualada en el mundo por una pequeña región de los Urales en Rusia.
Las grandes extensiones eran compradas por la sociedad Carlos casado al ejercito a solo $ 3 pesos la hectárea, son esas que hoy valen 20.000 dólares aproximadamente, años después mi bisabuelo compró a $ 300 la hectárea de su parcela de chacra.
El patriarca de mi familia se llamaba Carmelo Quintero, que poco antes había conocido en Sevilla a una gitana del barrio de Triana, cerca de la Torre del oro y el Guadalquivir, con mucho garbo cuyo nombre era Dolores Montes. Se casó con ella, y se ganó la animadversión de su familia, tanto, que decidieron continuar su historia en Argentina.
El era de profesión Administrador, un hombre muy honesto que llevaba las cuentas en forma ordenada y prolija, siempre empeñado en mantener sus criterios de disminuir costos y tratar que su empleador ganara mas dinero, sin despilfarrar. Eran conceptos surgidos de una época de escasez que habían prendido en el desde su nacimiento en Utrera, lugar cercano a Sevilla, donde se mudaron los Quintero cuando Carmelo tenía solo seis años.
No era un trabajador manual, sin signos de rudeza, sus artes era mas bien ligadas al pensamiento y había quienes decían que solo había podido aguantar trabajando cien kilómetros, la distancia que separaba a Rosario de Villada, lugar donde terminó sus tareas en el ferrocarril del Oeste Santafesino.
Lo que quizás no decían esos detractores del patriarca era que esa distancia, le había demandado a la familia Quintero cinco años de un duro trabajo.
Al llegar a Villada decidió desembarcar con su familia original y recibir en pago 33 hectáreas y un dinero que le permitió montar una chacra familiar con los hijos que llegaron de España, Antonio un niño de cabellos muy negros y ensortijados y una niña Matilde de cabellos rubios y bien cuidados.
También comenzaban a colaborar los que aquí nacieron Lola, Carmen, Manuel y Angela, mi abuela paterna.
Mi padre que nació en esa chacra fue llamado también Carmelo y apodado Carmelito, porque muchas de las familias sevillanas de la época homenajeaban de esa forma a una virgen muy bonita, de rostro casi encerado, y de la que todos eran devotos, la Virgen del Carmen.
Los tiempos siempre fueron duros en esa sociedad primitiva y rural, la gente era hostil y los latifundistas no eran nada generosos con esos colonos pequeños, a los que muchas veces sometían con la baja de los precios de su producción.
Nos ubicamos para empezar esta historia en 1912, año del grito de Alcorta, pueblo cercano a Villada y sobre todo a Firmat, donde se afirma que la gesta se inició antes que en Alcorta.
Había una reunión importante en esa calurosa tarde de Marzo y para concurrir, el patriarca le pidió a su hijo mayor Antonio que lo acompañe, la misma era realizada en un galpón que estaba ubicado detrás del salón de la Sociedad Española de Socorros Mutuos y allí fueron los dos Quintero, generacionalmente unidos por la necesidad de sobrevivencia. Sobre todo a esa catástrofe natural que había sido la invasión de langostas del año anterior. También a la baja artificial de precios que al estilo 125 habían inventado los acopiadores de granos.
Los lugareños afirmaban, que ese año, si la langosta regresaba iba a tener que traerse la vianda.
Entre los dos predios, el galpón y el del baile, había una especie de glorieta con un patio de estilo granadino donde en el medio un aljibe, suministraba frescor a las chacareros cansados de la importante discusión galponera y a los jóvenes del frenético baile.
El doctor Francisco Netri, líder natural de la Federación Agraria estaba en el uso de la palabra mostrando signos de necesitar agua para su garganta fogosa.
Antonio al notarlo salió hasta el aljibe con una jarra de loza verde y comenzó a sacar el balde cuando una voz cantarina detrás suyo lo sorprendió.
- Te va a sobrar un poco de agua para nosotros ?
La que así preguntaba era una forastera en la región, una madrileña recién llegada y con residencia en Buenos Aires que había salido del baile que los jóvenes estaban realizando en el salón contiguo.
Antonio se volvió a mirarla, un mechón ordenado le caía desde la frente y le daba un aire especial a su mirada pícara, era también seductora en su mirar incisivo.
En ese momento fue interrumpido por caquita Gutierrez, el joven solitario que vivía de la mañana a la noche en ese lugar del pueblo, que declamaba para María como un homenaje a su visita su versito picante y atrevido mientras movía una matraca grande de madera, ese chico del que todos reían y estimulaban con un, deci el versito Caquita.
- La ortografía, una carga
-Que da una ayuda que importa
- Si el burro la lleva larga
-La vaca la tiene corta
-La verdad es una sola
-Lo que son dos son las bolas
Caquita salió disparado y dejó solos a los recién conocidos que siguieron tratando de identificarse a un ritmo más veloz, como si se hubieran conocido antes, como si llegaran de un deja vú.
Dicen que fue un amor fulgurante el que surgió entre ambos jóvenes de edades parecidas, el casi no podía responder y ella no se atrevía a continuar la conversación, porque solo quería mirar sus rizos negros y esa mirada que parecía sorprendida.
El balde al llegar se volcó nuevamente al interior, y Antonio seguía sin hablar, después le dijo.
- Tengo para ti algo especial, un agua de vida, el agua famosa de Villada
- Que puede hacer por mí esa agua
- Darte una nueva vida, una vida con amor si es que no lo tuviste hasta hoy
- Justamente lo estoy esperando a Cupido, todavía no llegó
- Entonces creo que su flecha rebotará en mi agua
Dicen que después de eso no se separaron más, Antonio Quintero llevó el agua a Netri acompañado por ella, y volvió para el salón donde lo esperaba su primer baile con María Fernández.
Antonio silabeó despacio.
- Fueron las monjas la madres, del niño aquel que sin padres quedó
María le contesto pegando su cuerpo al de él.
. Con ellas en el convento, su infancia feliz pasó
Y comenzaron su historia de amor y sabores, algunos ácidos y otros tan dulces como la miel de Villada, esa que tiene el sabor del eucalipto y de la flor de la encina.
Al día siguiente el patriarca recibió su pedido, necesitaba dinero para volverse a Buenos Aires con María e iniciar una nueva vida con esa mujer de la que estaba absolutamente enamorado, y de la que no quería separarse más.
Como si fuera ese hijo pródigo de la parábola, Antonio decidió llevarse su parte, el amor era tan fuerte como para significarle un deber viajar con ella.
A la mañana siguiente y en el tren partieron, los vio pasar ese hilo del telégrafo pegado a la vía, el cartel de la estación casi negro con las grandes letras blancas también fue testigo de esa partida que no sería para siempre.
Al llegar a Casilda, esa estación que lleva el nombre de la madre de Carlos Casado del Alisal, un piquete ferroviario no dejaba pasar el tren que debía arribar a Rosario.
Antonio empezó a ponerse intranquilo, quería pedir la mano de María lo antes posible y entonces bajó a negociar con el piquete.
Dicen también que fueron tan convincentes sus argumentos, tan sentidas sus palabras sobre su amor reciente que el tren siguió y los amantes de Villada llegaron y comenzaron esa lucha juntos, como ellos lo querían unidos.
En la Capital Antonio que había aprendido con su padre los secretos de la Administración comenzó una carrera laboral que culminó con su propio negocio de importación de materiales eléctricos y de radiotransmisión.
Proveía equipos para la naciente radiodifusión, el estuvo operando en la famosa pelea de Firpo y Dempsey, en la primera emisión de Enrique Sussini, en el inicio de los comercios de Yanquelevich.
En un momento de su negocio con su socio llegaron a la conclusión que debían estar en Asia con mayor presencia. Con mas tiempos, así que decidieron que uno de los dos debía vivir dos años en Japón.
Tengo fotos de los enamorados visitando jardines en Osaka, Antonio vestido como un shogun elegante y María semejando una dulce geisha, los dos enmarcados delante de unas pagodas armoniosas.
Pero dicen que nada es para siempre, lo cierto es que por razones familiares, de esa familia grande que los necesitaba, fue que debieron separarse un tiempo.
Ella regresó con los hijos a Buenos Aires y el debía efectuar una vuelta por Europa con los problemas de preguerra.
El contacto entre ellos quedo cortado cuando no llegaban cartas ni se producían llamadas telefónicas. María comenzó a preocuparse ante noticias de Portugal desde donde Antonio operaba, ya que no quería entrar en una España que se desangraba.
María decidió llevarle los nietos al patriarca, la madre de Antonio, Lola, era una mujer enferma, y ella se fue desde Buenos Aires al pueblo con los chicos. Allí recibió la noticia, Antonio había sido detenido por el régimen de Oliveira Salazar, acusado de intento de conspiración a través de trasmisores que ellos habían instalado.
María llamo a los abogados y fue aconsejada para no viajar, ellos iban a ocuparse, decidió dejar en sus manos los pedidos de libertad, la Cancillería también influyó en los pedidos y ella estaba mustia en esa pampa que le resultaba extraña y angustiante.
La dictadura portuguesa abría flancos de discordia mostrando al mundo su falta de tacto, acrecentaba así la verdad del sostiene Pereyra.
El tiempo fue pasando y las noticias escaseaban en el pueblo, María viajaba hasta Rosario con frecuencia donde el consulado portugués recibía con desgano sus pedidos.
Una tarde de Enero, cuando el calor sofocaba y ella estaba en su mecedora pensando en la galería de la chacra, vió a lo lejos aumentar el polvo por un Ford negro que se acercaba velozmente. Tuvo una intuición y esperó de pié.
No se equivocaba, era el, Antonio que volvía y a quienes acompañaban dos funcionarios de la cancillería. No era el mismo que se fue, pero era él, verla y revivir sus momentos fue solo uno. Cuando se encontraron parecía que la misma música con que se conocieron estaba sonando.
Los dos al unísono cantaban
- Fueron las monjas las madres…….
Comenzaron su danza, y bailaban y se movían como antes, y ella tenía tanta gracia, como esa maja vestida. El era ágil, con garbo, como un torero andaluz que comenzaba su faena. Y se elevaban cada vez más. Y volaban, parecía una broma su vuelo, pero el pueblo los vio pasar.
Iniciaron el ascenso en la chacra de Carmelo, levitaron en la salida de la galería, subieron más al llegar al camino de las alegrías y al llegar a la tranquera sobre el cartel que decía Los Quintero se elevaron a casi tres metros para superarlo.
Fueron allí subiendo y llegaron al inicio del pueblo, cerca de la casa del juez de Paz ya se los veía ondular sobre su techo, siempre bailando, siempre cantando. Sobrevolaron la Municipalidad, al pasar por la Iglesia de San Carlos de Borromeo quedaron casi fijos, estáticos en su paso mejor. Llegaron hasta la estancia de Van Zuylen y regresaron, cuando volvieron el canto había cambiado y ahora era :
- Camino de los toros un dos de mayo le conocí…..
- Era un torero bastante guapo …..
Y bajaron y se besaron mucho, y se amaron y aún el pueblo recuerda ese misterio, ese milagro. Ese baile de altura, levitado con fuerzas gravitatorias extrañas, como decretando el fín del 9,81, esa aceleración de la gravedad para siempre.También podría ser quizás el final de las masas gravitatorias, o habría en esa tarde un componente emocional el que alivianaba la masa corporal, un componente que necesitaba ser tenido en cuenta.
- Habrá sido el amor ? hay gente que lo afirma
- No, en esta época de calor, hay nuevas corrientes gravitatorias con valores incalculables, además ellos tenían registros diferentes por haber llegado desde el trópico de Capricornio , afirmaban otros
- También en Villada se había producido uno de los famosos agujeros negros y los esposos habrían entrado en su orbita, cuerpos ingrávidos por el componente amor, remanencias del big bang.
Alguien también habló de las teorías de las cuerdas, de una dinámica caótica. Todo pudo ser, todo podría haber sido, todo fue y es lo que referimos.
- La vuelta de los cuerpos a la gravedad acostumbrada tarda minutos, dicen otros
- Se escapan de las figuras, salen , regresan, dicen todos asombrados
Cuando de joven iba a pasar vacaciones a Villada, a pesar de la antigüedad de ese evento, siempre encontraba algún sobreviviente que daba testimonio del hecho, siempre me hablaban de la especial entereza estoica de Antonio, de la frescura alegre de María. Dicen también que de la unión de esos valores surgió el quebrantamiento de la ley de gravedad en ese recordado día.
Mi impresión es que el hecho ocurrió, no consigo mesurar las alturas a las que llegaron, pero en los sesenta cuando hacía mi servicio militar y pasaba por Buenos Aires. Con Antonio ya fallecido, Tía María, que era parecida a esa viejita buena que veía en las películas de Sandrini, me acompañaba a tomar el ómnibus.
Un micro que de Plaza Flores, donde ellos vivían, me llevaba a Constitución. Donde el tren me llevaba.
La recuerdo con su mañanita tejida sobre los hombros atravesando la galería que nos llevaba de Yerbal a Rivadavia.
Una tarde que me acompañaba, mientras admirábamos en una vidriera de un anticuario un samovar casi gigante, de cobre y porcelana muy brillante, fue que le pregunté
- Tía, fue verdad lo del baile en altura
Ella se hizo primero la que no escuchaba, mirando hacia el otro lado de la vidriera del anticuario. Luego me miro e hizo un mohín exagerado mientras me decía
- Es que tu tío era excepcional, con él yo sentía que todo lo podíamos hacer.
Nunca más tuve oportunidad de volverlo a hablar pero siempre creí en ese baile, casi a pié juntillas.
Hay gente que oyó la historia y hoy todavía rinde tributo a ese amor casi sublime, a ese amor tan fuerte, y aunque no los conocieron sienten pueden comunicarse con ellos en sus tumbas nunca olvidadas.
Ellas son dos sepulturas blancas, sencillas, austeras, con flores rosas y azules, casi iguales con sus piedritas de mármol blanco picadas finas. Muchas veces encontramos en ellas sobre su cantero, dinero, donaciones para su mantenimiento, algún verso escrito, pergaminos.
Cada vez en la región se difunde más este misterio. Por eso nosotros, que hoy somos diferentes Quintero, que estamos mas lejos de la tierra ya que el éxodo hacia las ciudades nos impulsó a vender al mejor postor los restos de la tierra salvados a las deudas del Patriarca.
Nosotros, esos nuevos Quintero, tenemos algunas ideas para poder de alguna manera volver a tener presencia en la región que perdimos.
Hay algunos que quieren hacer un mausoleo familiar, esto tiene una inversión importante, pero solicitando donaciones a través de una página web que podríamos llamar www.los amantes de Villada.com, podríamos recuperar en poco tiempo lo invertido.
Se podrían luego realizar proyecciones de películas románticas y podrían aparecer María y Antonio en escenas comunes de su vida real, mostrando la cotidianeidad de su vínculo, mostrando un poco de la pasión generosa que los unía.
Otra parte quiere ejecutar un ícono con las caras de los enamorados, y con unos lazos blancos colocarlos en los altares del gauchito Gil, aprovechando su sinergia. Sabemos que pueden venderse unas estampas que ya fueron probadas y donde mi padre, Carmelito, escribió, en la partida de los dos, unos versos que resuenan todavía.
- Antonio no lo es, ni fué Romeo
- María no será, ni es Julieta
- Aquí bailaron sin son, ni pandereta
- Mostrando un gran amor, en el que aún creo
Yo todavía no tengo opinión formada sobre las acciones futuras, por el momento solo uso mi chamuyo, o mi escritura, para divulgar el hecho como ahora hago con ustedes.
Una tarde hablé con un pastor evangélico, de esos que aparecen en televisión, al que después de contarle lo sucedido me interrogó así
- Como e que dice, oh Quintero que pularon
- Bailaron pastor, danzaron mesmo
- Poderiamos facer algo como lembranza, hallo que um lazo overo podría servir.
- Y que haría ese lazo
- Podería ajustarse na mao dos namorados con as fotografias de elos
- Y después
- Cortarse so depois que coloquen a ofrenda na urna mesmo, y logo repartiríamos o dinero en formas iguales con a familia Quintero, da certo oh ?
- Tengo que consultar pastor
En una de esas, con un poco de suerte, damos con alguien influyente, que ve en ellos a dos potenciales traccionadores de votos importantes, y quien les dice que mis tíos Antonio y María, María y Antonio, no pasan a jugar en primera división, en las lides del amor supremo, como Quijote y Dulcinea, como Elizabeth Taylor y Richard Burton.

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