Las hojas que el arrojo
Las hojas que él arrojó
Desde la estación ferroviaria, y mirando hacia la derecha, se veía claramente, el camino que marcaban esos durmientes de madera dura que sostenían las vías férreas, Mirando para el otro lado, la casilla del auxiliar sobresalía de un lado, Los galpones, semiabiertos y con el movimiento de los peones entrando y saliendo, le daban ese aspecto bullicioso, que continuaba hasta después del mediodía.
Los dos cuerpos ya iban desapareciendo, en el horizonte se veía el recorte del mono de uno, y se imaginaba en su atado, a esos siete recipientes esenciales que cargan estos personajes de la vía, y de los caminos de hierro, los crotos. Me volví a preguntarle a don Pedro Caro, el voluminoso jefe de la Estación que cosa había conversado con ellos.
- Carmelo, te interesa saber en que andaba tu primo no?
- Si porque quería llevarle noticias a tía Carmen
- Bueno, pone para cebar unos mates que te cuento
- Espere un poco Don Pedro, que atiendo el telégrafo y nos juntamos
- A las dos y media entonces, preparo mi pipa y charlamos
- Se fueron para Venado Tuerto ahora
- Si ,el tipo ese raro que anda con el, tiene amigos en la zona
- Que cosa debe ser croto no ? Que raro destino
Con esa última reflexión, puedo decir que postergue, esa conversación con el jefe de la Estación, y regresé así a mis tareas, que eran muchas. Todas en esa estación de ferrocarril de ese pueblo santafesino donde había nacido y estaba dejando raíces. Me quedé pensando en esa denominación argentina tan extraña de definir a un vagabundo como un croto.
Sus orígenes la había dado una ley impulsada por un señor, José Camilo Croto, gobernador de la provincia más importante del país, Buenos Aires, ante la manifiesta necesidad de mano de obra golondrina, que local o importada, requería de movilizarse en los trenes de carga, trenes donde se trasportaba la carga de granos hacia los puertos de salida al mundo
Atrás de todo ese avance. Habíanse sumado una serie de personajes, con manifiestas necesidades de movilidad, algunos sin ocupación, buscando un destino, a veces sin familia conocida, pero que trabajaban solo lo necesario para subsistir.
Eran gente trashumante, sociales, con esos ideales libertarios y siguiendo esas ideas que había legado la famosa revolución francesa, gente diversa, variopinta quizás, entre las que se intentaba insertarse un primo mío, Manolo Peramos Quintero, eximio cocinero de grandes comilonas y animador soberano de la preparación del banquete, y a veces de la sobremesa, un gourmet del subdesarrollo, simpático, compadrón, sabelotodo, hasta que el alcohol terminara de convertirlo de chistoso simpático, en un peleador con veleidades de buscaroña.
En este caso mi primo había pasado por el pueblo y le había referido al jefe de la estación esta historia, a quien también le había pedido un favor, o una gauchada como el refería, la que para mí resultaba desconocida. También le había referido sus últimas aventuras en compañía de Pierre. Un personaje importado de París, que llevaba a ultranza las ideas de libertad igualdad y fraternidad en esta pampa. Supe después que habían andado trabajando en lugares cercanos a Bahía Blanca. Donde estaba ubicada la base Naval, y contaban con unos pesos para iniciar una aventura trasandina, intentarían llegar al Pacifico, donde Manolo aseguraba, que podría fácilmente introducir un contrabando del material precioso.
Precioso y tan preciado, que les permitiría a los dos, vivir sin trabajar el resto de su vida. Para eso necesitarían de ese capital que llevaban guardado en algún lado, porque la ley Croto los protegería hasta un poco más allá de Las Cuevas en Mendoza, después deberían pagar sus pasajes y cubrir sus gastos, que aunque económicos, podrían ser para sus ingresos importantes. Además en Chile no sería fácil conseguir un trabajo de escasa calificación y poco tiempo.
Quería saber de su vida, no tanto por curiosidad, sino para llevarle, de alguna manera a la tía Carmen, la hermana de mi madre, que siempre sufría por esa oveja, a la que consideraba descarriada, sus andanzas. Ya que supiera que estaba vivo era importante para ella. Aunque no tanto para sus hermanos, que con su llegada veían siempre aproximarse el mangazo, el sufrimiento callado de la madre, y las culpas compartidas por ese hermano, que como el hijo pródigo, pidió su parte y se largó a tierras extrañas.
Cuando venía con el mate, al que le había agregado yuyos serranos en la mano, lo vi pasar a Don Pedro que iba para el telégrafo, con la pipa humeando. Era típicamente un jefe, tenía presencia y conocimientos ferroviarios, físicamente fuerte, era capaz de expulsar de sus dominios a cualquiera que no acatara su ley, tenía una incipiente calva, tapada con una gorra. Y sobresalía un grueso cuello, sobre el que colgaba un medallón con el escudo argentino.
El jefe se sentó, sacó su gorra secando la calva traspirada, después acomodó los instrumentos que rodeaban al equipo de trasmisión del telégrafo, el punto más imprescindible de su tarea, y comenzó su relato.
- Estos dos crotos, tu primo y el francés, han logrado complementarse muy bien, y por eso creen que están para hazañas mayores, han decidido invertir lo ganado hasta ahora en esta nueva aventura trasandina que los puede convertir en burgueses, tan despreciables, como los que ellos mismos desprecian.
- Pero Don Pedro que le pidieron?
- Que les mandara unos telegramas a contactos en la zona, porque deben preparar el terreno para traer desde Chile, unos bultos con material que se usa aquí en contactos para electricidad, algo llamado Paladio que allá es muy barato y aquí tan caro como necesario. Lo usan en telefonía y telegrafía, sin ir mas lejos estos aparatos llevan ese paladio en sus partes móviles. Bueno cébame algún dulce que te cuento
- Que dijo mi primo al irse, mostró interés en saludarnos?
- Estaba contento, hizo una pequeña broma sobre su pueblo natal, y le expresó al francés una frase que sonaba algo así como: “alegrémonos de haber nacido”.
Con la llegada del primer mate, ese del dulzor especial porqué se mezclan los amargos de la yerba recién mojada, con los dulzores del azúcar con que el mate se inicia, comenzaron las primeras confidencias de la historia, esa, que mi primo había preferido hacérmela llegar de esta manera indirecta. El estaba seguro que el veterano Jefe de Estación Villada iba a contarla en el pueblo, un jugoso chisme de pueblo, para ese pueblo en el que nunca pasaba mucho, y era casi incapaz de entender la filosofía de ningún nómada que se precie de croto.
Manolo y Pierre se conocieron en Pergamino, allí hay siempre una gran concentración de vagabundos. La zona se adapta para los que intentan viajar hacia varias direcciones, y es por eso que los trashumantes se quedan en las inmediaciones. Hasta que definen con quien y a donde se dirigen, y recién allí salen en el tren que los lleva al destino elegido. Por esa razón también se reúnen allí propietarios que necesitan gente que llegan para contratarlos, aunque lo que a ellos les gusta es ir a la propiedad, mirar un poco las condiciones, y definir si se quedan o siguen viajando hasta que encuentran su transitorio lugar en el mundo.
Pierre era un tipo interesante, hasta le brillaba un diente de oro, y está rodeado de esa aureola de hombre carismático, que deja todo para abrazar esta pasión, aquí, en el culo del mundo, extraño destino para este profesor de literatura fantástica de La Sorbona, que llega al país solo por haber admirado a Arlt y leído en francés a los siete locos. Cuantos de esos arquetipos como Ardosain estarían presentes en esa reunión de vagabundos de Pergamino. Alto, delgado, con ese saco cruzado un poco más pequeño de lo que necesita, y el detalle del pañuelo azul eléctrico asomando del bolsillo. De poco hablar, diciendo solo lo necesario, detalle imprescindible para dejar traslucir sabiduría. Tu primo al revés, el pedantón inseguro que conocemos, hablando siempre a los gritos, y queriendo mostrar en todo momento su sabiduría. Un tipo que está en el mundo para hacerte pensar en el error natural de la sociedad, que no lo ha descubierto todavía, para llevarlo a la conducción de cualquier organismo que trabaje para el futuro de la humanidad.
Aunque en principio el francés lo hubiera rechazado tratando de conservar su autonomía, quizás la seguridad y el conocimiento de la zona mostrado por Manuel Ángel lo hayan convencido de la conveniencia de esa unión, intentando los dos una primera aventura que planificaron convenientemente.
Iban a llegar a Puerto Belgrano. donde la estación se llamaba Almirante Solier, y allí averiguarían sobre unos temas inherentes a las aleaciones de metales, el secreto decían que estaba en manos de un herrero al que llamaban el gato negro, anarquista declarado, y que trabajaba en una herrería en una zona muy agrícola, un pueblo de la pampa bonaerense llamado Felipe Solá.
Manolo tenía una gran virtud, cocinaba como los dioses, su especialidad eran los guisos de pescado, el los llamaba chupín de pescado y eran una verdadera fiesta, muchas veces había dejado maravillado a vecinos a los que los crotos invitaban a seguirlos, en realidad su especialidad eran los guisos en general, tenía mucho oficio, y tiraba dentro de la olla de color negro, esa que llevaba, disimulando la falta de limpieza, en su mono. Un guiso carrero como el que hacía diariamente era para chuparse realmente los dedos, siempre cerca de terminarlo, salía el hombre a recorrer los alrededores, y buscando entre las plantas, hallaba las especias aromáticas que estaba necesitando para completarlo, y hacía de su hallazgo un acontecimiento, cargando en su mono, una parva que le permitían independizarse en los próximas comidas.
Pierre por su parte era el encargado de las dos comidas leves, a su cargo estaba el desayuno ya que se levantaba siempre temprano, y los mates de la tarde, donde tenía siempre que conseguir pan de ayer para tostarlo y prepararlo, sabía también hacer con ese pan sobrante un postre al que agregaba caramelo y lo saboreaban hasta acabarlo, porque ellos no usaban alacenas ni trasportaban demasiadas provisiones. La vida del linyera es un eterno día a día, es una fiesta de la libertad, y es también una profunda creencia de ser como esos lirios del campo, que alguien alimenta y los mantiene en esa belleza salvaje y cuidada. Una vida de eterna confianza y esperanza, la de validar todos los días la creencia de que alguien tan superior va a sostenerme y ayudarme, porque sí, porque en esa realidad me hace saber que me quiere.
Pierre tenía sus costumbres, era como un buho, se dormía tarde y se despertaba cerca de las nueve, esa es una hora, para quien vive al aire libre bastante tarde.
Al llegar a Solier tuvieron la información sobre como hacerse de pescados de mar, allí unos linyeras decían que en una pequeña playa cercana a Baterías, llamada Arroyo Pareja, unos militares salían todos los días a pescar embarcados en lanchones de marina, y después de esa especie de patrullaje sobre la bahía, donde también aprovechaban para tirar sus redes, en su llegada al muelle, después de repartirse entre ellos el botín, regalaban parte del pescado, generalmente peces chicos o especies poco apreciadas.
Así los crotos recibieron esa tarde dos grandes peces bigotudos, uno de cerca de dos kilos, y el otro un poco menor, con lo que tuvieron pitanza asegurada para los tres días siguientes, esa noche mientras tomaban unos vasos de vino Bombara, Pierre levantando el vidrio expresó,
- Recuerdo París, mi ventana con nieve, y mi hermana cerca mio con sus trenzas rubias, y mi madre atrás diciendo cuidado, sin asomarse tanto, cierren que pueden resfriarse.
Manolo le contestó
- Estoy en el pueblo veo la chacra de abuelito Carmelo, juego con mis primos en un viejo sulky, y mi hermano mayor me dice, ayúdame que tenemos que buscar a la abuela Lola que no puede respirar bien, hay unos cigarros de chamico que mejoran su respiración, se lo prendemos querés ?
- Veo las campanas de Sacre Coeur, pasa una batimouche, y me duermo soñando con viajes y tierras extrañas como esta.
- Abuelito tiene miedo a los ladrones, y asegura que solo el joio Diaz puede robarle, maldice al ladrón, lo calmamos con Fachico. Ese moreno que hace las tareas menores de la chacra y es casi de nuestra edad.
- Pasan gitanos uno de ellos lanza fuego de su boca, ahora uno de ellos saca un sombrero y junta monedas, papá quiere darles algo y no encuentra en sus bolsillos, pide a mamá que le dice que no, que ese dinero lo precisamos.
- Hay en el pueblo fiesta, son las de la Sociedad Española, hay una velada teatral, actúa mi primo Carmelito. Tomo otro vino, no se si peor o mejor, pero distinto. He comido poco en dos días y me hace mal, quieren burlarse y me peleo con ellos, decido irme de ese pueblo de mierda, al otro día armo mi mono, tía Angela me da unos utensilios.
- Mamá muere, mi padre no oculta su pena, bebe demasiado, pelea con vecinos, se mofan de él, decido seguir solo mi camino.
- El tren me llama, siento que me dice vení Manolo, salto sobre un vagón, lleva crotos a la zafra, siento que es una oportunidad, llegar a Tucumán, con esos expertos vagabundos que conocen los caminos.
- Siento pena por mi hermana Edith pero me voy, llego al Havre, busco trabajo, tengo hambre, me llaman de ese barco, subo, se acaba de bajar el limpiador de sollados, me contratan.
- La Banda mi primer destino, bajo de ese tren gris, donde me toca hacer la comida para todos, siento que soy querido, sobre todo cuando gustan de mis especialidades, ese guiso simple pero necesario.
- El barco se llama Argentium y sale mañana para Recife, Santos y Buenos Aires.
- Me quieren, siento que encuentro mi lugar en el mundo, pertenezco a esa comunidad, quiero ser croto, y lo soy.
- Me bajo del barco en Buenos Aires, he sufrido humillaciones, tironeos por trabajos no realizados, y decido dejarlos, quiero ser argentino, pretendo seguir siendo libre, conozco en el el Puerto a los primeros crotos, les hablo en francés, pareciera que me entienden aunque se divierten, me admiran, me miman, decidí que quiero ser croto.
- Resuena una frase, mi hermano mayor Federico dice preocupado, que cuando el pozo se seca recién sabemos lo que vale el agua.
Así, con estas y otras confidencias, los dos duermen hasta el día siguiente, donde seguramente, al despertar de Manolo, ya estará propuesto por Pierre el itinerario del día.
Cuando el francés se despertó no encontró nada a su alrededor, solo las pertenencias de Manolo metidas en el mono, se desperezó, busco donde lavarse la cara y se acordó de esa canilla detrás de los vagones oxidados y para allá fue, en el camino vio llegar a su compañero, venía con una paquete de pan envuelto en una bolsa de papel strasa, y en la otra mano, una bolsa de yerba de arpillera, que en letras negras decía su origen y envasado, Apóstoles, Misiones, 1960. Pierre supo que debía traer agua para el desayuno y rápidamente le dijo a su compañero.
- Hoy podemos estar en Bahía, sale uno para Ing White
- A que hora
- Lo estaban preparando, pienso que a las diez
- Bueno hay tiempo de desayunar
Cuando Pierre volvió acicalado, el fuego consumía las ramitas y poco después comenzó la pava a ponerse más negra con el agua en su interior.
Desayunaron conservando las bases del silencio, como trataban de hacerlo, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, y tratando de sacar solamente lo que era común, por eso Manolo dijo casi al final del mañanero festín.
- Cuando podremos llegar a Solá
- Calculo que el jueves, porque tendremos un tramo a pié.
- Cuanto ?
- 20 a 30 kilómetros para hacer por la vía
- Acordate que tengo mal un menisco francés
- Si, podemos parar para dejarte descansar, mientras yo termino de leer, El ser y la nada de Sartré, que me tiene enganchado.
- Lo estuve hojeando, pero no se entiende nada
- El existencialismo teórico no es para vos Manolo, solo el practico te interesa, estos fueron los temas de mi tesis.
De pronto el pito les avisó que el tren llamaba a su tripulación, los crotos pusieron todo en sus lugares, acomodaron como agradeciendo la hospitalidad en los lugares que pernoctaron y salieron rápidamente para ubicarse en el vagón, que los llevaría a su próximo destino.
Había otros, saludaron pero como era su costumbre no intentaron conectarse con ellos, de todas formas el trayecto era corto pensaban, mientras el tren tocaba pito asombrando a vacas y terneros a su paso.
Manolo aprovechó para dormirse mientras Pierre cuidaba del lugar, él santafesino que era alondra se había levantado muy temprano, el francés un buho siempre tardaba en dormirse y se levantaba tarde aunque la luz invadiera el lugar donde dormían, costumbres que conservaban del mundo burgués, quizás estructuras genéticas las habían generado, y las mantenían en el mundo libre del vagabundo.
El tren comenzó a los veinte minutos a avanzar entre trigales, usando esa estridente sirena que parecía abrirles camino, mientras Manuel Angel Peramos dormitaba sobre unas viejas frazadas, que los crotos llamaban cobijas, Pierre, que había armado un cigarrillo fumaba agarrado a la puerta del vagón mientras miraba hacia fuera. Veía pasar los postes del telégrafo a una velocidad moderada y notaba como corría el agua debajo de los pequeños puentes realizados sobre los bañados. La primavera había llenado de verde el paisaje y Pierre Luc Saint Felicien sentía que no había un color mejor en la naturaleza, solo el amarillo del otoño lo acercaba. Había elegido bien su destino, y había momentos de felicidad racional como la que en ese momento vivía, que lo realizaba.
Manolo corrió a despertar a Pierre, estaban cerca del lugar que debían tirarse de la formación, era una curva porque el tren seguía para la Pampa y ellos iban a Lecube y de allí a pié a Solá, eran menos de veinte kilómetros, a lo mejor algún vehiculo de carga podría llevarlos por el polvoriento camino, sino con un día de marcha estarían en el destino.
Pierre había sido el encargado de llevar los libros y folletos anarquistas que le enviaban al herrero, le pesaba un poco y lo dificultaban para tirarse, pero era el precio que pagaría por la transmisión de conocimientos que necesitaban. Manolo llevaba las provisiones que se estaban acabando después de tres días de no poner nada, quizás en Lecube deberían acudir a los caritativos habitantes del lugar para aprovisionarse.
- Dios proveerá, decía el santafesino y siempre había tenido razón
- País generoso, decía el galo, apropiándose de una frase local.
Al llegar a la curva cercana y ya preparados, a una velocidad de veinte a treinta kilómetros por hora se tiraron, el francés realizó un salto impecable, Manolo tuvo que correr por los hinojos que circundaban la vía un poco más, trastabilló pero consiguió mantenerse. Estaban otra vez en la tierra y reanudando su marcha.
- Crotos del mundo uníos, gritaron al unísono
- Allá vamos gato negro, tiemble paladio, dijo Manolo
Desde la misma vía donde veían alejarse al tren que los había dejado y mirando hacia delante en forma recta se asomaban las torres de una Catedral, era raro en el medio de esa pampa agreste ver esas presencias, y pensaron en un lugar de gente muy devota, que utilizaba esa Iglesia diariamente para misas diarias o peregrinaciones. Creían que iban a llegar a un lugar de mucha piedad, y eso le interesaba al que debía reponer las vituallas. Cuando después de casi dos horas llegaron al pueblo se dieron cuenta que lo que faltaba en ese lugar era la gente. Raro pensaron los crotos, quizás la hora de esa siesta habitual atentaba contra esa concentración que imaginaban.
Se acercaron a la Iglesia, era impresionante, formidables los muros y admirables los vitraux, como estaba abierta entraron. Manolo, notó que estaba consagrada a la Virgen del Carmen, como él había sido monaguillo tenía una formación religiosa, formación que había decidido no continuar, porque las normas que acompañaban esas tareas no eran de su agrado.
Pierre dio una vuelta, descubrió los mármoles de Carrara, seguía impresionado, desde el campanario solo se veía campo. Una pocas casas alrededor de las que algunas parecían cerradas.
En una de sus vueltas apareció un hombre, era menudo, de hombros caídos y una vestimenta simple, tenía un jean y camisa de mangas cortas en un tono marrón que no acordaba con el resto, zapatos de suela de goma alto de una gamuza clara con cordones del mismo material.
- Soy el hermano Tomás Angel, dijo a los crotos con cordialidad
- Nosotros somos Manolo y Pierre y acabamos de admirarnos con esta especie de Catedral
- Parece Notre Dame, hermano
- Diríamos que es exuberante, es todo tan importante como lo ven, tiene un diseño similar a las europeas
- Impresionante, una obra magnífica, dijo Pierre
- Si quieren les cuento la historia
- Nos gustaría porque estamos asombrados
Así diciendo los crotos se acomodaron para escuchar y descansar del camino, y el hermano Angel conocedor de la historia comenzó.
- En 1852 un 21 de Abril, día del descubrimiento por los portugueses de Brasil en Goya, Corrientes nació un argentino notable a quien la historia ha olvidado y solo lo recuerdan los muros de esta Catedral.
El hombre era un tanto curioso, deseoso de aventuras y además de ser lo que hoy llamaríamos un emprendedor, tenía relaciones con el mandón de la época, un general que se llamaba Julio Argentino Roca, eso le permitió comprar en 1887 unas 50.000 hectáreas de campo. En estos lugares, no había absolutamente nada, y debía defenderlo de los avances de los indios, que asolaban la zona. Don Ramón, tenía unos treinta años cuando comenzó con sus primeros cultivos, querían alimentar a ciudades que ya crecían como Buenos Aires, Bahia Blanca y la mas cercana Azul, sabían que podrían hacerlo, que solo había que trabajar duro, de sol a sol, pero estaban dispuestos.
Con su capataz, don Eduardo Grahan, recorrían todas las tardes los nuevos y feraces campos, y planificaban la labor del día siguiente.
Pero esa tarde, la del evento que marcaría la vida de estos emprendedores, fue quizás la de la traición, unos indios feroces, dispuestos a continuar con su vida de alcohol y libaciones, decidieron capturar a los dos emprendedores y pedir por ellos un rescate. Cuando ellos vieron la embestida de los indios, empezaron la carrera hasta un refugio cercano donde podrían conseguir ayuda. Don Eduardo no llegó y fue herido mortalmente en la pelea, Ramón tuvo más suerte, su caballo trastabilló, y el hombre fue a parar hecho un ovillo entre unas vizcacheras que lo taparon, los indios lo buscaron, hasta que advirtieron presencia del blanco en las inmediaciones, mientras Ramón seguía rezando en su natural refugio.
Cuando llegaron a buscarlo y con la emoción y la alegría del momento, hubo promesas. Edificaría con los frutos ganados con su trabajo, un gran altar para honrar a la Virgen que lo había salvado, eso es hoy lo que ustedes están viendo, la maravilla que se terminó de construir en Agosto de 1912. Don Ramón proyectó los vitrales, determinó los santos y su ubicación, por eso, está destacado San Eduardo, en honor a su compañero, que fue mortalmente herido por esa lanza asesina de los indios, que aunque solo querían dinero, se llevaron vida.
Después aquí también hubo escuelas, para que niños indígenas crecieran en la fe, se integraran más a esta nueva sociedad, y aprendieran métodos más acertados para su subsistencia.
Si me acompañan les voy a llevar hasta el campanario, allí podrán ver parte del legado de don Lopez Lecube, los crotos vieron un grabado que decía “ Confortado con la fe cristiana llegué a estos campos el 8 de Noviembre de 1880 en los que logré mi felicidad”. R L L
Ahora estamos en la tarea de restaurar, y si ustedes pudieran estar interesados en colaborar, tenemos un poco de presupuesto, podríamos pagarles una suma por el esfuerzo, que sabemos es grande, que quizás pueda serles de utilidad.
- Yo conozco el tema de vitraux, he trabajado en la restauración de varios dijo Pierre.
- Te necesitamos hermano, y tu Manolo.
- Yo le cebaría mate y haría el puchero
- Misión importante si las hay, dijo el Hermano Angel
- Tenemos un tema pendiente
- Cual, pregunto el hermano
- Tenemos que llegar a Felipe Solá, y estar unos día con el herrero, del que solo sabemos le dicen el gato negro, después de eso podríamos volver por aquí trabajar en la restauración dos meses, no más que ese tiempo, ya que tenemos que ir a Chile para antes del cierre en invierno del paso del Cristo Redentor.
- Conozco al gato negro, una persona muy hábil con los hierros, nos ha hecho algunos trabajos, está en Felipe Solá, detrás de casa de forrajes.
- A la vuelta podríamos conversarlo entonces
- Bueno, Dios y el alma de Ramón Lopez Lecube se los agradecerán, pero no se borren.
- Déjenos pensar padre, no esperábamos ese ofrecimiento. Lo decidimos a nuestra vuelta.
- Bien de acuerdo, voy a hablar con alguien que va todos los días a Solá, para que los alcance en su camioneta.
A la mañana siguiente y después de haberse alojado en un costado del templo los linyeras salieron para el pueblo.
Los llevaba Ponciano, un empleado de ENTEL, guardahilos de la zona, que tomaba cuenta del estado de un cable que corría paralelo a la vía, y que permitía la transmisión de señales codificadas para trasmitir, palabras, letras y palabras de gente, esas mismas que se suman y atrás de ellas despiertan emociones.
El viaje fue corto, y a la presentación de los hombres en la herrería, sucedió el entendimiento del significado del sobrenombre del gato negro para el herrero. El hombre era muy cordial, se había alegrado de esa advertida llegada de los crotos, pero tenía algo por lo que era difícil para cualquiera retribuir afecto y eso era su falta de limpieza.
Todos los pedacitos de carbón que saltaban de su fragua estaban alojados en el cuello del gato, que se llamaba Simón, había llegado al pueblo huyendo de su pasado anarquista, poco después del atentado a Ramón Falcón, si bien el no había participado, la caza de brujas desatada, lo había expulsado de la Boca, y así había llegado a Bahía Blanca. Después una oferta laboral y la posibilidad de establecerse, aún sin familia, solo con Eusebia su compañera, una matrona de caderas amplias, dueña de la casa, donde en su galpón, el herrero instaló su fragua, una mujer que confeccionaba muy bien empanadas tucumanas, y soportaba el cuero negro de Simón sin intentar su limpieza.
Pierre después de los saludos le avisó que tenían para él un material que enviaban de Bahía, cuando estuvo el herrero un poco mas presentable le pidió que se lo alcanzara, lo miró con dedicación y espetó
- Estos creen que con estas pavadas podemos dominar el mundo, y la verdad es, que cada día somos más ninguneados por el capital, ya ni siquiera la policía nos molesta.Y esa es la mayor señal de nuestra intrascendencia.
- Quédese tranquilo, que cualquier cosa lo integramos a nuestro negocio
- La verdad es que hoy, como está la vida, lo único que me interesa es vivir tranquilo, después de la caída del muro no es fácil pensar en una revolución, la gente está en la suya y mientras los sistemas sociales le den algunas migajas, va a ser muy difícil.
- Donde quedó nuestra fraternidad, libertad e igualdad, solo los crotos la cumplimos, y no siempre.
- En Bahía, La Nueva Provincia hace cien años que les lava la cabeza a todos con sus editoriales
- Cosa que en Rosario hace La Capital, dijo Manolo.
- En mi país, la libertad sigue siendo una utopía, y la fraternidad una entelequia, aseguró el francés.
- Bueno después de la picada comenzamos con la fusión del Paladio.
- Cest la vie
Los crotos se acomodaron, hacía rato que no frecuentaban mesa con una dama, el ejercicio de esta actividad convertía al hombre en misógino. Un ser humano con contactos del mismo género, era imposible que una mujer en su sano juicio, aceptara un romance aunque fuera transitorio, con un hombre trashumante, y con esa pasión viajera tan dominante.
Sabemos, que por su visión de la vida, la mujer arremete contra toda aquella actividad que supone que pueda gustarle al hombre, celos, competencia o ganas de jorobar decían.
La comida y la bebida simplemente fue colocada sobre el mantel de hule rojo con cuadros amarillos, y la conversación del francés giró sobre otras geografías, otras realidades y las mismas necesidades del ser humano.
El gato negro, era un hombre ameno, que conocía bien toda la geografía y la idiosincrasia del país, por ello, cuando hablaba, los crotos lo escuchaban con atención, pues conocía lugares a los que ellos siempre estaban pensando llegar, el conocimiento de pueblos extraños, comienza en el croto, a ser como un bichito que pica cada día, y despierta curiosidades, que el trashumante no puede ignorar.
La mujer, a la que el herrero llamaba Eulogia, era viuda de un ferroviario de la zona, que le había dejado esa casa, no habían tenido hijos y maldecía la soledad, hablaba del Norte, donde había nacido, decía que podía cantar algunas coplas, y para demostrarle al francés la utilidad de las mismas, se despachó acompañada con caja chayera que desempolvó, con una que decía.
- Yo me voy para Bolivia
- Quiero bailar taquirari
- Si no responde mi burro
- Me compraré una Ferrari
Y siguió entusiasmada entonando con acento afinado otra
- La ovejita que yo cuido
- Es blanca como algodón
- Si se acerca mucho al agua
- Hay que darle un empujón.
El francés que había tomado un poco de vino de la damajuana presentada quiso emular a Aznavour y respondió
- Quien, cuando yo me ausente, va a cruzar el puente que mandé cerrar…
Manolo, que había sido menos discreto en la custodia de la damajuana, aseguraba que en Rosario estaban los mejores cantores, y decía, que solo con Alfredo Beluschi, contaban con lo mejor del tango, así amago con pedacitos de Pasional y Cuartito azul.
De golpe el sueño venció al herrero, que lanzó una especie de ronquido advirtiendo a los demás que se había levantado muy temprano, también, que podíamos proseguir después de la siesta. Interrogó a los crotos sobre su agenda de días próximos, y les aseguró que él, necesitaba para que cumplieran con su aprendizaje, de compactar el metal precioso, unas diez horas. Decidieron empezar esa misma tarde.
La pareja se ubicó en la casa, y los linyeras se acomodaron en el galpón, que era un lugar amplio y aireado, con comodidades que seguramente habían sido utilizadas, tenían, a su disposición, un cuartito mediano, que el herrero utilizaba como escritorio, y adonde habían sido convenientemente ubicados los panfletos.
El pueblo entero dormía a la hora de la siesta, solo el francés decidió dar una vuelta por ese lugar, que le resultaba tan extraño como cercano, tenía la sensación de haber estado allí, gozaba de esa paz adorable. En su paseo de investigación decidió llegar hasta el cementerio, ese lugar donde estaban descansando, aquellos que habían hecho de este lugar, el pequeño paraíso que estaban disfrutando, por toda esa causalidad que le llegaba desde lo más profundo de sus sentimientos, esos que les costaba tanto manifestar.
Al final del pueblo, vio una pequeña casa, con aire de los años cincuenta, esas casitas que resultaban tan típicas en la época, con esas tejas coloniales españolas y las puertas de madera tallada, casi buriladas, que significaban el único lujo que el propietario colocaba, un poco para diferenciarla de otras, vio que asomaba una cabeza, cuyas características eran normales, pelo corto, pantalón blanco, y con un pilotín azul a pesar del calor reinante. Cuando Pierre lo vio no pudo menos que demostrar un poco de curiosidad, ante ese hombre que lo miraba desorbitado, y situándose delante le dijo.
- Capitán Zárate, viene de parte del capitán no? Estaba por presentarme, le juro que me iba a presentar en la Base el lunes. Estaba unos días aquí por el cumpleaños de mi hermana, pero le juro que podemos volver juntos sino me cree.
- Yo no soy tu capitán muchacho, te juro que soy un linyera, un trashumante que llegó de casualidad a este pueblo
- Pase Señor, tengo el mate listo, gusta unos amargos?
- Bien te acompaño
Allí el francés entre sorprendido y divertido escuchó la confesión del muchacho.
- Antes que nada, voy a pedirle discreción absoluta sobre lo que voy a contarle, soy un desertor de la Armada Argentina, y eso en este país se paga con muchos años de cárcel.
Era hasta hace dos años, un colimba, en el Campo Sarmiento de la Base Naval que está en Punta Alta, después de la instrucción reglamentaria me trasladaron a un cuerpo de Electricidad Naval donde estaba gozando de la tranquilidad que da el conocimiento de alguna especialidad, pero ocurrió lo peor que puede pasar entre argentinos, quedé dentro de una guerra cruenta donde los protagonistas luchaban por porciones de poder político.
La guerra la ejecutaban los marinos contra los aviadores y los de tierra, pero no eran solo profesionales los que peleaban.
Yo tenía un hermano en la aviación y ellos querían que nosotros, hermanos de sangre, hijos de la misma madre, peleáramos por ellos, aunque nos fuera la vida en la contienda.
La triste y dolorosa contienda se llamaba azules contra colorados.
Por la tarde nos cargaron en un camión, y fuimos hasta un lugar cercano a Baterías, cuando bajamos, nos dimos cuenta que debíamos ingresar a ese hoyo cavado en la tierra, donde sobresalía al exterior, ese grueso caño de ametralladora pesada. De un cañón que llamaban Bosford. Era un moderno instrumento de muerte, hecho para tirar a los aviones que podían atreverse a pasar por ese pedazo de cielo, un cielo tan argentino como todos los que allí estábamos.
Bajando la escalerita del pozo encontré a dos colimbas jugando una partida de truco, mi primera reacción fue la de volverme, pero adonde, el camión había partido y un zumbo gordo estaba fumando un pucho al lado de las ramas que disimulaban la entrada.
Comencé un escueto diálogo con el uniformado.
- Suboficial, que tengo que hacer aquí
- Dentro de una hora vendrán los instructores
- Pero, cual es la consigna
- Bueno, si pasa un avión le tiramos
- Que le tiramos ?
- Esas balas que ves allí, tenemos que bajar a esas mierdas
- Porque hay que matarlos ?
- Porque nos quieren quitar la base ?
- Esta seguro suboficial ?
- Si pibe, son unos cabrones los azules de mierda, solo los colorados salvaremos este país, creeme.
- Pero si son argentinos también
- Si pero unos hijos de perra, me lo dijo el comandante, son unos mantequitas con uniforme del ejercito, sabes que pasó esta mañana en Magdalena ?.
- No, que paso ?
- Los hicieron mierda a todos, solo porque no se quisieron rendir, más de veinte muertos hay, los azules son unos soretes, blandos de mierda.
Pensé en mi hermano al que le llevaba solo un año y estaba haciendo la carrera militar en Aviación, sentí que este conflicto no solo nos enfrentaba, sino que podría hasta matarnos a uno contra el otro y pensé que debía irme, desertar. No quiero morir ni matar, señor quiero ser libre.
- Bueno muchacho aquí estas a salvo, yo soy francés y no conozco mucho la historia argentina, pero seguro que se va a resolver, los conflictos en todas partes son temas de intereses.
- Yo, quiero seguir acá que nadie me ve, esta es la casa de mi abuela
- Seguro, una pregunta el cementerio es aquel que se ve allí.
- Si siga derecho y le agradezco eh
- Sabes muchacho, que un poco nos parecemos
- Si por que ?
- Porque los dos, aceptamos la soledad existencial hasta entenderla como ese mal menor, hacete croto muchacho y volverás a tener sueños.
- Gracias francés lo voy a pensar, que termine bien el día
- Una pregunta, piensas presentarte a la Marina?
- No, ni lo pienso, de acá me van a agarrar de nuevo.El movimiento que acompañaba al de acá, ya era muy conocido, por eso el francés salió de la casa pensando que adentro quedaban los sentimientos negativos, las miserias y las angustias de un hombre. El cielo de esa pampa bonaerense lo iluminaba todo, hasta los resentimientos, también los miedos, hasta esas contiendas bizarras que pertenecerían un día a la historia.
Cuanta muerte causada, cuantos dolores sobre esa tierra que tenía el recuerdo de generales empujando salvajes, salvajes tratando de expulsar milicos y sembradores, y trigales que crecían sobre huesos y osamentas de pobladores, de gente que solo quería ser feliz, aunque solo fuera en retazos.
Todo era pasado, como ese camposanto, al que llegaba para mostrar en esa cordialidad con la muerte, esa rara ostentación, mostrada en los edificios suntuarios que albergaban cuerpos sin vida, el croto pensó en usarlos para continuar su vida y se rió, eso significaría establecerse, dejar de ser nómada y pensó en sintonía con el ex colimba.
- De acá me van a agarrar de nuevo
Desde el final del cementerio se veía una impresionante escena de vida, unos avestruces jugaban con una especie de atado, picoteándolo a su turno, uno y otro animal, por momentos lo aseguraban, corriendo con él hasta que lo perdían e intentaban recuperarlo, el europeo se maravilló ante lo agreste del paisaje.
Cuando Pierre Luc volvió a la casa herrería, Manuel Angel ya estaba acomodando los utensilios, había preparado unos papeles para anotar los conocimientos que el viejo anarquista iba a trasmitirles, todos conocimientos empíricos, adquiridos en sus tareas anteriores, que los crotos iban a necesitar para disimular ese paladio que debía comenzar a circular entre Argentina y Chile, y quizás extender también a Brasil donde una incipiente industria de las telecomunicaciones lo hacía vital y de gran precio, todo estaba en camino y la esperanza de los crotos continuaba, su vida azarosa también.
Esa tarde, y casi hasta la noche, estuvieron los tres trabajando, hasta que el gato les pidió que lo ayudaran a terminar una reja que debía entregar al día siguiente, los crotos se dividieron las tareas, Manolo fue a preparar la cena con ese guiso carrero que era su especialidad y Pierre prendió la fragua. Para comenzar, con esos firuletes que le darían al hierro, esas formas elegantes, que permitían gustar del trabajo.
El francés, era un tipo ingenioso, que podía vivir de tareas diferentes, pero tenía algunos problemas con su relación con el trabajo, y le gustaba contrariar a los que querían hacer de él una persona útil, como la llamaban, causando su gracia desmedida. Le gustaba más, eso de cambiar conocimientos por trabajo, trocar, queriendo hacerlo, sin obligaciones, sin presiones.
El solía contar como se relacionaba con el dinero. Diciendo que una vez había oído que el dinero hablaba a la gente, él había tenido esa experiencia, pero lo que había oído no le había gustado, escuchó que le decían simplemente, adiós.
Después de la cena, el maestro expresó, que al día siguiente, si usaban todo el día, podrían terminar, y así por la mañana del próximo. los crotos podrían volver a Lecube. El gato, les conseguiría un traslado en camión que repartía hielo en Solá, si lo hacían temprano, podrían hacerlo, en la parte de atrás de un camión, que iba vacío, hacia Bahía Blanca.
Fue intensa la actividad del día siguiente, a pesar que a la herrería le llegaron unos trabajos el gato negro, los dejó para el día siguiente, porque estaba muy motivado con trasmitir sus conocimientos, se sentía parte de un proyecto, que podría reivindicar a los crotos en lo económico. y lo demostraba poniendo el hombro. Pierre anotaba en su cuaderno todo lo que decían. mientras Peramos cebaba mate, atendiendo por partes, iniciando la comida, y ayudando en las tareas domésticas, los linyeras se habían integrado, con éxito a la vida de la pareja. Eulogia, prometió empanadas de carne y de mondongo, para la cena de despedida, y Manolo dijo que el se iba a ocupar del postre, con ese propósito, salió, para comprar los ingredientes, de un buen alfajor santafesino, ese que algunos llamaban alfajor Rogel y que para él era como un merengo.
Los crotos, cuando terminaron las tareas, decidieron pegarse un baño y lavarse la ropa que se sacaban, aunque tuvieran que llevarla media húmeda, o secarla en su próximo campamento.
La comida fue una verdadera cita en el Olimpo para los cuatro, no solo las empanadas sabían bien, también el postre podía confundirse con esa ambrosia de la que no queda más memoria que la que los dioses refirieron en sus citas a Ovidio. El vino era el Michel Torino blanco que con su sabor frutado acompañaba tan bien esas vituallas. Cuando Manolo apareció con el alfajor grande y blanco, con ese baño de azúcar impalpable, todas las miradas se dirigieron hacia el. Los elogios de todos en la sobremesa fueron totales, y los crotos, contaron sus planes sin reservas, como tenían pensadas sus estrategias, y como iban a tratar de disimular el metal para enviarlo hacia Argentina. Así cuando tuvieran el dinero de esta primera operación, llevarían a Perú por el Pacífico, y a Brasil por Bolivia nuevas cargas, que iban a aumentar sus ganancias. Todas las esperanzas puestas en el negocio que estaba cada vez más cerca y con la cercanía de la acción en sus bagajes.
La despedida, fue sencilla, los trashumantes agradeciendo los esfuerzos, y los locales que volvían a quedarse solos y aburridos, quizás con la necesidad de conversar esos temas intrascendentes, con los sentimientos típicos de los que deber regresar a su chata existencia.
El camión dio tres bocinazos, y allá salieron los hombres, que hasta ese momento habían olvidado la promesa de la restauración de la Catedral, hecha al hermano Ángel, en el camino, lo fueron pensando, eso los demoraría unas semanas en sus planes, pero les daría un dinero de respaldo que podría servirles ante cualquier eventualidad. Si bien, ellos eran devotos convencidos de que Dios proveerá, una pequeña demora no los retrasaría demasiado. Además, volverían a tener durante ese tiempo, casa y comida, y al final si los fondos les alcanzaban, podrían comprar algunas ropas, que les darían un aire diferente a sus trazas, y mejoraría las tareas que iban a emprender.
Decidieron parar en Lecube, y allí analizar el ofrecimiento, si les interesaba, quedarse, así lo hicieron y cuando fueron a conversar con el hermano Ángel, este los convenció de la importancia histórica de la tarea. Los crotos entonces, comenzaron por ver los elementos con que contarían para hacer el trabajo, y así observaron los pinceles, los soldadores, los vidrios de colores, las rejas, que tendrían que amurar una vez restaurados, y para proteger, los vitraux, las escaleras y andamios que usarían. Estaba todo, y comenzarían la tarea esa tarde, también la paga diaria fue aceptada, un estipendio general, aunque las tareas fueran diferentes ya que tu primo. Manolo, sería el ayudante del francés, que conocía el trabajo de restauración y asumía la obligación de cada una de las etapas que se programaron.
Los trashumantes habían transigido, en forma inexplicable, habían cambiado y aceptado entrar, dentro de ese mundo, donde se canjea trabajo por libertad. La pregunta es si habían madurado, o estaban tan esperanzados en el ingreso a un mundo burgués que despreciaban. Así trocaban ideales por fe y esperanza ¿ Eran tan creyentes como para sentir que su tarea salvando las distancias sería similar a la de Miguel Angel Buonarroti, debiendo el hermano Ángel representar al Papa Clemente, en las disquisiciones intelectuales que se presentaran durante la obra ? Insondables misterios que se presentaban y que formaba parte de ese movimiento que se demuestra andando.
Pierre, que contaba con cierta experiencia, pues había sido un ayudante experto en la restauración de parte de una pequeña capilla del barrio Latino había tomado la iniciativa, y comenzaba la tarea dando órdenes a su único ayudante, el consagrado chef y hoy cebador de mates y limpiador de pinceles, el santafesino de Villada Manuel Ángel Peramos, entre tantos cabildeos que permite el inicio de las tareas lanzó el francés el primero de sus chascarrillos.
- Querido amigo, preguntémonos que nos dará una auténtica felicidad, analicemos nuestras respuestas y luego hagamos lo necesario para alcanzarla. No debemos no hacerlo, estará prohibido. Ahora Manolo con la tarea indicada comenzar..
- Seamos felices vivos, pues deberemos pasar mucho tiempo muertos, dijo Manolo expresivamente
- Esperemos el momento especial, en que este trabajo se convierta en nuestro ocio, aunque supongo que cuando eso ocurra estaremos muy cerca de terminarlo.
- Si esto fuera tan bueno francés, seguro que deberíamos hacerlo gratis.
- En la vida todo tiene un precio Manolito, hay un precio por no trabajar, y hay otro que puede resultar más caro por trabajar demasiado duro, elijo como norma de vida, o como una alternativa ante la muerte, el primero.
Así. comenzaron las tareas los linyeras de ayer devenidos en lúmpenes proletarios en el hoy, sin seguridad de inserción social para el mañana.
Los escasos habitantes de López Lecube que los vieron trabajar tienen todavía en su retina el recuerdo de esos dos individuos que subían y bajaban de andamios, que soldaban con plomo los cristales sustituyendo tanto los rotos como esos desgastados de la construcción, que ahora asomaban rejuvenecidos y rozagantes. Sabían que al terminar con esa tarea deberían ponerle rejas, las que habían llegado de la Herrería del gato negro, en el exterior, como una protección, para evitar los nuevos piedrazas de vándalos, o de esos adolescentes, que veraneaban muchas veces en el pueblo sin tener mucho que hacer durante su descanso, y para, los que los hermosos vitrales, eran un motivo de descarga emotiva.
Cuantos recuerdos traían para el hermano Ángel esos vitraux, el conseguía entender la sensibilidad del artista que los había confeccionado, y notaba el amor con que estos dos marginados trataban esas obras. Estaba seguro ahora, que había sido un designio divino, la llegada de este par de crotos, que su tarea debería ser recompensada por sus esfuerzos.
La primer semana fue muy intensa, y los dos trabajaban casi a la par, al mediodía Manolo salía a hacer mandados, y preparaba una comida que después calentaría por la noche. Esa mañana, el chef había conseguido de una vecina una docena de huevos, y con una bolsa de papas que les había acercado el hermano franciscano, y con dos de un kilo de cebollas compradas, inició una tortilla exuberante en una lata de dulce de batata, era hermosa y cuando estuvo terminada, y colocó para enfriar, Manolo, debió salir para conseguir estaño y resina para las soldaduras.
Al salir llegó un visitante inesperado que dirigiéndose al francés lo espetó.
- Teniente, tendrá algo para comer que hace dos días que no pruebo bocado.
- Espera que bajo, dijo Pierre, descendiendo del andamio
- Se acuerda de mí soy el desertor de la Base Naval
- Si, que haces por aquí ?
- Dejé mi guarida, porque tuve que llamar por teléfono a mi hermano en San Luis
- Si quieres puedes llevarte la tortilla, dijo generosamente el francés
- Gracias señor, se lo agradezco mucho
Allá salió el muchacho muy contento, y Pierre Luc, decidió, que era el momento del descanso, cuando Manolo llegó y fue enterado del acto, se mostró un poco furioso, y le aseguró al francés que si quería comer debía ahora hacerse cargo de la comida, y comenzó a fumar en un costado del templo.
- A ver Manolito, tienes allí para fabricar otra tortilla, cual es el problema?
- El problema es que no tengo ganas de hacerla de nuevo
- Pues bien, la haré yo entonces
Manolo seguía con el ceño fruncido cuando el francés regresó con otras cinco cebollas y comenzó la tarea, cuando terminó, la tortilla, era hasta un poco mejor que la anterior, y comenzaron una forzada conversación fraterna, que dio lugar a confidencias de Pierre.
- Manolo, quizás no estés contento con mi acto, pero tuve un sentimiento de caridad muy fuerte, no hay nada que me preocupe más que ver a un ser humano con hambre.
- Y nosotros no hemos pasado muchas veces por eso ?
- Si, pero yo creo que nosotros somos especiales para ese sufrimiento, podemos asimilar mucho más racionalmente esa sensación, además sabemos, que duele menos al día siguiente, y que disminuye la sensación de hambre cuando lo aceptas voluntariamente.
- Creo, que sabemos acostumbrarnos mejor
- Quería contarte como me siento, nervioso y arrinconado con la tarea, y como mi otro Pierre se debate entre quedarse y continuar esto, quizás quiera huir de esta sensación de domicilio fijo en la que estamos
- Yo también siento esa sensación de no poder volar
- Siento que mis antepasados nómades me miran con tristeza
- Sabes que significa nómada?
- Si viene de pasto, de pastoreo, de ese pastor que necesita de pastos para sus ovejas y que cuando se lo comen debe emigrar para buscar otras praderas.
- Pienso en esas primeras ciudades, como Ur o Uruk. y sigo pensando como poder vivir en ellas, suerte. que aquí estamos en un lugar en el que solo llegando hasta el campanario podemos ver trigales dorados, y hasta ñandúes coqueteando.
- Sedentarismo de ciudad, de esa alimaña que no soporto.
El francés, siguió pensando en sus dos destinos enlazados por ese afán libertad que los unía, en esa mezcla de fantasía y realización que les daba, cada lugar que alcanzaban, después de planearlos. Era un tipo con mucho carisma, un carisma que sacaba con cuentagotas, pero que se notaba en su creatividad, en sus emocionados recuerdos, y en un vital entusiasmo que seducía a quien lo frecuentaba, pero que el con su distancia trataba de no mostrarse fácilmente. Siguió diciendo
- Nadie como nosotros los nómades cultivamos la pereza, hacemos de ella ese ocio creativo que la humanidad necesita, aunque cada vez nos necesite menos. Para Platón el ocio era una actividad superior al trabajo, una actividad que solo alejaba al hombre de la verdad. Podemos esta tarde tomar un descanso porque hemos completado en esta semana, casi la mitad de todo el trabajo, y quisiera, después de una siesta bañarme en el arroyo, ah y que me cortés un poco el cabello.
- Bien, estaba esperando un día de holganza, acepto
Cuando el franciscano llegó a supervisar las tareas del día, y no los encontró, sintió un poco de miedo, solo se calmó después de notar que estaban allí las ollas y parte de la cena, a la que agregó un pan casero que le había traído un feligrés que se había confesado. El religioso también se preocupó pues había gastado el dinero de la paga de los dos hombres, y solo tendría cheques para el mes siguiente, pero aún pensando en el tema, supo que podría resolverlo la semana próxima.
Si la actividad de la semana anterior había sido intensa, la de los días posteriores, fue mayor, seguramente los nómades con su conversación en el río hayan acelerado las ganas de irse, las ganas inaguantables de continuar en ese movimiento, sin culpas.
- Manolo que tiene de bueno contar con muchas cosas si solo puedes usarlas cuando no trabajas, dime, contesta?
- Lo bueno es cuando sales de vacaciones
- Y que haces allí
- Descansas
- Pero si eso es lo nosotros hacemos todos los días.
- Menos los que pasamos con el fraile
- Estoy hasta las narices de trabajo, esto me llega ya sabes hasta donde ?
- Hasta donde me llega a mí seguramente
- Terminemos con esta farsa, mezcla de egocentrismo e histrionismo, y vamos a lo nuestro entonces
Comenzaron a repartir tareas y especializarse en el trabajo, Manolo era hábil para colocar las rejas, y de esa forma lo hicieron más rápido de lo que pensaban, entonces Pierre solo dedicaba su tiempo a los vitrales que estaban quedando formidables.
Después de unos días, con parte de noches de trabajo, se oyó exclamar.
- Trabajar es humano, haraganear divino
Grito Pierre con su última soldadura, mandando a Manolo a buscar al fraile, para que les pagara, y así poder retirarse, con todo el honor que las circunstancias exigían. El capuchino les pidió a los crotos unos días de paciencia para conseguirles la paga y les elogió la disposición y la eficiencia del trabajo. Pierre no estaba de acuerdo con quedarse pero Peramos terció para convencerlo, el pedido fue hecho solo hasta el día siguiente.
Con la llegada de ese nuevo día, el cura, visitó a un fuerte hacendado de la zona, consiguiendo el dinero, solo al verlo llegar los crotos cargaron sus monos, y salieron rumbo a la estación del pueblo casi corriendo, al comenzar a caminar al lado del hilo del telégrafo, una sonrisa de satisfacción se noto en los dos trashumantes.
- Vuelvo a ser feliz, dijo Pierre
- Y yo te acompaño en ese sentimiento
La caminata hacia Bahía Blanca continuó en forma tan enérgica como silenciosa , fueron pocas las palabras que cambiaron, tenían setenta kilómetros de regular marcha y debían decidir solo donde paraban, lo demás llegaría por añadidura, el camino era para ellos tanto su verdad como su vida.
En el alto de la primer noche. el francés le dijo a Manolo. Quería repetirte los versos de Calderón que recordé, al regalar esa tortilla, que tanto me gustaría tener ahora.
- Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba, que solo se sustentaba de unas yerbas que cogía. Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo ?, y cuando el rostro volvió, halló la respuesta viendo, que iba otro sabio cogiendo, las hojas que él arrojó.
Manolo recogió la apuesta y le dijo. Voy a decirte otros versos, de mis tíos los Álvarez Quintero.
- Según todas las señales
- cuanto el mundo ha de rodar
- Para poder nivelar
- Las diferencias sociales
- Bajo la lumbre de hoguera
- De un sol vivo, y casi en cueros
- Yo he visto a varios obreros
- Sudando en la carretera
- Y aun me quejo
- Porque al romper la mañana
- Toca el sol en mi ventana
- Y me despierta el reflejo
Con estas palabras, que recordaban su suerte en ese mundo casi irreal del afortunado desposeído, los crotos, tácitamente, y casi al unísono, dieron por cerrado su disidencia pasándola al recuerdo.
Unos días después y sin que hubiera pasado ningún tren carguero por esa vía, divisaron las destilerías de petróleo de la entrada de Bahía Blanca, y recién allí supieron que estaban más cerca de su destino.
El Ferrocarril que los crotos necesitaban tomar era el de Puerto Belgrano, que llegaba también a Bahía y atravesando parte de la Provincia de Buenos Aires llegaba al sur santafesino y terminaba en Rosario, por supuesto los dos querían subir a un vagón de carga. Poco antes de llegar a Rosario se bajaron, y así combinando con otra formación, fue como llegaron a Villada, decidieron parar unos días en el pueblo de Manolo. El tenía sentimientos encontrados, quería saludar pero también quería evitar ser visto, quería contar su nuevo emprendimiento pero por otra parte su inseguridad lo llevaba a ocultarlo. Creo que por eso Peramos me lo contó solo a mí, para que vos, en definitiva, te enteraras.
Yo también al conocer esta aventura de mi primo tuve sentimientos encontrados, sé que siempre lo quise a mi primo vagabundo, pero también a veces lo negué, lo ignoré, pasé sin verlo, no fui capaz de asumir su marginación que era también la única forma de vida para él. Ahora que los dos somos grandes como para entender la historia estoy aquí tratando de contarla. También el relato tiene que ver con la promesa hecha al jefe de la estación. Le dije que iba a escribirla con todas mis limitaciones que quizás resulten poco atractivas pero que trataría de incorporar los sentimientos importantes de los participantes.
Quiero terminar la misma con algunos supuestos, porque aquí termina el relato que conocí. Supe en algún momento y por otros crotos, a los que intentaba proteger cuando pasaban por la estación. Fueron ellos los que me contaron que Pierre y Manolo llegaron a Chile, también sé que mi primo regreso a Argentina porque ellos lo habían visto en una Cupé Fuego, paseando con unas chicas alegres en Mendoza, también supe que le preguntaron por el francés y les contó que había embarcado en un barco de pasajeros hacia Marsella, cuando partió, dijo que quería ver las rubias trenzas de su hermana y luego tomaría el transiberiano y pasaría un año sabático, que descansaría cerca de las estepas por un tiempo.
Manolo no volvió, y hoy recuerdo de el sus guisos de pescado, el día que le enseñé mi primer hijo y lo celebramos con huevos fritos y vino moscatel, su alegría de vivir cada una de sus partidas.
Quizás debería buscarlo más, a lo mejor está más cerca de lo que pienso, pero me molestaría encontrarlo a través de una guía telefónica o un listado de deudores de Rentas, o saber que está en el último numero de la revista Fortune, prefiero recordarlo como recuerdo a Walt Disney, como si se hubiera congelado en las palabras de esta historia, recordarlo como lo conocí, como ese hijo pródigo al que la vida lo llevó lejos, tan lejos, que no consiguió volver.
Desde la estación ferroviaria, y mirando hacia la derecha, se veía claramente, el camino que marcaban esos durmientes de madera dura que sostenían las vías férreas, Mirando para el otro lado, la casilla del auxiliar sobresalía de un lado, Los galpones, semiabiertos y con el movimiento de los peones entrando y saliendo, le daban ese aspecto bullicioso, que continuaba hasta después del mediodía.
Los dos cuerpos ya iban desapareciendo, en el horizonte se veía el recorte del mono de uno, y se imaginaba en su atado, a esos siete recipientes esenciales que cargan estos personajes de la vía, y de los caminos de hierro, los crotos. Me volví a preguntarle a don Pedro Caro, el voluminoso jefe de la Estación que cosa había conversado con ellos.
- Carmelo, te interesa saber en que andaba tu primo no?
- Si porque quería llevarle noticias a tía Carmen
- Bueno, pone para cebar unos mates que te cuento
- Espere un poco Don Pedro, que atiendo el telégrafo y nos juntamos
- A las dos y media entonces, preparo mi pipa y charlamos
- Se fueron para Venado Tuerto ahora
- Si ,el tipo ese raro que anda con el, tiene amigos en la zona
- Que cosa debe ser croto no ? Que raro destino
Con esa última reflexión, puedo decir que postergue, esa conversación con el jefe de la Estación, y regresé así a mis tareas, que eran muchas. Todas en esa estación de ferrocarril de ese pueblo santafesino donde había nacido y estaba dejando raíces. Me quedé pensando en esa denominación argentina tan extraña de definir a un vagabundo como un croto.
Sus orígenes la había dado una ley impulsada por un señor, José Camilo Croto, gobernador de la provincia más importante del país, Buenos Aires, ante la manifiesta necesidad de mano de obra golondrina, que local o importada, requería de movilizarse en los trenes de carga, trenes donde se trasportaba la carga de granos hacia los puertos de salida al mundo
Atrás de todo ese avance. Habíanse sumado una serie de personajes, con manifiestas necesidades de movilidad, algunos sin ocupación, buscando un destino, a veces sin familia conocida, pero que trabajaban solo lo necesario para subsistir.
Eran gente trashumante, sociales, con esos ideales libertarios y siguiendo esas ideas que había legado la famosa revolución francesa, gente diversa, variopinta quizás, entre las que se intentaba insertarse un primo mío, Manolo Peramos Quintero, eximio cocinero de grandes comilonas y animador soberano de la preparación del banquete, y a veces de la sobremesa, un gourmet del subdesarrollo, simpático, compadrón, sabelotodo, hasta que el alcohol terminara de convertirlo de chistoso simpático, en un peleador con veleidades de buscaroña.
En este caso mi primo había pasado por el pueblo y le había referido al jefe de la estación esta historia, a quien también le había pedido un favor, o una gauchada como el refería, la que para mí resultaba desconocida. También le había referido sus últimas aventuras en compañía de Pierre. Un personaje importado de París, que llevaba a ultranza las ideas de libertad igualdad y fraternidad en esta pampa. Supe después que habían andado trabajando en lugares cercanos a Bahía Blanca. Donde estaba ubicada la base Naval, y contaban con unos pesos para iniciar una aventura trasandina, intentarían llegar al Pacifico, donde Manolo aseguraba, que podría fácilmente introducir un contrabando del material precioso.
Precioso y tan preciado, que les permitiría a los dos, vivir sin trabajar el resto de su vida. Para eso necesitarían de ese capital que llevaban guardado en algún lado, porque la ley Croto los protegería hasta un poco más allá de Las Cuevas en Mendoza, después deberían pagar sus pasajes y cubrir sus gastos, que aunque económicos, podrían ser para sus ingresos importantes. Además en Chile no sería fácil conseguir un trabajo de escasa calificación y poco tiempo.
Quería saber de su vida, no tanto por curiosidad, sino para llevarle, de alguna manera a la tía Carmen, la hermana de mi madre, que siempre sufría por esa oveja, a la que consideraba descarriada, sus andanzas. Ya que supiera que estaba vivo era importante para ella. Aunque no tanto para sus hermanos, que con su llegada veían siempre aproximarse el mangazo, el sufrimiento callado de la madre, y las culpas compartidas por ese hermano, que como el hijo pródigo, pidió su parte y se largó a tierras extrañas.
Cuando venía con el mate, al que le había agregado yuyos serranos en la mano, lo vi pasar a Don Pedro que iba para el telégrafo, con la pipa humeando. Era típicamente un jefe, tenía presencia y conocimientos ferroviarios, físicamente fuerte, era capaz de expulsar de sus dominios a cualquiera que no acatara su ley, tenía una incipiente calva, tapada con una gorra. Y sobresalía un grueso cuello, sobre el que colgaba un medallón con el escudo argentino.
El jefe se sentó, sacó su gorra secando la calva traspirada, después acomodó los instrumentos que rodeaban al equipo de trasmisión del telégrafo, el punto más imprescindible de su tarea, y comenzó su relato.
- Estos dos crotos, tu primo y el francés, han logrado complementarse muy bien, y por eso creen que están para hazañas mayores, han decidido invertir lo ganado hasta ahora en esta nueva aventura trasandina que los puede convertir en burgueses, tan despreciables, como los que ellos mismos desprecian.
- Pero Don Pedro que le pidieron?
- Que les mandara unos telegramas a contactos en la zona, porque deben preparar el terreno para traer desde Chile, unos bultos con material que se usa aquí en contactos para electricidad, algo llamado Paladio que allá es muy barato y aquí tan caro como necesario. Lo usan en telefonía y telegrafía, sin ir mas lejos estos aparatos llevan ese paladio en sus partes móviles. Bueno cébame algún dulce que te cuento
- Que dijo mi primo al irse, mostró interés en saludarnos?
- Estaba contento, hizo una pequeña broma sobre su pueblo natal, y le expresó al francés una frase que sonaba algo así como: “alegrémonos de haber nacido”.
Con la llegada del primer mate, ese del dulzor especial porqué se mezclan los amargos de la yerba recién mojada, con los dulzores del azúcar con que el mate se inicia, comenzaron las primeras confidencias de la historia, esa, que mi primo había preferido hacérmela llegar de esta manera indirecta. El estaba seguro que el veterano Jefe de Estación Villada iba a contarla en el pueblo, un jugoso chisme de pueblo, para ese pueblo en el que nunca pasaba mucho, y era casi incapaz de entender la filosofía de ningún nómada que se precie de croto.
Manolo y Pierre se conocieron en Pergamino, allí hay siempre una gran concentración de vagabundos. La zona se adapta para los que intentan viajar hacia varias direcciones, y es por eso que los trashumantes se quedan en las inmediaciones. Hasta que definen con quien y a donde se dirigen, y recién allí salen en el tren que los lleva al destino elegido. Por esa razón también se reúnen allí propietarios que necesitan gente que llegan para contratarlos, aunque lo que a ellos les gusta es ir a la propiedad, mirar un poco las condiciones, y definir si se quedan o siguen viajando hasta que encuentran su transitorio lugar en el mundo.
Pierre era un tipo interesante, hasta le brillaba un diente de oro, y está rodeado de esa aureola de hombre carismático, que deja todo para abrazar esta pasión, aquí, en el culo del mundo, extraño destino para este profesor de literatura fantástica de La Sorbona, que llega al país solo por haber admirado a Arlt y leído en francés a los siete locos. Cuantos de esos arquetipos como Ardosain estarían presentes en esa reunión de vagabundos de Pergamino. Alto, delgado, con ese saco cruzado un poco más pequeño de lo que necesita, y el detalle del pañuelo azul eléctrico asomando del bolsillo. De poco hablar, diciendo solo lo necesario, detalle imprescindible para dejar traslucir sabiduría. Tu primo al revés, el pedantón inseguro que conocemos, hablando siempre a los gritos, y queriendo mostrar en todo momento su sabiduría. Un tipo que está en el mundo para hacerte pensar en el error natural de la sociedad, que no lo ha descubierto todavía, para llevarlo a la conducción de cualquier organismo que trabaje para el futuro de la humanidad.
Aunque en principio el francés lo hubiera rechazado tratando de conservar su autonomía, quizás la seguridad y el conocimiento de la zona mostrado por Manuel Ángel lo hayan convencido de la conveniencia de esa unión, intentando los dos una primera aventura que planificaron convenientemente.
Iban a llegar a Puerto Belgrano. donde la estación se llamaba Almirante Solier, y allí averiguarían sobre unos temas inherentes a las aleaciones de metales, el secreto decían que estaba en manos de un herrero al que llamaban el gato negro, anarquista declarado, y que trabajaba en una herrería en una zona muy agrícola, un pueblo de la pampa bonaerense llamado Felipe Solá.
Manolo tenía una gran virtud, cocinaba como los dioses, su especialidad eran los guisos de pescado, el los llamaba chupín de pescado y eran una verdadera fiesta, muchas veces había dejado maravillado a vecinos a los que los crotos invitaban a seguirlos, en realidad su especialidad eran los guisos en general, tenía mucho oficio, y tiraba dentro de la olla de color negro, esa que llevaba, disimulando la falta de limpieza, en su mono. Un guiso carrero como el que hacía diariamente era para chuparse realmente los dedos, siempre cerca de terminarlo, salía el hombre a recorrer los alrededores, y buscando entre las plantas, hallaba las especias aromáticas que estaba necesitando para completarlo, y hacía de su hallazgo un acontecimiento, cargando en su mono, una parva que le permitían independizarse en los próximas comidas.
Pierre por su parte era el encargado de las dos comidas leves, a su cargo estaba el desayuno ya que se levantaba siempre temprano, y los mates de la tarde, donde tenía siempre que conseguir pan de ayer para tostarlo y prepararlo, sabía también hacer con ese pan sobrante un postre al que agregaba caramelo y lo saboreaban hasta acabarlo, porque ellos no usaban alacenas ni trasportaban demasiadas provisiones. La vida del linyera es un eterno día a día, es una fiesta de la libertad, y es también una profunda creencia de ser como esos lirios del campo, que alguien alimenta y los mantiene en esa belleza salvaje y cuidada. Una vida de eterna confianza y esperanza, la de validar todos los días la creencia de que alguien tan superior va a sostenerme y ayudarme, porque sí, porque en esa realidad me hace saber que me quiere.
Pierre tenía sus costumbres, era como un buho, se dormía tarde y se despertaba cerca de las nueve, esa es una hora, para quien vive al aire libre bastante tarde.
Al llegar a Solier tuvieron la información sobre como hacerse de pescados de mar, allí unos linyeras decían que en una pequeña playa cercana a Baterías, llamada Arroyo Pareja, unos militares salían todos los días a pescar embarcados en lanchones de marina, y después de esa especie de patrullaje sobre la bahía, donde también aprovechaban para tirar sus redes, en su llegada al muelle, después de repartirse entre ellos el botín, regalaban parte del pescado, generalmente peces chicos o especies poco apreciadas.
Así los crotos recibieron esa tarde dos grandes peces bigotudos, uno de cerca de dos kilos, y el otro un poco menor, con lo que tuvieron pitanza asegurada para los tres días siguientes, esa noche mientras tomaban unos vasos de vino Bombara, Pierre levantando el vidrio expresó,
- Recuerdo París, mi ventana con nieve, y mi hermana cerca mio con sus trenzas rubias, y mi madre atrás diciendo cuidado, sin asomarse tanto, cierren que pueden resfriarse.
Manolo le contestó
- Estoy en el pueblo veo la chacra de abuelito Carmelo, juego con mis primos en un viejo sulky, y mi hermano mayor me dice, ayúdame que tenemos que buscar a la abuela Lola que no puede respirar bien, hay unos cigarros de chamico que mejoran su respiración, se lo prendemos querés ?
- Veo las campanas de Sacre Coeur, pasa una batimouche, y me duermo soñando con viajes y tierras extrañas como esta.
- Abuelito tiene miedo a los ladrones, y asegura que solo el joio Diaz puede robarle, maldice al ladrón, lo calmamos con Fachico. Ese moreno que hace las tareas menores de la chacra y es casi de nuestra edad.
- Pasan gitanos uno de ellos lanza fuego de su boca, ahora uno de ellos saca un sombrero y junta monedas, papá quiere darles algo y no encuentra en sus bolsillos, pide a mamá que le dice que no, que ese dinero lo precisamos.
- Hay en el pueblo fiesta, son las de la Sociedad Española, hay una velada teatral, actúa mi primo Carmelito. Tomo otro vino, no se si peor o mejor, pero distinto. He comido poco en dos días y me hace mal, quieren burlarse y me peleo con ellos, decido irme de ese pueblo de mierda, al otro día armo mi mono, tía Angela me da unos utensilios.
- Mamá muere, mi padre no oculta su pena, bebe demasiado, pelea con vecinos, se mofan de él, decido seguir solo mi camino.
- El tren me llama, siento que me dice vení Manolo, salto sobre un vagón, lleva crotos a la zafra, siento que es una oportunidad, llegar a Tucumán, con esos expertos vagabundos que conocen los caminos.
- Siento pena por mi hermana Edith pero me voy, llego al Havre, busco trabajo, tengo hambre, me llaman de ese barco, subo, se acaba de bajar el limpiador de sollados, me contratan.
- La Banda mi primer destino, bajo de ese tren gris, donde me toca hacer la comida para todos, siento que soy querido, sobre todo cuando gustan de mis especialidades, ese guiso simple pero necesario.
- El barco se llama Argentium y sale mañana para Recife, Santos y Buenos Aires.
- Me quieren, siento que encuentro mi lugar en el mundo, pertenezco a esa comunidad, quiero ser croto, y lo soy.
- Me bajo del barco en Buenos Aires, he sufrido humillaciones, tironeos por trabajos no realizados, y decido dejarlos, quiero ser argentino, pretendo seguir siendo libre, conozco en el el Puerto a los primeros crotos, les hablo en francés, pareciera que me entienden aunque se divierten, me admiran, me miman, decidí que quiero ser croto.
- Resuena una frase, mi hermano mayor Federico dice preocupado, que cuando el pozo se seca recién sabemos lo que vale el agua.
Así, con estas y otras confidencias, los dos duermen hasta el día siguiente, donde seguramente, al despertar de Manolo, ya estará propuesto por Pierre el itinerario del día.
Cuando el francés se despertó no encontró nada a su alrededor, solo las pertenencias de Manolo metidas en el mono, se desperezó, busco donde lavarse la cara y se acordó de esa canilla detrás de los vagones oxidados y para allá fue, en el camino vio llegar a su compañero, venía con una paquete de pan envuelto en una bolsa de papel strasa, y en la otra mano, una bolsa de yerba de arpillera, que en letras negras decía su origen y envasado, Apóstoles, Misiones, 1960. Pierre supo que debía traer agua para el desayuno y rápidamente le dijo a su compañero.
- Hoy podemos estar en Bahía, sale uno para Ing White
- A que hora
- Lo estaban preparando, pienso que a las diez
- Bueno hay tiempo de desayunar
Cuando Pierre volvió acicalado, el fuego consumía las ramitas y poco después comenzó la pava a ponerse más negra con el agua en su interior.
Desayunaron conservando las bases del silencio, como trataban de hacerlo, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, y tratando de sacar solamente lo que era común, por eso Manolo dijo casi al final del mañanero festín.
- Cuando podremos llegar a Solá
- Calculo que el jueves, porque tendremos un tramo a pié.
- Cuanto ?
- 20 a 30 kilómetros para hacer por la vía
- Acordate que tengo mal un menisco francés
- Si, podemos parar para dejarte descansar, mientras yo termino de leer, El ser y la nada de Sartré, que me tiene enganchado.
- Lo estuve hojeando, pero no se entiende nada
- El existencialismo teórico no es para vos Manolo, solo el practico te interesa, estos fueron los temas de mi tesis.
De pronto el pito les avisó que el tren llamaba a su tripulación, los crotos pusieron todo en sus lugares, acomodaron como agradeciendo la hospitalidad en los lugares que pernoctaron y salieron rápidamente para ubicarse en el vagón, que los llevaría a su próximo destino.
Había otros, saludaron pero como era su costumbre no intentaron conectarse con ellos, de todas formas el trayecto era corto pensaban, mientras el tren tocaba pito asombrando a vacas y terneros a su paso.
Manolo aprovechó para dormirse mientras Pierre cuidaba del lugar, él santafesino que era alondra se había levantado muy temprano, el francés un buho siempre tardaba en dormirse y se levantaba tarde aunque la luz invadiera el lugar donde dormían, costumbres que conservaban del mundo burgués, quizás estructuras genéticas las habían generado, y las mantenían en el mundo libre del vagabundo.
El tren comenzó a los veinte minutos a avanzar entre trigales, usando esa estridente sirena que parecía abrirles camino, mientras Manuel Angel Peramos dormitaba sobre unas viejas frazadas, que los crotos llamaban cobijas, Pierre, que había armado un cigarrillo fumaba agarrado a la puerta del vagón mientras miraba hacia fuera. Veía pasar los postes del telégrafo a una velocidad moderada y notaba como corría el agua debajo de los pequeños puentes realizados sobre los bañados. La primavera había llenado de verde el paisaje y Pierre Luc Saint Felicien sentía que no había un color mejor en la naturaleza, solo el amarillo del otoño lo acercaba. Había elegido bien su destino, y había momentos de felicidad racional como la que en ese momento vivía, que lo realizaba.
Manolo corrió a despertar a Pierre, estaban cerca del lugar que debían tirarse de la formación, era una curva porque el tren seguía para la Pampa y ellos iban a Lecube y de allí a pié a Solá, eran menos de veinte kilómetros, a lo mejor algún vehiculo de carga podría llevarlos por el polvoriento camino, sino con un día de marcha estarían en el destino.
Pierre había sido el encargado de llevar los libros y folletos anarquistas que le enviaban al herrero, le pesaba un poco y lo dificultaban para tirarse, pero era el precio que pagaría por la transmisión de conocimientos que necesitaban. Manolo llevaba las provisiones que se estaban acabando después de tres días de no poner nada, quizás en Lecube deberían acudir a los caritativos habitantes del lugar para aprovisionarse.
- Dios proveerá, decía el santafesino y siempre había tenido razón
- País generoso, decía el galo, apropiándose de una frase local.
Al llegar a la curva cercana y ya preparados, a una velocidad de veinte a treinta kilómetros por hora se tiraron, el francés realizó un salto impecable, Manolo tuvo que correr por los hinojos que circundaban la vía un poco más, trastabilló pero consiguió mantenerse. Estaban otra vez en la tierra y reanudando su marcha.
- Crotos del mundo uníos, gritaron al unísono
- Allá vamos gato negro, tiemble paladio, dijo Manolo
Desde la misma vía donde veían alejarse al tren que los había dejado y mirando hacia delante en forma recta se asomaban las torres de una Catedral, era raro en el medio de esa pampa agreste ver esas presencias, y pensaron en un lugar de gente muy devota, que utilizaba esa Iglesia diariamente para misas diarias o peregrinaciones. Creían que iban a llegar a un lugar de mucha piedad, y eso le interesaba al que debía reponer las vituallas. Cuando después de casi dos horas llegaron al pueblo se dieron cuenta que lo que faltaba en ese lugar era la gente. Raro pensaron los crotos, quizás la hora de esa siesta habitual atentaba contra esa concentración que imaginaban.
Se acercaron a la Iglesia, era impresionante, formidables los muros y admirables los vitraux, como estaba abierta entraron. Manolo, notó que estaba consagrada a la Virgen del Carmen, como él había sido monaguillo tenía una formación religiosa, formación que había decidido no continuar, porque las normas que acompañaban esas tareas no eran de su agrado.
Pierre dio una vuelta, descubrió los mármoles de Carrara, seguía impresionado, desde el campanario solo se veía campo. Una pocas casas alrededor de las que algunas parecían cerradas.
En una de sus vueltas apareció un hombre, era menudo, de hombros caídos y una vestimenta simple, tenía un jean y camisa de mangas cortas en un tono marrón que no acordaba con el resto, zapatos de suela de goma alto de una gamuza clara con cordones del mismo material.
- Soy el hermano Tomás Angel, dijo a los crotos con cordialidad
- Nosotros somos Manolo y Pierre y acabamos de admirarnos con esta especie de Catedral
- Parece Notre Dame, hermano
- Diríamos que es exuberante, es todo tan importante como lo ven, tiene un diseño similar a las europeas
- Impresionante, una obra magnífica, dijo Pierre
- Si quieren les cuento la historia
- Nos gustaría porque estamos asombrados
Así diciendo los crotos se acomodaron para escuchar y descansar del camino, y el hermano Angel conocedor de la historia comenzó.
- En 1852 un 21 de Abril, día del descubrimiento por los portugueses de Brasil en Goya, Corrientes nació un argentino notable a quien la historia ha olvidado y solo lo recuerdan los muros de esta Catedral.
El hombre era un tanto curioso, deseoso de aventuras y además de ser lo que hoy llamaríamos un emprendedor, tenía relaciones con el mandón de la época, un general que se llamaba Julio Argentino Roca, eso le permitió comprar en 1887 unas 50.000 hectáreas de campo. En estos lugares, no había absolutamente nada, y debía defenderlo de los avances de los indios, que asolaban la zona. Don Ramón, tenía unos treinta años cuando comenzó con sus primeros cultivos, querían alimentar a ciudades que ya crecían como Buenos Aires, Bahia Blanca y la mas cercana Azul, sabían que podrían hacerlo, que solo había que trabajar duro, de sol a sol, pero estaban dispuestos.
Con su capataz, don Eduardo Grahan, recorrían todas las tardes los nuevos y feraces campos, y planificaban la labor del día siguiente.
Pero esa tarde, la del evento que marcaría la vida de estos emprendedores, fue quizás la de la traición, unos indios feroces, dispuestos a continuar con su vida de alcohol y libaciones, decidieron capturar a los dos emprendedores y pedir por ellos un rescate. Cuando ellos vieron la embestida de los indios, empezaron la carrera hasta un refugio cercano donde podrían conseguir ayuda. Don Eduardo no llegó y fue herido mortalmente en la pelea, Ramón tuvo más suerte, su caballo trastabilló, y el hombre fue a parar hecho un ovillo entre unas vizcacheras que lo taparon, los indios lo buscaron, hasta que advirtieron presencia del blanco en las inmediaciones, mientras Ramón seguía rezando en su natural refugio.
Cuando llegaron a buscarlo y con la emoción y la alegría del momento, hubo promesas. Edificaría con los frutos ganados con su trabajo, un gran altar para honrar a la Virgen que lo había salvado, eso es hoy lo que ustedes están viendo, la maravilla que se terminó de construir en Agosto de 1912. Don Ramón proyectó los vitrales, determinó los santos y su ubicación, por eso, está destacado San Eduardo, en honor a su compañero, que fue mortalmente herido por esa lanza asesina de los indios, que aunque solo querían dinero, se llevaron vida.
Después aquí también hubo escuelas, para que niños indígenas crecieran en la fe, se integraran más a esta nueva sociedad, y aprendieran métodos más acertados para su subsistencia.
Si me acompañan les voy a llevar hasta el campanario, allí podrán ver parte del legado de don Lopez Lecube, los crotos vieron un grabado que decía “ Confortado con la fe cristiana llegué a estos campos el 8 de Noviembre de 1880 en los que logré mi felicidad”. R L L
Ahora estamos en la tarea de restaurar, y si ustedes pudieran estar interesados en colaborar, tenemos un poco de presupuesto, podríamos pagarles una suma por el esfuerzo, que sabemos es grande, que quizás pueda serles de utilidad.
- Yo conozco el tema de vitraux, he trabajado en la restauración de varios dijo Pierre.
- Te necesitamos hermano, y tu Manolo.
- Yo le cebaría mate y haría el puchero
- Misión importante si las hay, dijo el Hermano Angel
- Tenemos un tema pendiente
- Cual, pregunto el hermano
- Tenemos que llegar a Felipe Solá, y estar unos día con el herrero, del que solo sabemos le dicen el gato negro, después de eso podríamos volver por aquí trabajar en la restauración dos meses, no más que ese tiempo, ya que tenemos que ir a Chile para antes del cierre en invierno del paso del Cristo Redentor.
- Conozco al gato negro, una persona muy hábil con los hierros, nos ha hecho algunos trabajos, está en Felipe Solá, detrás de casa de forrajes.
- A la vuelta podríamos conversarlo entonces
- Bueno, Dios y el alma de Ramón Lopez Lecube se los agradecerán, pero no se borren.
- Déjenos pensar padre, no esperábamos ese ofrecimiento. Lo decidimos a nuestra vuelta.
- Bien de acuerdo, voy a hablar con alguien que va todos los días a Solá, para que los alcance en su camioneta.
A la mañana siguiente y después de haberse alojado en un costado del templo los linyeras salieron para el pueblo.
Los llevaba Ponciano, un empleado de ENTEL, guardahilos de la zona, que tomaba cuenta del estado de un cable que corría paralelo a la vía, y que permitía la transmisión de señales codificadas para trasmitir, palabras, letras y palabras de gente, esas mismas que se suman y atrás de ellas despiertan emociones.
El viaje fue corto, y a la presentación de los hombres en la herrería, sucedió el entendimiento del significado del sobrenombre del gato negro para el herrero. El hombre era muy cordial, se había alegrado de esa advertida llegada de los crotos, pero tenía algo por lo que era difícil para cualquiera retribuir afecto y eso era su falta de limpieza.
Todos los pedacitos de carbón que saltaban de su fragua estaban alojados en el cuello del gato, que se llamaba Simón, había llegado al pueblo huyendo de su pasado anarquista, poco después del atentado a Ramón Falcón, si bien el no había participado, la caza de brujas desatada, lo había expulsado de la Boca, y así había llegado a Bahía Blanca. Después una oferta laboral y la posibilidad de establecerse, aún sin familia, solo con Eusebia su compañera, una matrona de caderas amplias, dueña de la casa, donde en su galpón, el herrero instaló su fragua, una mujer que confeccionaba muy bien empanadas tucumanas, y soportaba el cuero negro de Simón sin intentar su limpieza.
Pierre después de los saludos le avisó que tenían para él un material que enviaban de Bahía, cuando estuvo el herrero un poco mas presentable le pidió que se lo alcanzara, lo miró con dedicación y espetó
- Estos creen que con estas pavadas podemos dominar el mundo, y la verdad es, que cada día somos más ninguneados por el capital, ya ni siquiera la policía nos molesta.Y esa es la mayor señal de nuestra intrascendencia.
- Quédese tranquilo, que cualquier cosa lo integramos a nuestro negocio
- La verdad es que hoy, como está la vida, lo único que me interesa es vivir tranquilo, después de la caída del muro no es fácil pensar en una revolución, la gente está en la suya y mientras los sistemas sociales le den algunas migajas, va a ser muy difícil.
- Donde quedó nuestra fraternidad, libertad e igualdad, solo los crotos la cumplimos, y no siempre.
- En Bahía, La Nueva Provincia hace cien años que les lava la cabeza a todos con sus editoriales
- Cosa que en Rosario hace La Capital, dijo Manolo.
- En mi país, la libertad sigue siendo una utopía, y la fraternidad una entelequia, aseguró el francés.
- Bueno después de la picada comenzamos con la fusión del Paladio.
- Cest la vie
Los crotos se acomodaron, hacía rato que no frecuentaban mesa con una dama, el ejercicio de esta actividad convertía al hombre en misógino. Un ser humano con contactos del mismo género, era imposible que una mujer en su sano juicio, aceptara un romance aunque fuera transitorio, con un hombre trashumante, y con esa pasión viajera tan dominante.
Sabemos, que por su visión de la vida, la mujer arremete contra toda aquella actividad que supone que pueda gustarle al hombre, celos, competencia o ganas de jorobar decían.
La comida y la bebida simplemente fue colocada sobre el mantel de hule rojo con cuadros amarillos, y la conversación del francés giró sobre otras geografías, otras realidades y las mismas necesidades del ser humano.
El gato negro, era un hombre ameno, que conocía bien toda la geografía y la idiosincrasia del país, por ello, cuando hablaba, los crotos lo escuchaban con atención, pues conocía lugares a los que ellos siempre estaban pensando llegar, el conocimiento de pueblos extraños, comienza en el croto, a ser como un bichito que pica cada día, y despierta curiosidades, que el trashumante no puede ignorar.
La mujer, a la que el herrero llamaba Eulogia, era viuda de un ferroviario de la zona, que le había dejado esa casa, no habían tenido hijos y maldecía la soledad, hablaba del Norte, donde había nacido, decía que podía cantar algunas coplas, y para demostrarle al francés la utilidad de las mismas, se despachó acompañada con caja chayera que desempolvó, con una que decía.
- Yo me voy para Bolivia
- Quiero bailar taquirari
- Si no responde mi burro
- Me compraré una Ferrari
Y siguió entusiasmada entonando con acento afinado otra
- La ovejita que yo cuido
- Es blanca como algodón
- Si se acerca mucho al agua
- Hay que darle un empujón.
El francés que había tomado un poco de vino de la damajuana presentada quiso emular a Aznavour y respondió
- Quien, cuando yo me ausente, va a cruzar el puente que mandé cerrar…
Manolo, que había sido menos discreto en la custodia de la damajuana, aseguraba que en Rosario estaban los mejores cantores, y decía, que solo con Alfredo Beluschi, contaban con lo mejor del tango, así amago con pedacitos de Pasional y Cuartito azul.
De golpe el sueño venció al herrero, que lanzó una especie de ronquido advirtiendo a los demás que se había levantado muy temprano, también, que podíamos proseguir después de la siesta. Interrogó a los crotos sobre su agenda de días próximos, y les aseguró que él, necesitaba para que cumplieran con su aprendizaje, de compactar el metal precioso, unas diez horas. Decidieron empezar esa misma tarde.
La pareja se ubicó en la casa, y los linyeras se acomodaron en el galpón, que era un lugar amplio y aireado, con comodidades que seguramente habían sido utilizadas, tenían, a su disposición, un cuartito mediano, que el herrero utilizaba como escritorio, y adonde habían sido convenientemente ubicados los panfletos.
El pueblo entero dormía a la hora de la siesta, solo el francés decidió dar una vuelta por ese lugar, que le resultaba tan extraño como cercano, tenía la sensación de haber estado allí, gozaba de esa paz adorable. En su paseo de investigación decidió llegar hasta el cementerio, ese lugar donde estaban descansando, aquellos que habían hecho de este lugar, el pequeño paraíso que estaban disfrutando, por toda esa causalidad que le llegaba desde lo más profundo de sus sentimientos, esos que les costaba tanto manifestar.
Al final del pueblo, vio una pequeña casa, con aire de los años cincuenta, esas casitas que resultaban tan típicas en la época, con esas tejas coloniales españolas y las puertas de madera tallada, casi buriladas, que significaban el único lujo que el propietario colocaba, un poco para diferenciarla de otras, vio que asomaba una cabeza, cuyas características eran normales, pelo corto, pantalón blanco, y con un pilotín azul a pesar del calor reinante. Cuando Pierre lo vio no pudo menos que demostrar un poco de curiosidad, ante ese hombre que lo miraba desorbitado, y situándose delante le dijo.
- Capitán Zárate, viene de parte del capitán no? Estaba por presentarme, le juro que me iba a presentar en la Base el lunes. Estaba unos días aquí por el cumpleaños de mi hermana, pero le juro que podemos volver juntos sino me cree.
- Yo no soy tu capitán muchacho, te juro que soy un linyera, un trashumante que llegó de casualidad a este pueblo
- Pase Señor, tengo el mate listo, gusta unos amargos?
- Bien te acompaño
Allí el francés entre sorprendido y divertido escuchó la confesión del muchacho.
- Antes que nada, voy a pedirle discreción absoluta sobre lo que voy a contarle, soy un desertor de la Armada Argentina, y eso en este país se paga con muchos años de cárcel.
Era hasta hace dos años, un colimba, en el Campo Sarmiento de la Base Naval que está en Punta Alta, después de la instrucción reglamentaria me trasladaron a un cuerpo de Electricidad Naval donde estaba gozando de la tranquilidad que da el conocimiento de alguna especialidad, pero ocurrió lo peor que puede pasar entre argentinos, quedé dentro de una guerra cruenta donde los protagonistas luchaban por porciones de poder político.
La guerra la ejecutaban los marinos contra los aviadores y los de tierra, pero no eran solo profesionales los que peleaban.
Yo tenía un hermano en la aviación y ellos querían que nosotros, hermanos de sangre, hijos de la misma madre, peleáramos por ellos, aunque nos fuera la vida en la contienda.
La triste y dolorosa contienda se llamaba azules contra colorados.
Por la tarde nos cargaron en un camión, y fuimos hasta un lugar cercano a Baterías, cuando bajamos, nos dimos cuenta que debíamos ingresar a ese hoyo cavado en la tierra, donde sobresalía al exterior, ese grueso caño de ametralladora pesada. De un cañón que llamaban Bosford. Era un moderno instrumento de muerte, hecho para tirar a los aviones que podían atreverse a pasar por ese pedazo de cielo, un cielo tan argentino como todos los que allí estábamos.
Bajando la escalerita del pozo encontré a dos colimbas jugando una partida de truco, mi primera reacción fue la de volverme, pero adonde, el camión había partido y un zumbo gordo estaba fumando un pucho al lado de las ramas que disimulaban la entrada.
Comencé un escueto diálogo con el uniformado.
- Suboficial, que tengo que hacer aquí
- Dentro de una hora vendrán los instructores
- Pero, cual es la consigna
- Bueno, si pasa un avión le tiramos
- Que le tiramos ?
- Esas balas que ves allí, tenemos que bajar a esas mierdas
- Porque hay que matarlos ?
- Porque nos quieren quitar la base ?
- Esta seguro suboficial ?
- Si pibe, son unos cabrones los azules de mierda, solo los colorados salvaremos este país, creeme.
- Pero si son argentinos también
- Si pero unos hijos de perra, me lo dijo el comandante, son unos mantequitas con uniforme del ejercito, sabes que pasó esta mañana en Magdalena ?.
- No, que paso ?
- Los hicieron mierda a todos, solo porque no se quisieron rendir, más de veinte muertos hay, los azules son unos soretes, blandos de mierda.
Pensé en mi hermano al que le llevaba solo un año y estaba haciendo la carrera militar en Aviación, sentí que este conflicto no solo nos enfrentaba, sino que podría hasta matarnos a uno contra el otro y pensé que debía irme, desertar. No quiero morir ni matar, señor quiero ser libre.
- Bueno muchacho aquí estas a salvo, yo soy francés y no conozco mucho la historia argentina, pero seguro que se va a resolver, los conflictos en todas partes son temas de intereses.
- Yo, quiero seguir acá que nadie me ve, esta es la casa de mi abuela
- Seguro, una pregunta el cementerio es aquel que se ve allí.
- Si siga derecho y le agradezco eh
- Sabes muchacho, que un poco nos parecemos
- Si por que ?
- Porque los dos, aceptamos la soledad existencial hasta entenderla como ese mal menor, hacete croto muchacho y volverás a tener sueños.
- Gracias francés lo voy a pensar, que termine bien el día
- Una pregunta, piensas presentarte a la Marina?
- No, ni lo pienso, de acá me van a agarrar de nuevo.El movimiento que acompañaba al de acá, ya era muy conocido, por eso el francés salió de la casa pensando que adentro quedaban los sentimientos negativos, las miserias y las angustias de un hombre. El cielo de esa pampa bonaerense lo iluminaba todo, hasta los resentimientos, también los miedos, hasta esas contiendas bizarras que pertenecerían un día a la historia.
Cuanta muerte causada, cuantos dolores sobre esa tierra que tenía el recuerdo de generales empujando salvajes, salvajes tratando de expulsar milicos y sembradores, y trigales que crecían sobre huesos y osamentas de pobladores, de gente que solo quería ser feliz, aunque solo fuera en retazos.
Todo era pasado, como ese camposanto, al que llegaba para mostrar en esa cordialidad con la muerte, esa rara ostentación, mostrada en los edificios suntuarios que albergaban cuerpos sin vida, el croto pensó en usarlos para continuar su vida y se rió, eso significaría establecerse, dejar de ser nómada y pensó en sintonía con el ex colimba.
- De acá me van a agarrar de nuevo
Desde el final del cementerio se veía una impresionante escena de vida, unos avestruces jugaban con una especie de atado, picoteándolo a su turno, uno y otro animal, por momentos lo aseguraban, corriendo con él hasta que lo perdían e intentaban recuperarlo, el europeo se maravilló ante lo agreste del paisaje.
Cuando Pierre Luc volvió a la casa herrería, Manuel Angel ya estaba acomodando los utensilios, había preparado unos papeles para anotar los conocimientos que el viejo anarquista iba a trasmitirles, todos conocimientos empíricos, adquiridos en sus tareas anteriores, que los crotos iban a necesitar para disimular ese paladio que debía comenzar a circular entre Argentina y Chile, y quizás extender también a Brasil donde una incipiente industria de las telecomunicaciones lo hacía vital y de gran precio, todo estaba en camino y la esperanza de los crotos continuaba, su vida azarosa también.
Esa tarde, y casi hasta la noche, estuvieron los tres trabajando, hasta que el gato les pidió que lo ayudaran a terminar una reja que debía entregar al día siguiente, los crotos se dividieron las tareas, Manolo fue a preparar la cena con ese guiso carrero que era su especialidad y Pierre prendió la fragua. Para comenzar, con esos firuletes que le darían al hierro, esas formas elegantes, que permitían gustar del trabajo.
El francés, era un tipo ingenioso, que podía vivir de tareas diferentes, pero tenía algunos problemas con su relación con el trabajo, y le gustaba contrariar a los que querían hacer de él una persona útil, como la llamaban, causando su gracia desmedida. Le gustaba más, eso de cambiar conocimientos por trabajo, trocar, queriendo hacerlo, sin obligaciones, sin presiones.
El solía contar como se relacionaba con el dinero. Diciendo que una vez había oído que el dinero hablaba a la gente, él había tenido esa experiencia, pero lo que había oído no le había gustado, escuchó que le decían simplemente, adiós.
Después de la cena, el maestro expresó, que al día siguiente, si usaban todo el día, podrían terminar, y así por la mañana del próximo. los crotos podrían volver a Lecube. El gato, les conseguiría un traslado en camión que repartía hielo en Solá, si lo hacían temprano, podrían hacerlo, en la parte de atrás de un camión, que iba vacío, hacia Bahía Blanca.
Fue intensa la actividad del día siguiente, a pesar que a la herrería le llegaron unos trabajos el gato negro, los dejó para el día siguiente, porque estaba muy motivado con trasmitir sus conocimientos, se sentía parte de un proyecto, que podría reivindicar a los crotos en lo económico. y lo demostraba poniendo el hombro. Pierre anotaba en su cuaderno todo lo que decían. mientras Peramos cebaba mate, atendiendo por partes, iniciando la comida, y ayudando en las tareas domésticas, los linyeras se habían integrado, con éxito a la vida de la pareja. Eulogia, prometió empanadas de carne y de mondongo, para la cena de despedida, y Manolo dijo que el se iba a ocupar del postre, con ese propósito, salió, para comprar los ingredientes, de un buen alfajor santafesino, ese que algunos llamaban alfajor Rogel y que para él era como un merengo.
Los crotos, cuando terminaron las tareas, decidieron pegarse un baño y lavarse la ropa que se sacaban, aunque tuvieran que llevarla media húmeda, o secarla en su próximo campamento.
La comida fue una verdadera cita en el Olimpo para los cuatro, no solo las empanadas sabían bien, también el postre podía confundirse con esa ambrosia de la que no queda más memoria que la que los dioses refirieron en sus citas a Ovidio. El vino era el Michel Torino blanco que con su sabor frutado acompañaba tan bien esas vituallas. Cuando Manolo apareció con el alfajor grande y blanco, con ese baño de azúcar impalpable, todas las miradas se dirigieron hacia el. Los elogios de todos en la sobremesa fueron totales, y los crotos, contaron sus planes sin reservas, como tenían pensadas sus estrategias, y como iban a tratar de disimular el metal para enviarlo hacia Argentina. Así cuando tuvieran el dinero de esta primera operación, llevarían a Perú por el Pacífico, y a Brasil por Bolivia nuevas cargas, que iban a aumentar sus ganancias. Todas las esperanzas puestas en el negocio que estaba cada vez más cerca y con la cercanía de la acción en sus bagajes.
La despedida, fue sencilla, los trashumantes agradeciendo los esfuerzos, y los locales que volvían a quedarse solos y aburridos, quizás con la necesidad de conversar esos temas intrascendentes, con los sentimientos típicos de los que deber regresar a su chata existencia.
El camión dio tres bocinazos, y allá salieron los hombres, que hasta ese momento habían olvidado la promesa de la restauración de la Catedral, hecha al hermano Ángel, en el camino, lo fueron pensando, eso los demoraría unas semanas en sus planes, pero les daría un dinero de respaldo que podría servirles ante cualquier eventualidad. Si bien, ellos eran devotos convencidos de que Dios proveerá, una pequeña demora no los retrasaría demasiado. Además, volverían a tener durante ese tiempo, casa y comida, y al final si los fondos les alcanzaban, podrían comprar algunas ropas, que les darían un aire diferente a sus trazas, y mejoraría las tareas que iban a emprender.
Decidieron parar en Lecube, y allí analizar el ofrecimiento, si les interesaba, quedarse, así lo hicieron y cuando fueron a conversar con el hermano Ángel, este los convenció de la importancia histórica de la tarea. Los crotos entonces, comenzaron por ver los elementos con que contarían para hacer el trabajo, y así observaron los pinceles, los soldadores, los vidrios de colores, las rejas, que tendrían que amurar una vez restaurados, y para proteger, los vitraux, las escaleras y andamios que usarían. Estaba todo, y comenzarían la tarea esa tarde, también la paga diaria fue aceptada, un estipendio general, aunque las tareas fueran diferentes ya que tu primo. Manolo, sería el ayudante del francés, que conocía el trabajo de restauración y asumía la obligación de cada una de las etapas que se programaron.
Los trashumantes habían transigido, en forma inexplicable, habían cambiado y aceptado entrar, dentro de ese mundo, donde se canjea trabajo por libertad. La pregunta es si habían madurado, o estaban tan esperanzados en el ingreso a un mundo burgués que despreciaban. Así trocaban ideales por fe y esperanza ¿ Eran tan creyentes como para sentir que su tarea salvando las distancias sería similar a la de Miguel Angel Buonarroti, debiendo el hermano Ángel representar al Papa Clemente, en las disquisiciones intelectuales que se presentaran durante la obra ? Insondables misterios que se presentaban y que formaba parte de ese movimiento que se demuestra andando.
Pierre, que contaba con cierta experiencia, pues había sido un ayudante experto en la restauración de parte de una pequeña capilla del barrio Latino había tomado la iniciativa, y comenzaba la tarea dando órdenes a su único ayudante, el consagrado chef y hoy cebador de mates y limpiador de pinceles, el santafesino de Villada Manuel Ángel Peramos, entre tantos cabildeos que permite el inicio de las tareas lanzó el francés el primero de sus chascarrillos.
- Querido amigo, preguntémonos que nos dará una auténtica felicidad, analicemos nuestras respuestas y luego hagamos lo necesario para alcanzarla. No debemos no hacerlo, estará prohibido. Ahora Manolo con la tarea indicada comenzar..
- Seamos felices vivos, pues deberemos pasar mucho tiempo muertos, dijo Manolo expresivamente
- Esperemos el momento especial, en que este trabajo se convierta en nuestro ocio, aunque supongo que cuando eso ocurra estaremos muy cerca de terminarlo.
- Si esto fuera tan bueno francés, seguro que deberíamos hacerlo gratis.
- En la vida todo tiene un precio Manolito, hay un precio por no trabajar, y hay otro que puede resultar más caro por trabajar demasiado duro, elijo como norma de vida, o como una alternativa ante la muerte, el primero.
Así. comenzaron las tareas los linyeras de ayer devenidos en lúmpenes proletarios en el hoy, sin seguridad de inserción social para el mañana.
Los escasos habitantes de López Lecube que los vieron trabajar tienen todavía en su retina el recuerdo de esos dos individuos que subían y bajaban de andamios, que soldaban con plomo los cristales sustituyendo tanto los rotos como esos desgastados de la construcción, que ahora asomaban rejuvenecidos y rozagantes. Sabían que al terminar con esa tarea deberían ponerle rejas, las que habían llegado de la Herrería del gato negro, en el exterior, como una protección, para evitar los nuevos piedrazas de vándalos, o de esos adolescentes, que veraneaban muchas veces en el pueblo sin tener mucho que hacer durante su descanso, y para, los que los hermosos vitrales, eran un motivo de descarga emotiva.
Cuantos recuerdos traían para el hermano Ángel esos vitraux, el conseguía entender la sensibilidad del artista que los había confeccionado, y notaba el amor con que estos dos marginados trataban esas obras. Estaba seguro ahora, que había sido un designio divino, la llegada de este par de crotos, que su tarea debería ser recompensada por sus esfuerzos.
La primer semana fue muy intensa, y los dos trabajaban casi a la par, al mediodía Manolo salía a hacer mandados, y preparaba una comida que después calentaría por la noche. Esa mañana, el chef había conseguido de una vecina una docena de huevos, y con una bolsa de papas que les había acercado el hermano franciscano, y con dos de un kilo de cebollas compradas, inició una tortilla exuberante en una lata de dulce de batata, era hermosa y cuando estuvo terminada, y colocó para enfriar, Manolo, debió salir para conseguir estaño y resina para las soldaduras.
Al salir llegó un visitante inesperado que dirigiéndose al francés lo espetó.
- Teniente, tendrá algo para comer que hace dos días que no pruebo bocado.
- Espera que bajo, dijo Pierre, descendiendo del andamio
- Se acuerda de mí soy el desertor de la Base Naval
- Si, que haces por aquí ?
- Dejé mi guarida, porque tuve que llamar por teléfono a mi hermano en San Luis
- Si quieres puedes llevarte la tortilla, dijo generosamente el francés
- Gracias señor, se lo agradezco mucho
Allá salió el muchacho muy contento, y Pierre Luc, decidió, que era el momento del descanso, cuando Manolo llegó y fue enterado del acto, se mostró un poco furioso, y le aseguró al francés que si quería comer debía ahora hacerse cargo de la comida, y comenzó a fumar en un costado del templo.
- A ver Manolito, tienes allí para fabricar otra tortilla, cual es el problema?
- El problema es que no tengo ganas de hacerla de nuevo
- Pues bien, la haré yo entonces
Manolo seguía con el ceño fruncido cuando el francés regresó con otras cinco cebollas y comenzó la tarea, cuando terminó, la tortilla, era hasta un poco mejor que la anterior, y comenzaron una forzada conversación fraterna, que dio lugar a confidencias de Pierre.
- Manolo, quizás no estés contento con mi acto, pero tuve un sentimiento de caridad muy fuerte, no hay nada que me preocupe más que ver a un ser humano con hambre.
- Y nosotros no hemos pasado muchas veces por eso ?
- Si, pero yo creo que nosotros somos especiales para ese sufrimiento, podemos asimilar mucho más racionalmente esa sensación, además sabemos, que duele menos al día siguiente, y que disminuye la sensación de hambre cuando lo aceptas voluntariamente.
- Creo, que sabemos acostumbrarnos mejor
- Quería contarte como me siento, nervioso y arrinconado con la tarea, y como mi otro Pierre se debate entre quedarse y continuar esto, quizás quiera huir de esta sensación de domicilio fijo en la que estamos
- Yo también siento esa sensación de no poder volar
- Siento que mis antepasados nómades me miran con tristeza
- Sabes que significa nómada?
- Si viene de pasto, de pastoreo, de ese pastor que necesita de pastos para sus ovejas y que cuando se lo comen debe emigrar para buscar otras praderas.
- Pienso en esas primeras ciudades, como Ur o Uruk. y sigo pensando como poder vivir en ellas, suerte. que aquí estamos en un lugar en el que solo llegando hasta el campanario podemos ver trigales dorados, y hasta ñandúes coqueteando.
- Sedentarismo de ciudad, de esa alimaña que no soporto.
El francés, siguió pensando en sus dos destinos enlazados por ese afán libertad que los unía, en esa mezcla de fantasía y realización que les daba, cada lugar que alcanzaban, después de planearlos. Era un tipo con mucho carisma, un carisma que sacaba con cuentagotas, pero que se notaba en su creatividad, en sus emocionados recuerdos, y en un vital entusiasmo que seducía a quien lo frecuentaba, pero que el con su distancia trataba de no mostrarse fácilmente. Siguió diciendo
- Nadie como nosotros los nómades cultivamos la pereza, hacemos de ella ese ocio creativo que la humanidad necesita, aunque cada vez nos necesite menos. Para Platón el ocio era una actividad superior al trabajo, una actividad que solo alejaba al hombre de la verdad. Podemos esta tarde tomar un descanso porque hemos completado en esta semana, casi la mitad de todo el trabajo, y quisiera, después de una siesta bañarme en el arroyo, ah y que me cortés un poco el cabello.
- Bien, estaba esperando un día de holganza, acepto
Cuando el franciscano llegó a supervisar las tareas del día, y no los encontró, sintió un poco de miedo, solo se calmó después de notar que estaban allí las ollas y parte de la cena, a la que agregó un pan casero que le había traído un feligrés que se había confesado. El religioso también se preocupó pues había gastado el dinero de la paga de los dos hombres, y solo tendría cheques para el mes siguiente, pero aún pensando en el tema, supo que podría resolverlo la semana próxima.
Si la actividad de la semana anterior había sido intensa, la de los días posteriores, fue mayor, seguramente los nómades con su conversación en el río hayan acelerado las ganas de irse, las ganas inaguantables de continuar en ese movimiento, sin culpas.
- Manolo que tiene de bueno contar con muchas cosas si solo puedes usarlas cuando no trabajas, dime, contesta?
- Lo bueno es cuando sales de vacaciones
- Y que haces allí
- Descansas
- Pero si eso es lo nosotros hacemos todos los días.
- Menos los que pasamos con el fraile
- Estoy hasta las narices de trabajo, esto me llega ya sabes hasta donde ?
- Hasta donde me llega a mí seguramente
- Terminemos con esta farsa, mezcla de egocentrismo e histrionismo, y vamos a lo nuestro entonces
Comenzaron a repartir tareas y especializarse en el trabajo, Manolo era hábil para colocar las rejas, y de esa forma lo hicieron más rápido de lo que pensaban, entonces Pierre solo dedicaba su tiempo a los vitrales que estaban quedando formidables.
Después de unos días, con parte de noches de trabajo, se oyó exclamar.
- Trabajar es humano, haraganear divino
Grito Pierre con su última soldadura, mandando a Manolo a buscar al fraile, para que les pagara, y así poder retirarse, con todo el honor que las circunstancias exigían. El capuchino les pidió a los crotos unos días de paciencia para conseguirles la paga y les elogió la disposición y la eficiencia del trabajo. Pierre no estaba de acuerdo con quedarse pero Peramos terció para convencerlo, el pedido fue hecho solo hasta el día siguiente.
Con la llegada de ese nuevo día, el cura, visitó a un fuerte hacendado de la zona, consiguiendo el dinero, solo al verlo llegar los crotos cargaron sus monos, y salieron rumbo a la estación del pueblo casi corriendo, al comenzar a caminar al lado del hilo del telégrafo, una sonrisa de satisfacción se noto en los dos trashumantes.
- Vuelvo a ser feliz, dijo Pierre
- Y yo te acompaño en ese sentimiento
La caminata hacia Bahía Blanca continuó en forma tan enérgica como silenciosa , fueron pocas las palabras que cambiaron, tenían setenta kilómetros de regular marcha y debían decidir solo donde paraban, lo demás llegaría por añadidura, el camino era para ellos tanto su verdad como su vida.
En el alto de la primer noche. el francés le dijo a Manolo. Quería repetirte los versos de Calderón que recordé, al regalar esa tortilla, que tanto me gustaría tener ahora.
- Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba, que solo se sustentaba de unas yerbas que cogía. Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo ?, y cuando el rostro volvió, halló la respuesta viendo, que iba otro sabio cogiendo, las hojas que él arrojó.
Manolo recogió la apuesta y le dijo. Voy a decirte otros versos, de mis tíos los Álvarez Quintero.
- Según todas las señales
- cuanto el mundo ha de rodar
- Para poder nivelar
- Las diferencias sociales
- Bajo la lumbre de hoguera
- De un sol vivo, y casi en cueros
- Yo he visto a varios obreros
- Sudando en la carretera
- Y aun me quejo
- Porque al romper la mañana
- Toca el sol en mi ventana
- Y me despierta el reflejo
Con estas palabras, que recordaban su suerte en ese mundo casi irreal del afortunado desposeído, los crotos, tácitamente, y casi al unísono, dieron por cerrado su disidencia pasándola al recuerdo.
Unos días después y sin que hubiera pasado ningún tren carguero por esa vía, divisaron las destilerías de petróleo de la entrada de Bahía Blanca, y recién allí supieron que estaban más cerca de su destino.
El Ferrocarril que los crotos necesitaban tomar era el de Puerto Belgrano, que llegaba también a Bahía y atravesando parte de la Provincia de Buenos Aires llegaba al sur santafesino y terminaba en Rosario, por supuesto los dos querían subir a un vagón de carga. Poco antes de llegar a Rosario se bajaron, y así combinando con otra formación, fue como llegaron a Villada, decidieron parar unos días en el pueblo de Manolo. El tenía sentimientos encontrados, quería saludar pero también quería evitar ser visto, quería contar su nuevo emprendimiento pero por otra parte su inseguridad lo llevaba a ocultarlo. Creo que por eso Peramos me lo contó solo a mí, para que vos, en definitiva, te enteraras.
Yo también al conocer esta aventura de mi primo tuve sentimientos encontrados, sé que siempre lo quise a mi primo vagabundo, pero también a veces lo negué, lo ignoré, pasé sin verlo, no fui capaz de asumir su marginación que era también la única forma de vida para él. Ahora que los dos somos grandes como para entender la historia estoy aquí tratando de contarla. También el relato tiene que ver con la promesa hecha al jefe de la estación. Le dije que iba a escribirla con todas mis limitaciones que quizás resulten poco atractivas pero que trataría de incorporar los sentimientos importantes de los participantes.
Quiero terminar la misma con algunos supuestos, porque aquí termina el relato que conocí. Supe en algún momento y por otros crotos, a los que intentaba proteger cuando pasaban por la estación. Fueron ellos los que me contaron que Pierre y Manolo llegaron a Chile, también sé que mi primo regreso a Argentina porque ellos lo habían visto en una Cupé Fuego, paseando con unas chicas alegres en Mendoza, también supe que le preguntaron por el francés y les contó que había embarcado en un barco de pasajeros hacia Marsella, cuando partió, dijo que quería ver las rubias trenzas de su hermana y luego tomaría el transiberiano y pasaría un año sabático, que descansaría cerca de las estepas por un tiempo.
Manolo no volvió, y hoy recuerdo de el sus guisos de pescado, el día que le enseñé mi primer hijo y lo celebramos con huevos fritos y vino moscatel, su alegría de vivir cada una de sus partidas.
Quizás debería buscarlo más, a lo mejor está más cerca de lo que pienso, pero me molestaría encontrarlo a través de una guía telefónica o un listado de deudores de Rentas, o saber que está en el último numero de la revista Fortune, prefiero recordarlo como recuerdo a Walt Disney, como si se hubiera congelado en las palabras de esta historia, recordarlo como lo conocí, como ese hijo pródigo al que la vida lo llevó lejos, tan lejos, que no consiguió volver.
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