El Baile
Para Armando, amigo
Don Juan estaba allí sobre esa lomada que los animales habían emparejado como asemejándola a una pista de circo, sobre ella, lisita, pelada, el hombre iniciaba sus movimientos que recordaban a una danza griega, iban creciendo sin música pero dejándose notar como más influenciada por el rumor de los jacarandaes y los espinillos que la circundaban, el viento movía las copas de los algarrobos y los movimientos, quizás semejantes tanto el de arriba como el de abajo, armonizaban como si fueran esas ondulaciones hechas sobre el agua, esa agua que no estaba presente hacia rato en la región, ese tiempo donde la seca ya se respiraba.
Raro ese baile, gustoso también, como ignorar que atrás de esos movimientos había vida, que volvía cada vez que esas piernas ya consumidas por la edad recuperaban esa agilidad pasada, para ofrendar así, de esta manera, con estas formas, con esa obsequiosidad mostrada al invitar a acompañarlo, a esa figura tan desconocida como invisible, y pedirle que ese baile que compartirían quizás, esa danza sea hecha casi para ella, para la invisible, y que ese baile cuadre tan bien, tan armónico como lo viene haciendo él desde hace un tiempo.
El Casino estaba de bote en bote esa noche, sabíamos que a pesar de nuestras ganas de compartir entre todos los que trabajábamos en ese piso, ese refrigerio íbamos a poder hacerlo en forma reducida, casi de dos en dos, por eso la intimidad de Alberto, mi compañero de mesa de punto y banca, cuando me refirió el hecho, cuando lo hizo en ese tono casi confidencial, coloquialmente, casi en secreto
- Julio, sabes que mi vecino de Los Molles, don Juan Blanco está volviéndose un poco loco.
- Toda enfermedad mental aparece ante una crisis de la voluntad, quizás el hombre ha entrado en un estado confusional que no se decide, o no intenta romper, aun sabiendo que no puede superar por sus propios medios todos sus problemas.
- Vos lo conociste al hombre este en mejores tiempos, en otras situaciones.
- Si y era un tipazo, yo lo he conocido bien al viejo ese
- Porque lo que he notado, ya que desde la casa de mi mamá se ve toda su finca, observándolo en noches claras, es que inicia una danza, creo que inventa una compañera y se motiva para invitarla, y al final, con ella o sin ella, la realiza
- Te parece que es un juego ?
- Creo que si, esta pensando en algo mas intenso que nosotros no conseguimos ver, también es cierto que esa ausencia de compañera desde hace casi cuarenta años, lo está llevando a una situación donde la mezcla de realidad y fantasía no se diferencian, se confunden.
- Me gustaría mucho verlo, no por curiosidad, sino porque a lo mejor podemos hacer algo por él, acompañarlo en esas noches, darle una mano porque ya los noventa le están pesando en el lomo, y así solito, debe ser duro.
- Mirá mañana tenemos franco y como pinta el tiempo puede haber baile en Los Molles, si querés vení para casa y pispeamos que pasa. No siempre lo hace.
- Bueno, te aviso, yo tengo que ir a la tarde para Carpintería, después iría para tu casa y nos quedamos un rato después
La noche siguió igual en el Casino, como siempre las alfombras rojas le daban el marco de suntuosidad al juego, el humo que como siempre incidía en mi salud estaba poco a poco horadando mis pulmones, pasando mi tos matinal a crónica, pero en ese tiempo todavía no conocía los que serían mis futuros problemas.
La mañana siguiente, amaneció complicada, tenía gente de Nec revisando problemas de la Central, debía llevarlos a los puntos de sospecha de fallas, los planteles se estaban envejeciendo en partes y deberíamos empezar a renovar partes. Después habría otras cosas, reclamos del personal, reclamos de clientes, todo me fue haciendo olvidar ese baile que me intrigaba, ese porque lo hacía, cual era su motivación para realizarlo. Si tenía que salir para el exterior otra vez iba a perderme de ver al amigo de las mañana, al ruiseñor que asentándose en el alfeizar de la ventana me miraba con esas formas interrogantes como preguntándome si me gustaba vivir este día.
Tampoco tenía todas la señales de televisión funcionando esa mañana, debía llamar para pedir reparaciones, cuando llegó el mediodía ya solo pensaba en volver al remanso de paz que me daba mi casa de la Villa, la que estábamos agrandando, por si alguno de nuestros hijos decidía volver a nuestro pueblo, que también era su pueblo, y hasta que se acomodaran.
Sentía que la vida me daba muchas oportunidades de sentirme momentáneamente feliz, era diaria la motivación que me otorgaba mi familia con sus logros, y no sentía todavía el cansancio que podía significar esa doble jornada, los servicios que prestaba a esa comunidad de la que estaba orgulloso, y la diversión con la que colaboraba para que turistas de muchos puntos del país me hablaran siempre en congresos y reuniones cooperativas, de la cordialidad cierta de los merlinos.
La tarde trajo otros temas, se instalaron algunos, se resolvieron otros, por suerte tenía colaboradores de fierro, tipos que empujaban hacia adelante, mujeres que intentaban paliar defectos y encontrar soluciones, estaba quizás cansado físicamente pero demasiado conforme con el día que estaba viviendo.
Mi compañero Alberto me esperaba en su pueblo cercano, cada vez que iba a visitarlo su madre preparaba esa rica chanfaina para acompañar al chivo que el hombre tenía desde las cuatro en la parrilla.
Hacia rato que en la villa estaba olvidado este aderezo que tomando las vísceras del mismo cordero le da ese sabor especial al costillar del cordero, que se seca un poco asado a leña, aunque siempre es un manjar, Acá en este refugio, a solo diez kilómetros. gozaba de mi niñez o de mi juventud en este sabor mezclado de ácido y picante, a través del sabroso y estimulante aroma del aderezo.
- Lindo el cordero Alberto
- Lo conseguí esta mañana, cuando me confirmaste que venías
- No me quería perder la filmación de esa película que dicen que termina esta semana, además aprovecho para llevarme unos tirantes y para completar quiero ver ese famoso baile del anciano
- Creo que ya podemos ver el claro donde realiza las contorsiones
- Pero todavía la única función la damos nosotros, con la trituración de los huesos pequeños del cabrito.
- Vos Julio lo conocías al viejo antes de venirse a Los Molles
- Del tiempo que con la finada trabajaban en la Villa.
- Era un hombre preocupado por su comunidad don Juan ?
- Si, hizo muchas cosas al lado de Pablo Tissera
- Y después que paso ?
- Con la partida del cura y cuando supo que la enfermedad de la mujer, doña Alba Luz, era irreversible y tenía poco tiempo de definición, decidió que debía vender su casa en la calle San Martín, seguramente para pagar deudas en la clínica. Mudarse a un terreno heredado, donde manejar sus animales por aquí, total pensó como tantos, que la soledad con los bichos es mas llevadera.
- Queres un poco de café ?
- Un poco solamente
- También tengo una caña de orujo que permite asentar el cordero y acomodar la chanfaina dentro de las tripas.
- Tomo poco, pero la voy a probar después del café y mientras esperamos que empiece el baile.
- Te reitero que hay noches que no pasa nada, no se si el viejo no tiene ganas o que, pero a veces no baila.
- Bueno, no te hagas problemas, además si me haces un cabrito y chanfaina vengo igual todas las noches
- Ni en pedo, me gaste como setenta mangos, sin contar el vino que me lo regalaron, por ser cliente especial en el supermercado de Olivera, pensá que en el Casino la única plata no es del platero, pasa a ser como siempre del banquero.
- Y quien es el banquero ?
- No se dice, es yetta.
- Parece que hay movimientos en lo de don Juan
Si efectivamente salían de la casa el viejo con algunos de sus animales, los de confianza quizás, o los que lo acompañaban por fidelidad a su amo a esa experiencia singular que seguramente el hombre recordaba de sus tiempos mozos. También había sentido contar que el hombre tuvo una época que anduvo con el poeta Agüero por Buenos Aires.
Había oído un poco sus historias cuando se las contaban a mamá, que siempre los atendía con el poeta en la casa de la calle Sobremonte.
Escuché que los dos hablaban sobre esos lugares de baile amplios, como el llamado Palacio de las Flores donde el poeta, haciendo gala de su proverbial generosidad, obsequió a una joven bonita y pulposa unos versos galantes, que ella guardó celosamente en su corpiño.
Don Juan la siguió e intentaba recuperarlos después, decía a la joven que eran para la posteridad, pillo el hombre, o visionario quizás, si los hubiera conseguido hoy tendríamos un verso más del Poeta.
Fue a su vuelta al pueblo que Juan decidió que era hora de sentar cabeza y comenzó sus devaneos con Alba, linda hija del pueblo, la que nació en esa casa cercana al viejo balneario, con esas cortinitas blancas almidonadas que a Juan le gustaron tanto.
Fue una lástima que no hubieran podido plasmar en descendencia ese amor que profesaban, hubiera sido bueno para la villa. Por eso cuando Pablo los convocó, así en pareja, en yunta como solían decir ellos, no dudaron iban a ayudar a otros chicos en ese nuevo colegio que se insinuaba importante, ella tenía antecedentes docentes, el tenía ingenio para reparar cosas y alguna vida vivida que le daba autoridad en ese pueblo todavía perdido. Pueblo preso de una geografía que miraba la sierra con cariño y respeto. Los comechingones me parecían mas altos y separadores en esa época.
Al rato comenzamos a ver movimientos en el claro, se movían las figuras conservando la armonía de la morisqueta, moviendo primero un pié y luego el otro. Daban todos en una especie de fila india una vuelta al contorno del claro, como si estuvieran en una función ensayada. Primero el viejo portando a la cabra manchada, seguida del burrito negro con esa colita de penacho blanco y atrás perros, gatos conejos y hasta unos tordos que sobre el burro parecían observar la función desde ese lugar privilegiado.
Después de esa tercera vuelta, de esos giros que eran como una especie de calentamiento, a un ritmo superior al que podría soportar cualquier hombre de noventa años, como los que declaraba don Juan, sucedió lo que Alberto relatara.
El viejo, que estaba vestido con traje blanco y corbata al tono, con un sombrero de paja con un luto como cinta, con un pañuelo de seda azul en el bolsillo superior cayendo sobre el saco. El viejo haciendo una reverencia, doblándose casi en dos, llegando hasta los noventa grados, el viejo mostrando su cabeza sin el sombrero, terminó de sacar a bailar a esa figura imaginaria con un susurro expresado en palabras tiernas y cariñosas, diciéndole en lo que parecía ser francés
- Vule vu dancé avec mua
- No se va arrepentir de la decisión tomada señorita, bailo casi como los dioses
- En buenosaire, todas las chicas querían bailar conmigo por lo respetuoso de mi trato y porque en esa época tenía mucho mejor aceitadas las tabas.
Esas fueron las palabras que Don Juan pronunció, y a las que el rumor del viento en nuestra dirección dejaba oír, estábamos agazapados como a la espera, disfrutando de ese momento singular de sorpresa ante lo inesperado, también de la singular nerviosidad que da el no querer aparecer públicamente para no cortar el momento, para no conducir toda esa fantasía hacia el mundo real que separaría ese vinculo sagrado y misterioso de expresar alegría, referida en esos gestos comunitarios que acompañaban los animales.
El hombre comenzó con su baile sin música, ahora al recordarlo a la distancia, pienso que cualquier arpegio, cualquier nota, podía ser una cosa innecesaria, porque los dos, o mejor dicho el uno con su compañera imaginaria, contaban con los datos musicales que guardados en su cabeza imaginaba para danzar casi de memoria ese vals de Strauss.
La noche serrana comenzaba a espesarse, la luna reflejaba suavemente sobre otras superficies y dejaban traslucir una claridad suficiente para ver las escenas que iban a vivirse y que dejarían una marca indeleble en mi memoria. Escenas que solo pude confiar tiempo después a mi confesor y que fueron desestimadas por la Iglesia que nunca creyó demasiado en la validez de todos esos acontecimientos.
Alberto comenzó a preocuparse porque nos vieran, porque pensaba que era una noche difícil para aparecer y decir algo, creo que estaba en lo cierto
- Es una reunión de diablos, dijo
- No puede ser si este hombre era de misa diaria
- Si antes, pero ahora debe estar dominado por alguna secta
- Por que razón bailan tan desenfrenadamente
- Porque necesitan combatir a dioses buenos y esta es su forma, brutal con gritos que incitan a la acción contra los ángeles.
- Porque aparecen aquí y no en la Villa ?
- Porque en el pueblo hay mas instrumentos para destrozarlos, a esas sectas se las combate desde hace muchos años
- Mirálos ahora, apareció la dama
Cierto, un nuevo personaje aparecía en la escena recargada de por sí, al claro de esa especie de aguada para abrevar animales llegaba una especie de dama digna, con una pequeña canasta de mimbre donde portaba un pequeño paraguas blanco en una mano, en la otra un pañuelo pequeño con el que secaba permanentemente el sudor que le salía de la frente. Vestida toda de blanco también, se ubicó en el centro del claro, acompañando con los brazos el movimiento de los demás, después ubico a Don Juan Blanco y encaró hacia él para buscarlo.
- Vine a buscarte, le dijo ella
- Bailemos, dulce, como hacíamos aquella vez
- Sostenme entre tus brazos
- Me entrego a tu danza hechicera, bailemos
- Sigamos, sigamos que cada vez me gusta más estar con vos bailando
Así diciendo las dos figuras se fusionaron en el baile, su danza era armoniosa, romántica con esas fugaces miradas furtivas en sus pupilas. Se elevaron, primero un poco del suelo, con los pies que casi no lo tocaban. Después, cuando el ritmo se aceleró, cuando las miradas eran mas fijas hacia los ojos, noté que estaban casi sobre los animales, y seguían danzando, las vueltas continuaban, en cada una de esas vueltas, en cada pirueta valseada subían un poquito, se elevaban, ascendían.
Buscaban un cielo que se les había negado en los últimos tiempos, Don Juan y doña Alba Luz seguían ese camino que tenían marcado quizás desde su nacimiento, o tal vez desde su incorporación a un premio por ese trabajo eficientemente realizado para aumentar el reino, para disminuir la injusticia.
Todo se fusionaba en ese baile, trabajos, cariños, recuerdos, amores y le daba ritmo, le daba solidez a la coreografía que comenzaba a iluminarse, y subieron y desde allí veían la villa, con emociones dispersas y diversas en cada casa, con sentimientos profundos en algunas y decidieron entre los dos, como un acto de unión de pareja bendecir a este pueblo y colmarlo de augurios, antes de partir para otros lugares, para esos nuevos destinos donde seguramente tendrían otro lugar para desarrollar tareas.
Porque los dos habían decidido fusionarse y esa unión los elevaba y los transformaba, allá iban, cuando pasaron sobre Piedra Blanca terminaron de iluminarla, quedaba tan lindo ese amplio promotorio a su paso. También sus luces dicen que iluminaron esa noche el histórico algarrobo abuelo y el baile seguía, y los dos se miraban.
Fue la última vez que Alberto y yo los vimos, que supimos de ellos, porque también los animales de don Juan se dispersaron por otras chacras, a veces recordábamos nuestro secreto que nunca quisimos contar, el miedo a la locura quizás nos hizo ser mas prudentes de lo que debíamos.
Hay noches que pienso en esas coreografías que dieron entidad al baile, también en la música que los fue elevando, como fuimos viendo que cada salto era una elevación más, hasta que eso los hizo llegar a sobrevolar la villa. Pienso y lo compartimos con mi amigo como suposición. ¿ No sería esa forma de llegar rápidamente al cielo un pago de la Iglesia hacia esa pareja por las tareas prestadas al crecimiento del Reino durante esos años de unión ?.
No sería errado pensar que hay gente predestinada para llegar más rápido y sin sufrimiento con la alegría del juego, con la seducción del baile, hacia esos nuevos destinos. Me queda siempre la esperanza pendiente, me gustaría para mí un destino similar, podré alcanzarlo ?. Me hubiera gustado poder entender más este misterio, que el viejo me hubiera contado si recibió algún aviso en vida, si en lo que me queda de existencia activa puedo accionar para llegar a ese nivel . Son dudas que tengo y que seguramente no podré resolver solo, necesito esa ayuda especial que por ahora no se si podré encontrar en mi querida Villa.
De todas formas cuando hoy vuelvo a Los Molles, o cuando me llego a Piedra Blanca, o cuando siento la fuerza que me llega del algarrobo abuelo, a la villa la siento como mas próxima, siento emociones que no tenía antes de aquel día. Siento que el pecho se agranda con la respiración fuerte que inicio, Porque quiero mas mi pueblo desde entonces, lo entiendo en sus misterios generacionales, como hemos ido trasmitiendo a los que vienen esa posta y como nos dieron ellos a nosotros ese legado. Seguro que mientras lo miro adoro ese claro del bosque que cada día se vuelve mas luminoso y cada día me resulta mas cercano y misterioso. No puedo alejarlo de mi memoria selectiva, los tengo presente, se que ellos estarán conmigo.
Muchas noches pienso en los dos viejos, nunca los sentí tan cercanos como después de ese baile, me propongo siempre hacer algo mas importante por ellos que llevarle alguna flor a la nueva iglesia, creo que con mi compañero ahora que nos jubilemos deberíamos hacerle en el claro un pequeño altarcito.
Porque sigo pensando en lo mucho que le estoy debiendo a don Juan, ya que hubo muchas cosas después de ese baile, problemas, complicaciones que fueron llegando a mi vida sin avisarme , y siempre con su recuerdo, con ese padre nuestro rezado a su memoria fuimos como cuerpiando cada momento. No quiero contar aquí esas intimidades. pero las tengo presentes y pienso que esos altarcitos con cintitas rojas como los que se ven a la vera de cualquier camino podrían servir como recordatorio.
Hoy si lo convenzo al amigo Alberto, vamos a colocarlo en esa cajita de madera con puertitas, la que conseguí en la carpintería donde compre los tirantes y después pensamos hacerle unas cuantas cintitas pero quiero hacerlas blancas, se prestan mas a este hecho. Queremos hacerle para que la gente del lugar los recuerde un pequeño tabernáculo.
En el centro de ese altarcito seguro que vamos a poner la foto de ellos en pareja, de Alba Luz y de Juan, esa que conseguimos en el anuario de la Iglesia, la misma que en la casa de fotos de la Avenida del Sol nos digitalizaron.
Creo que esas cosas, esas recordaciones que queremos hacer hoy sin falta, serán importantes para nosotros y para amortiguar esos recuerdos que nos vuelven a la memoria en forma diaria. Porque si las cosas me salen bien, tengo como proyecto dejar de trabajar en unos días y necesito acomodarme a esta nueva situación, amoldarme a ese nuevo tiempo donde uno se siente diferente. Siento entonces que para eso, para comprenderme en mi tiempo libre, el viejo habitante de mi Villa, que siempre fue muy generoso conmigo cuando le compartí mis sentimientos, quizás sin saberlo abiertamente, si soy capaz de contarle bien mi problema, si soy de nuevo inteligente para llevarle ordenadamente mis necesidades, seguro, seguro que otra vez me ayuda.
Don Juan estaba allí sobre esa lomada que los animales habían emparejado como asemejándola a una pista de circo, sobre ella, lisita, pelada, el hombre iniciaba sus movimientos que recordaban a una danza griega, iban creciendo sin música pero dejándose notar como más influenciada por el rumor de los jacarandaes y los espinillos que la circundaban, el viento movía las copas de los algarrobos y los movimientos, quizás semejantes tanto el de arriba como el de abajo, armonizaban como si fueran esas ondulaciones hechas sobre el agua, esa agua que no estaba presente hacia rato en la región, ese tiempo donde la seca ya se respiraba.
Raro ese baile, gustoso también, como ignorar que atrás de esos movimientos había vida, que volvía cada vez que esas piernas ya consumidas por la edad recuperaban esa agilidad pasada, para ofrendar así, de esta manera, con estas formas, con esa obsequiosidad mostrada al invitar a acompañarlo, a esa figura tan desconocida como invisible, y pedirle que ese baile que compartirían quizás, esa danza sea hecha casi para ella, para la invisible, y que ese baile cuadre tan bien, tan armónico como lo viene haciendo él desde hace un tiempo.
El Casino estaba de bote en bote esa noche, sabíamos que a pesar de nuestras ganas de compartir entre todos los que trabajábamos en ese piso, ese refrigerio íbamos a poder hacerlo en forma reducida, casi de dos en dos, por eso la intimidad de Alberto, mi compañero de mesa de punto y banca, cuando me refirió el hecho, cuando lo hizo en ese tono casi confidencial, coloquialmente, casi en secreto
- Julio, sabes que mi vecino de Los Molles, don Juan Blanco está volviéndose un poco loco.
- Toda enfermedad mental aparece ante una crisis de la voluntad, quizás el hombre ha entrado en un estado confusional que no se decide, o no intenta romper, aun sabiendo que no puede superar por sus propios medios todos sus problemas.
- Vos lo conociste al hombre este en mejores tiempos, en otras situaciones.
- Si y era un tipazo, yo lo he conocido bien al viejo ese
- Porque lo que he notado, ya que desde la casa de mi mamá se ve toda su finca, observándolo en noches claras, es que inicia una danza, creo que inventa una compañera y se motiva para invitarla, y al final, con ella o sin ella, la realiza
- Te parece que es un juego ?
- Creo que si, esta pensando en algo mas intenso que nosotros no conseguimos ver, también es cierto que esa ausencia de compañera desde hace casi cuarenta años, lo está llevando a una situación donde la mezcla de realidad y fantasía no se diferencian, se confunden.
- Me gustaría mucho verlo, no por curiosidad, sino porque a lo mejor podemos hacer algo por él, acompañarlo en esas noches, darle una mano porque ya los noventa le están pesando en el lomo, y así solito, debe ser duro.
- Mirá mañana tenemos franco y como pinta el tiempo puede haber baile en Los Molles, si querés vení para casa y pispeamos que pasa. No siempre lo hace.
- Bueno, te aviso, yo tengo que ir a la tarde para Carpintería, después iría para tu casa y nos quedamos un rato después
La noche siguió igual en el Casino, como siempre las alfombras rojas le daban el marco de suntuosidad al juego, el humo que como siempre incidía en mi salud estaba poco a poco horadando mis pulmones, pasando mi tos matinal a crónica, pero en ese tiempo todavía no conocía los que serían mis futuros problemas.
La mañana siguiente, amaneció complicada, tenía gente de Nec revisando problemas de la Central, debía llevarlos a los puntos de sospecha de fallas, los planteles se estaban envejeciendo en partes y deberíamos empezar a renovar partes. Después habría otras cosas, reclamos del personal, reclamos de clientes, todo me fue haciendo olvidar ese baile que me intrigaba, ese porque lo hacía, cual era su motivación para realizarlo. Si tenía que salir para el exterior otra vez iba a perderme de ver al amigo de las mañana, al ruiseñor que asentándose en el alfeizar de la ventana me miraba con esas formas interrogantes como preguntándome si me gustaba vivir este día.
Tampoco tenía todas la señales de televisión funcionando esa mañana, debía llamar para pedir reparaciones, cuando llegó el mediodía ya solo pensaba en volver al remanso de paz que me daba mi casa de la Villa, la que estábamos agrandando, por si alguno de nuestros hijos decidía volver a nuestro pueblo, que también era su pueblo, y hasta que se acomodaran.
Sentía que la vida me daba muchas oportunidades de sentirme momentáneamente feliz, era diaria la motivación que me otorgaba mi familia con sus logros, y no sentía todavía el cansancio que podía significar esa doble jornada, los servicios que prestaba a esa comunidad de la que estaba orgulloso, y la diversión con la que colaboraba para que turistas de muchos puntos del país me hablaran siempre en congresos y reuniones cooperativas, de la cordialidad cierta de los merlinos.
La tarde trajo otros temas, se instalaron algunos, se resolvieron otros, por suerte tenía colaboradores de fierro, tipos que empujaban hacia adelante, mujeres que intentaban paliar defectos y encontrar soluciones, estaba quizás cansado físicamente pero demasiado conforme con el día que estaba viviendo.
Mi compañero Alberto me esperaba en su pueblo cercano, cada vez que iba a visitarlo su madre preparaba esa rica chanfaina para acompañar al chivo que el hombre tenía desde las cuatro en la parrilla.
Hacia rato que en la villa estaba olvidado este aderezo que tomando las vísceras del mismo cordero le da ese sabor especial al costillar del cordero, que se seca un poco asado a leña, aunque siempre es un manjar, Acá en este refugio, a solo diez kilómetros. gozaba de mi niñez o de mi juventud en este sabor mezclado de ácido y picante, a través del sabroso y estimulante aroma del aderezo.
- Lindo el cordero Alberto
- Lo conseguí esta mañana, cuando me confirmaste que venías
- No me quería perder la filmación de esa película que dicen que termina esta semana, además aprovecho para llevarme unos tirantes y para completar quiero ver ese famoso baile del anciano
- Creo que ya podemos ver el claro donde realiza las contorsiones
- Pero todavía la única función la damos nosotros, con la trituración de los huesos pequeños del cabrito.
- Vos Julio lo conocías al viejo antes de venirse a Los Molles
- Del tiempo que con la finada trabajaban en la Villa.
- Era un hombre preocupado por su comunidad don Juan ?
- Si, hizo muchas cosas al lado de Pablo Tissera
- Y después que paso ?
- Con la partida del cura y cuando supo que la enfermedad de la mujer, doña Alba Luz, era irreversible y tenía poco tiempo de definición, decidió que debía vender su casa en la calle San Martín, seguramente para pagar deudas en la clínica. Mudarse a un terreno heredado, donde manejar sus animales por aquí, total pensó como tantos, que la soledad con los bichos es mas llevadera.
- Queres un poco de café ?
- Un poco solamente
- También tengo una caña de orujo que permite asentar el cordero y acomodar la chanfaina dentro de las tripas.
- Tomo poco, pero la voy a probar después del café y mientras esperamos que empiece el baile.
- Te reitero que hay noches que no pasa nada, no se si el viejo no tiene ganas o que, pero a veces no baila.
- Bueno, no te hagas problemas, además si me haces un cabrito y chanfaina vengo igual todas las noches
- Ni en pedo, me gaste como setenta mangos, sin contar el vino que me lo regalaron, por ser cliente especial en el supermercado de Olivera, pensá que en el Casino la única plata no es del platero, pasa a ser como siempre del banquero.
- Y quien es el banquero ?
- No se dice, es yetta.
- Parece que hay movimientos en lo de don Juan
Si efectivamente salían de la casa el viejo con algunos de sus animales, los de confianza quizás, o los que lo acompañaban por fidelidad a su amo a esa experiencia singular que seguramente el hombre recordaba de sus tiempos mozos. También había sentido contar que el hombre tuvo una época que anduvo con el poeta Agüero por Buenos Aires.
Había oído un poco sus historias cuando se las contaban a mamá, que siempre los atendía con el poeta en la casa de la calle Sobremonte.
Escuché que los dos hablaban sobre esos lugares de baile amplios, como el llamado Palacio de las Flores donde el poeta, haciendo gala de su proverbial generosidad, obsequió a una joven bonita y pulposa unos versos galantes, que ella guardó celosamente en su corpiño.
Don Juan la siguió e intentaba recuperarlos después, decía a la joven que eran para la posteridad, pillo el hombre, o visionario quizás, si los hubiera conseguido hoy tendríamos un verso más del Poeta.
Fue a su vuelta al pueblo que Juan decidió que era hora de sentar cabeza y comenzó sus devaneos con Alba, linda hija del pueblo, la que nació en esa casa cercana al viejo balneario, con esas cortinitas blancas almidonadas que a Juan le gustaron tanto.
Fue una lástima que no hubieran podido plasmar en descendencia ese amor que profesaban, hubiera sido bueno para la villa. Por eso cuando Pablo los convocó, así en pareja, en yunta como solían decir ellos, no dudaron iban a ayudar a otros chicos en ese nuevo colegio que se insinuaba importante, ella tenía antecedentes docentes, el tenía ingenio para reparar cosas y alguna vida vivida que le daba autoridad en ese pueblo todavía perdido. Pueblo preso de una geografía que miraba la sierra con cariño y respeto. Los comechingones me parecían mas altos y separadores en esa época.
Al rato comenzamos a ver movimientos en el claro, se movían las figuras conservando la armonía de la morisqueta, moviendo primero un pié y luego el otro. Daban todos en una especie de fila india una vuelta al contorno del claro, como si estuvieran en una función ensayada. Primero el viejo portando a la cabra manchada, seguida del burrito negro con esa colita de penacho blanco y atrás perros, gatos conejos y hasta unos tordos que sobre el burro parecían observar la función desde ese lugar privilegiado.
Después de esa tercera vuelta, de esos giros que eran como una especie de calentamiento, a un ritmo superior al que podría soportar cualquier hombre de noventa años, como los que declaraba don Juan, sucedió lo que Alberto relatara.
El viejo, que estaba vestido con traje blanco y corbata al tono, con un sombrero de paja con un luto como cinta, con un pañuelo de seda azul en el bolsillo superior cayendo sobre el saco. El viejo haciendo una reverencia, doblándose casi en dos, llegando hasta los noventa grados, el viejo mostrando su cabeza sin el sombrero, terminó de sacar a bailar a esa figura imaginaria con un susurro expresado en palabras tiernas y cariñosas, diciéndole en lo que parecía ser francés
- Vule vu dancé avec mua
- No se va arrepentir de la decisión tomada señorita, bailo casi como los dioses
- En buenosaire, todas las chicas querían bailar conmigo por lo respetuoso de mi trato y porque en esa época tenía mucho mejor aceitadas las tabas.
Esas fueron las palabras que Don Juan pronunció, y a las que el rumor del viento en nuestra dirección dejaba oír, estábamos agazapados como a la espera, disfrutando de ese momento singular de sorpresa ante lo inesperado, también de la singular nerviosidad que da el no querer aparecer públicamente para no cortar el momento, para no conducir toda esa fantasía hacia el mundo real que separaría ese vinculo sagrado y misterioso de expresar alegría, referida en esos gestos comunitarios que acompañaban los animales.
El hombre comenzó con su baile sin música, ahora al recordarlo a la distancia, pienso que cualquier arpegio, cualquier nota, podía ser una cosa innecesaria, porque los dos, o mejor dicho el uno con su compañera imaginaria, contaban con los datos musicales que guardados en su cabeza imaginaba para danzar casi de memoria ese vals de Strauss.
La noche serrana comenzaba a espesarse, la luna reflejaba suavemente sobre otras superficies y dejaban traslucir una claridad suficiente para ver las escenas que iban a vivirse y que dejarían una marca indeleble en mi memoria. Escenas que solo pude confiar tiempo después a mi confesor y que fueron desestimadas por la Iglesia que nunca creyó demasiado en la validez de todos esos acontecimientos.
Alberto comenzó a preocuparse porque nos vieran, porque pensaba que era una noche difícil para aparecer y decir algo, creo que estaba en lo cierto
- Es una reunión de diablos, dijo
- No puede ser si este hombre era de misa diaria
- Si antes, pero ahora debe estar dominado por alguna secta
- Por que razón bailan tan desenfrenadamente
- Porque necesitan combatir a dioses buenos y esta es su forma, brutal con gritos que incitan a la acción contra los ángeles.
- Porque aparecen aquí y no en la Villa ?
- Porque en el pueblo hay mas instrumentos para destrozarlos, a esas sectas se las combate desde hace muchos años
- Mirálos ahora, apareció la dama
Cierto, un nuevo personaje aparecía en la escena recargada de por sí, al claro de esa especie de aguada para abrevar animales llegaba una especie de dama digna, con una pequeña canasta de mimbre donde portaba un pequeño paraguas blanco en una mano, en la otra un pañuelo pequeño con el que secaba permanentemente el sudor que le salía de la frente. Vestida toda de blanco también, se ubicó en el centro del claro, acompañando con los brazos el movimiento de los demás, después ubico a Don Juan Blanco y encaró hacia él para buscarlo.
- Vine a buscarte, le dijo ella
- Bailemos, dulce, como hacíamos aquella vez
- Sostenme entre tus brazos
- Me entrego a tu danza hechicera, bailemos
- Sigamos, sigamos que cada vez me gusta más estar con vos bailando
Así diciendo las dos figuras se fusionaron en el baile, su danza era armoniosa, romántica con esas fugaces miradas furtivas en sus pupilas. Se elevaron, primero un poco del suelo, con los pies que casi no lo tocaban. Después, cuando el ritmo se aceleró, cuando las miradas eran mas fijas hacia los ojos, noté que estaban casi sobre los animales, y seguían danzando, las vueltas continuaban, en cada una de esas vueltas, en cada pirueta valseada subían un poquito, se elevaban, ascendían.
Buscaban un cielo que se les había negado en los últimos tiempos, Don Juan y doña Alba Luz seguían ese camino que tenían marcado quizás desde su nacimiento, o tal vez desde su incorporación a un premio por ese trabajo eficientemente realizado para aumentar el reino, para disminuir la injusticia.
Todo se fusionaba en ese baile, trabajos, cariños, recuerdos, amores y le daba ritmo, le daba solidez a la coreografía que comenzaba a iluminarse, y subieron y desde allí veían la villa, con emociones dispersas y diversas en cada casa, con sentimientos profundos en algunas y decidieron entre los dos, como un acto de unión de pareja bendecir a este pueblo y colmarlo de augurios, antes de partir para otros lugares, para esos nuevos destinos donde seguramente tendrían otro lugar para desarrollar tareas.
Porque los dos habían decidido fusionarse y esa unión los elevaba y los transformaba, allá iban, cuando pasaron sobre Piedra Blanca terminaron de iluminarla, quedaba tan lindo ese amplio promotorio a su paso. También sus luces dicen que iluminaron esa noche el histórico algarrobo abuelo y el baile seguía, y los dos se miraban.
Fue la última vez que Alberto y yo los vimos, que supimos de ellos, porque también los animales de don Juan se dispersaron por otras chacras, a veces recordábamos nuestro secreto que nunca quisimos contar, el miedo a la locura quizás nos hizo ser mas prudentes de lo que debíamos.
Hay noches que pienso en esas coreografías que dieron entidad al baile, también en la música que los fue elevando, como fuimos viendo que cada salto era una elevación más, hasta que eso los hizo llegar a sobrevolar la villa. Pienso y lo compartimos con mi amigo como suposición. ¿ No sería esa forma de llegar rápidamente al cielo un pago de la Iglesia hacia esa pareja por las tareas prestadas al crecimiento del Reino durante esos años de unión ?.
No sería errado pensar que hay gente predestinada para llegar más rápido y sin sufrimiento con la alegría del juego, con la seducción del baile, hacia esos nuevos destinos. Me queda siempre la esperanza pendiente, me gustaría para mí un destino similar, podré alcanzarlo ?. Me hubiera gustado poder entender más este misterio, que el viejo me hubiera contado si recibió algún aviso en vida, si en lo que me queda de existencia activa puedo accionar para llegar a ese nivel . Son dudas que tengo y que seguramente no podré resolver solo, necesito esa ayuda especial que por ahora no se si podré encontrar en mi querida Villa.
De todas formas cuando hoy vuelvo a Los Molles, o cuando me llego a Piedra Blanca, o cuando siento la fuerza que me llega del algarrobo abuelo, a la villa la siento como mas próxima, siento emociones que no tenía antes de aquel día. Siento que el pecho se agranda con la respiración fuerte que inicio, Porque quiero mas mi pueblo desde entonces, lo entiendo en sus misterios generacionales, como hemos ido trasmitiendo a los que vienen esa posta y como nos dieron ellos a nosotros ese legado. Seguro que mientras lo miro adoro ese claro del bosque que cada día se vuelve mas luminoso y cada día me resulta mas cercano y misterioso. No puedo alejarlo de mi memoria selectiva, los tengo presente, se que ellos estarán conmigo.
Muchas noches pienso en los dos viejos, nunca los sentí tan cercanos como después de ese baile, me propongo siempre hacer algo mas importante por ellos que llevarle alguna flor a la nueva iglesia, creo que con mi compañero ahora que nos jubilemos deberíamos hacerle en el claro un pequeño altarcito.
Porque sigo pensando en lo mucho que le estoy debiendo a don Juan, ya que hubo muchas cosas después de ese baile, problemas, complicaciones que fueron llegando a mi vida sin avisarme , y siempre con su recuerdo, con ese padre nuestro rezado a su memoria fuimos como cuerpiando cada momento. No quiero contar aquí esas intimidades. pero las tengo presentes y pienso que esos altarcitos con cintitas rojas como los que se ven a la vera de cualquier camino podrían servir como recordatorio.
Hoy si lo convenzo al amigo Alberto, vamos a colocarlo en esa cajita de madera con puertitas, la que conseguí en la carpintería donde compre los tirantes y después pensamos hacerle unas cuantas cintitas pero quiero hacerlas blancas, se prestan mas a este hecho. Queremos hacerle para que la gente del lugar los recuerde un pequeño tabernáculo.
En el centro de ese altarcito seguro que vamos a poner la foto de ellos en pareja, de Alba Luz y de Juan, esa que conseguimos en el anuario de la Iglesia, la misma que en la casa de fotos de la Avenida del Sol nos digitalizaron.
Creo que esas cosas, esas recordaciones que queremos hacer hoy sin falta, serán importantes para nosotros y para amortiguar esos recuerdos que nos vuelven a la memoria en forma diaria. Porque si las cosas me salen bien, tengo como proyecto dejar de trabajar en unos días y necesito acomodarme a esta nueva situación, amoldarme a ese nuevo tiempo donde uno se siente diferente. Siento entonces que para eso, para comprenderme en mi tiempo libre, el viejo habitante de mi Villa, que siempre fue muy generoso conmigo cuando le compartí mis sentimientos, quizás sin saberlo abiertamente, si soy capaz de contarle bien mi problema, si soy de nuevo inteligente para llevarle ordenadamente mis necesidades, seguro, seguro que otra vez me ayuda.
Me volvio a dejar dudas cuando lo relei
ResponderEliminarMuy buena historia, una ficción muy profunda. Es conmovedor ver los esfuerzos del pobre Julio por explicar el fenómeno. Él sabe que está frente a un misterio, pero se desvive por ponerle una etiqueta (macumba? diablos? sectas?) Entonces busca que la santa madre iglesia se lo explique pero finalmente lo termina santificando él.
ResponderEliminar¿Porqué nos cuesta tanto abrirnos al misterio de la existencia? En un sentido la vida ES MISTERIO. Hay muuuchas cosas que todavía nadie puede explicar pero estamos tan acostumbrados a que todo esté previsto, digerido, significado (generalmente por otros) que cuando vemos algo nuevo nos desespera, entonces lo negamos o tratamos de que alguien lo explique. Eso me hizo pensar este cuento. Siga así don Cofré Quintero!